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Ayuda suiza en Myanmar


Necesidad e incógnita en el "Lejano Oeste" birmano


Por Luigi Jorio, de regreso de Yangón


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Suiza, primer país europeo en recibir a Aung San Suu Kyi, quiere intensificar su impronta en Myanmar. La labor de la cooperación helvética en la ex Birmania, en plena transición, tiene menos obstáculos, pero persiste incertidumbre en el horizonte.

“¿El cambio más evidente? ¡El tráfico!” El aumento exponencial de vehículos en los últimos meses es un tema recurrente en Yangón. En las avenidas, apenas remodeladas de la antigua capital, autobuses llenos de gente y coches en mal estado ocupan cada centímetro. Incluso más allá del límite de la calzada.

Sin embargo, lo que llama la atención es otra novedad. En el centro de la ciudad, la imagen de Aung San Suu Kyi -“la madre de Myanmar”, como la llaman por estos lugares- está en todas partes. En los carteles gigantes que cuelgan en las esquinas de las intersecciones, las camisetas y los DVD vendidos en las aceras.

Frente a la casa de la lideresa de la oposición, un tiempo inaccesible, los visitantes se suceden para sacarse una foto. La otrora enemiga pública número uno es (también) una atracción turística.

Menos visible, pero igualmente significativa de la transición en Myanmar, es la desenvoltura con la que se habla de política y de los problemas del país. En tiendas de té, lugares tradicionales de reunión con mesas en miniatura, se discute el aumento de los precios y las reivindicaciones salariales de los trabajadores. El descontento popular por los frecuentes cortes de electricidad y la supresión de la censura a la prensa están en la primera página de los periódicos en inglés.

“¡Somos libres!”, exulta un viejo amigo de la periferia de Yangón, que ofrece su hospitalidad para la noche. “Ahora no hay necesidad de anunciar la visita de un extranjero a la oficina del barrio”.

No somos espías

También se advierte una mayor libertad para las organizaciones suizas. Además de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), en Myanmar desde 1998, diversas ONG suizas están presentes en el país asiático. Sus operaciones conciernen en particular las áreas de agricultura, educación, reducción de la pobreza y apoyo a las comunidades vulnerables.

Las autoridades locales están más abiertas al diálogo, señala Mar Mar Oo, colaboradora local de Caritas Suiza. “Reconocen que hay problemas y aceptan la ayuda”.

Ahora se puede hablar de pobreza, de refugiados y desplazados internos, agrega el coordinador de la ayuda humanitaria de COSUDE en el sudeste asiático, Thomas Fisler. “Cosa impensable hasta hace unos meses”.

“Cuando el gobierno militar estaba a cargo, la cooperación con los grupos extranjeros era vista con sospecha”, dice Kathy Shein, directora local de la fundación helvética François-Xavier Bagnoud. “Hoy, sin embargo, ya no nos consideran los espías y nuestro trabajo implica un menor riesgo”.

Con la reforma en curso, en Myanmar se abren nuevas posibilidades para la comunidad internacional y las ONG presentes en el país, subraya Swissaid.

Apoyo al Gobierno

Frente a este avance, Suiza pretende fortalecer los lazos con la antigua Birmania. Tras el levantamiento parcial de las sanciones, Berna anunció la apertura de una embajada.

A partir del próximo año, la agencia de cooperación suiza intensificará también sus esfuerzos en el territorio. El presupuesto pasará de 7 a aproximadamente 25 millones de francos y los proyectos humanitarios (reconstrucción en las zonas afectadas por el ciclón Nargis, ayuda a personas desplazadas y vulnerables) se añadirán nuevos programas de desarrollo.

En el marco de la estrategia global 2013-2016, que buscará la aprobación de ambas cámaras del Parlamento suizo, COSUDE tiene la intención de actuar en el ámbito de la seguridad alimentaria, la agricultura y la formación profesional. La agencia también planea promover la participación de la sociedad civil, en particular en las minorías étnicas.

Queremos apoyar al gobierno civil en su reforma. No es nuestra intención crear sistemas paralelos, por ejemplo en la educación”, explica Thomas Fisler.

De acuerdo con el coordinador helvético, será necesario invertir principalmente en infraestructura social. También Aung San Suu Kyi, observa  Fisler, dijo que el país necesita escuelas, centros de salud y un suministro de agua adecuado.

“Personalmente, la cosa más hermosa es ver una escuela llena de niños”, comenta Fisler, al tiempo que reconoce la importancia de insistir en el mejoramiento de la competencia (capacity building). “Una nueva escuela sirve de poco si carece de profesores cualificados”.

A finales de abril, al regreso de una visita a Myanmar, el jefe de la División de Asia y el Pacífico del Ministerio de Exteriores, Beat Nobs, indicó que Suiza podría intervenir para facilitar las negociaciones de paz entre los grupos étnicos y el gobierno. Un diálogo convocado por el presidente de Birmania, Thein Sein.

La prioridad, insiste la directora de Swissaid, Caroline Morel, debe ser la ayuda a los más pobres y la reconciliación con las minorías étnicas.

La danza del dragón

Las buenas intenciones no son suficientes y es mejor tener cautela. Myanmar enfrenta aún sus problemas crónicos - burocracia, corrupción, violaciones de derechos humanos, impunidad - y las reformas penan para salir adelante. “Parece la danza del dragón chino: la cabeza se mueve, pero la cola sigue inmóvil”, observa Kathy Shein.

Como en el pasado, las reglas pueden cambiar sin previo aviso de un día para otro, destaca las ONG suizas, que prefieren un enfoque de “oportunidad”.  “Nosotros actuamos hasta que alguien expresamente lo prohíbe”, afirma Robert Millman, delegado de Terre des Hommes, una fundación con sede en Suiza y que en el marco de su proyecto en Yangón promueve la reinserción familiar de niños de la calle.

Para el personal extranjero, obtener los visados y las autorizaciones de viaje en el país no es en absoluto evidente. Y para llegar a acuerdos con funcionarios del gobierno (Memorandum of Understanding) se deben seguir procedimientos tortuosos, a veces discordantes, donde los contactos personales son cruciales.

A la confusión institucional, se añaden las dificultades logísticas. “Nos gustaría estar más presentes en las regiones étnicas, o cuando la necesidad es más urgente. El acceso a los estados Mon, Kayin y Kayah es, sin embargo, sumamente complicado, principalmente debido a la falta de caminos”, señala Thomas Fisler.

En el estado de Kachin, al norte del país, la situación humanitaria de algunas comunidades locales se ha vuelto más difícil, señala Swissaid. Las hostilidades entre el ejército y los grupos étnicos armados han obligado a la gente a huir de sus aldeas. Algunos proyectos han sido temporalmente suspendidos.

El lado de los perdedores

Las tensiones sociales, advierten los organismos humanitarios, podrían agravar el desarrollo económico incontrolado. La ex colonia británica, que posee abundantes minerales, piedras preciosas, gas y agua, carece de reglas generales para proteger a las personas y al medio ambiente.

Las comunidades locales tienen que resultar beneficiadas con la política de apertura y no solamente los inversionistas extranjeros, reitera Swissaid.

Myanmar es actualmente un “Lejano Oeste”, sin reglas, coinciden las ONG.

La riqueza generada por esta fiebre del oro se distribuirá entre un mayor número de personas, pero no se podrá hablar de justicia. Habrá ganadores y perdedores. “Nosotros vamos a estar al lado de los perdedores”, asegura Fisler.

Llegada a Suiza

La líder de la oposición birmana, Aung San Suu Kyi, inició el jueves 14.06 en Suiza su primer viaje internacional luego de 24 años de confinamiento en su país.

Ante la ONU, en Ginebra, la Premio Nobel de la Paz lanzó un llamado a inversores y gobiernos extranjeros para que ayuden al proceso democrático en Myanmar.


Aung San Suu Kyi se reunió luego con el ministro suizo de Exteriores, Didier Burkhalter, en Berna.

Ambos ofrecieron una conferencia de prensa por la noche que tuvo que ser interrumpida luego de que la visitante sufriera un malestar.

"Estoy totalmente agotada", declaró la líder birmana, de 67 años, excusándose y añadiendo en son de broma que "ya no estoy acostumbrada a las diferencias de horario".

Fuente: agencias

País en transición

Noviembre 2010: Primeras elecciones en veinte años; el fin del arresto domiciliario de Aung San Suu Kyi.

Febrero 2011: Thein Sein, es el primer presidente civil después de medio siglo de gobierno militar.

Agosto 2011: El presidente invita a las minorías étnicas a un diálogo de paz.

Octubre 2011 y enero de 2012: Liberación de cientos de presos políticos.

Abril 2012: Aung San Suu Kyi es elegida al Parlamento de Myanmar. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, obtiene 43 de los 44 escaños en disputa.

Mayo 2012: Suiza retira parcialmente las sanciones internacionales contra Myanmar, como ya han hecho la Unión Europea y EE.UU..

Junio 2012: Aung San Suu Kyi viaja a Tailandia para su primera visita al extranjero después de 24 años.

Junio (13 a 15) 2012: La lideresa de la oposición visita Suiza, primer país europeo en recibir a la Premio Nobel de la Paz.

Etnias y refugiados

Una tercera parte de los aproximadamente 50 millones de habitantes de Myanmar pertenece a minorías étnicas, especialmente shan, karen, rakhine, kachin y mon.

Estos grupos viven en cerca de dos terceras partes del territorio, a menudo en regiones ricas en recursos naturales (minerales, madera, agua, gas, ...)

El conflicto de diez años entre el ejército birmano y las milicias étnicas, así como las reiteradas violaciones de los derechos humanos, obligaron a huir a poblaciones enteras.

Según el último informe del Consorcio de la Frontera Tailandia, Birmania, los desplazados internos a finales de 2011 eran 450.000. Las zonas más afectadas son los estados de Shan y Kayin (Karen).

Alrededor de 3 millones de personas se vieron obligadas a huir a países vecinos, revela la organización independiente Refugees International.


(Traducción: Marcela Águila Rubín), swissinfo.ch



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