Economía versus ética Cómo Suiza retrasa el declive del sector tabacalero

Philipp Morris cuenta con un centro de investigación en el cantón de Neuchâtel, donde desarrolla alternativas menos dañinas que el cigarrillo tradicional.

Philipp Morris cuenta con un centro de investigación en el cantón de Neuchâtel, donde desarrolla alternativas menos dañinas que el cigarrillo tradicional.

(neuchatelville.ch)

Frente a la caída de las ventas de los cigarrillos tradicionales, la industria del tabaco se lanza a la batalla por los llamados productos “de riesgos reducidos”. El sector tiene una fuerte implantación en Suiza, donde cuenta con un importante apoyo de la clase política, pero no el suficiente, según los expertos, para frenar su declive.

Dos mil millones de dólares: es la suma que invirtió Philipp Morris (PMI) en el desarrollo y las pruebas de su nuevo cigarrillo sin humo. El iQos, dispositivo electrónico destinado a evitar los efectos dañinos de la combustión del tabaco, saldrá al mercado a finales de este año. De aquí a 2016, se calcula que se venderán 30.000 millones de ejemplares y que los beneficios anuales rondarán los 700 millones de dólares.

Tras la ola de fusiones y adquisiciones en las décadas 1990 y 2000, cuatro multinacionales controlan hoy el mercado internacional: Philipp Morris International (PMI), British American Tobacco (BAT), Japan American Tobacco (JTI) e Imperial Tobacco. China National Tobacco, que tiene casi el monopolio de las ventas de tabaco en China, sin embargo, es el primer productor mundial de cigarrillos.

Estas son al menos las previsiones de la multinacionalEnlace externo que  declinó abrir a swissinfo.ch las puertas de su centro de investigación en Serrières, a orillas del lago de Neuchâtel. Aquí, más de 300 investigadores estudian en el más absoluto secreto alternativas al pitillo de toda la vida que sean menos nocivas.

“La industria está apenas en los inicios de un proceso de transformación. Nosotros nos anticipamos, cuando hace diez años comenzamos a trabajar en el desarrollo de productos con potencial para reducir los riesgos”, subraya Iro Antoniadou, portavoz de PMI. Pero el productor de los célebres Marlboro no es el único que lo intenta.

Todos los actores del sector buscan el Grial –el cigarrillo electrónico, productos de tabaco sin humo, inhaladores de nicotina o vaporizadores– para tratar de esquivar las disposiciones legislativas contra las que tiene que luchar el cigarrillo tradicional.

“Quieren evitar a toda costa acabar como Kodak, que desapareció porque se despistó en el momento de pasar de la foto analógica a la digital. Así, no les queda más remedio que apostar por las nuevas tecnologías, incluso con el riesgo de que sus marcas estrella se hundan”, afirma Jean-François EtterEnlace externo, profesor de Salud Global en la Universidad de Ginebra y editor de la web stop-tabac.chEnlace externo

Philipp Morris International (Marlboro, Chesterfield, Muratti), líder mundial del sector, controla más del 28% del mercado internacional, si excluimos a China. Emplea aproximadamente a 3.000 personas en Suiza. Tiene su sede operacional y un importante centro de producción e investigación en Neuchâtel. Cerca de 1.500 personas trabajan actualmente en esta planta, de la que en 2012 salieron 24.000 millones de cigarrillos. Más del 80% de la producción suiza está destinada a la exportación.

El declive ha comenzado

Las perspectivas del sector son bastante sombrías: a excepción de China, el volumen de ventas de cigarrillos en el mundo cayó un 14% en 2013, según la sociedad de investigación económica EuromonitorEnlace externo. Para este año, PMI espera un descenso de volúmenes del 2 al 3% a escala mundial. En Europa, la caída debería ser más marcada y rondar el 5% en los próximos tres años.

Algunos expertos estiman que el sector está condenado a desaparecer. “La fase de declive ha comenzado. CitigroupEnlace externo preconiza su desaparición para el año 2045, señala Pascal Diethelm, presidente de la asociación de lucha contra el tabaquismo OxyRomandieEnlace externo. Hace medio siglo que las multinacionales desarrollan productos híbridos, sin resultados. El núcleo del negocio es el cigarrillo tradicional”.

Los fabricantes, obviamente, no comparten este punto de vista: “No es la primera vez en la historia que se anuncia el fin de la industria tabacalera. Aparte de la reciente crisis económica, no vemos razón para alarmarse. La evolución demográfica en el mundo es positiva y hay margen para un crecimiento sólido”, responde Guy Côté, portavoz de Japan Tobacco International, en Ginebra. Las multinacionales miran a África y su galopante demografíaEnlace externo, así como a Asia, donde los jóvenes adoptan los modos de vida occidentales, explica Jean-François Etter.

British American Tobacco (Pall Mall, Dunhill, Lucky Strike), el segundo grupo mundial del sector, celebró este año el  bicentenario de la presencia de la industria del tabaco en Boncourt, en el cantón del Jura. Hoy, BAT emplea a más de 500 personas en Suiza, de las cuales 320 en el Jura. La planta produce cerca de 10.000 millones de cigarrillos al año, de los cuales se exportan cerca del 70%. El grupo tiene sede en Londres. En 2013 lanzó el cigarrillo electrónico, el VYPE, en el mercado británico a través de su filial Nicoventures.

El islote helvético

Para preservar la máxima de rentabilidad – ‘The Guardian’ estima en 35 millones de dólaresEnlace externo los beneficios anuales de las seis principales multinacionales del sector– y repartir dividendos en alza a sus accionistas, la industria no tiene más remedio que el precio del pitillo y obligar a los consumidores a rascarse el bolsillo. “No es una estrategia sostenible: tarde o temprano, los fabricantes sufrirán un declive, tanto en términos de volumen como de beneficios. Y entonces, los mercados financieros darán la espalda a la industria”, pronostica Pascal Diethelm.

Una hipótesis ante la cual los responsables políticos de varios cantones suizos se echan a temblar. Y con razón. Las tabacaleras aprecian el islote helvético, sus ventajas fiscales y su reglamentación liberal: los tres principales gigantes del sector, PMI, British American Tobacco y Japan Tobacco International se dedican a actividades de producción, investigación y gestión en suelo helvético.

La primera, por ejemplo, es de vital importancia para la economía de la Suiza francófona. Cerca de 700 millones de francos invertidos desde 2008, 3.000 empleos muy bien remunerados, ingresos fiscales del orden de los 60 millones de francos solo en el caso del cantón de Neuchâtel, es decir, casi la mitad de los impuestos totales de las empresas, según las estimaciones del diario ‘L’Express’Enlace externo: “Si Philipp Morris decidiera hacer las maletas, las consecuencias serían dramáticas para nuestro cantón, que ya padece dificultades económicas”, reconoce el senador liberal-radical (PLR, derecha) Raphaël Comte.

Japan Tobacco International (Camel, Winston, Mild Seven), tercer actor de la industria, detenta el 11% del mercado mundial. Emplea a cerca de 1.000 personas en Ginebra, su sede internacional, y 300 en su planta de Dagmersellen, en el cantón de Lucerna. Cerca del 90% de la producción helvética está destinada a la exportación. En 2013, JTB lanzó el cigarrillo electrónico Ploom, que genera vapor al calentar el tabaco, antes de hacer oficial, a mediados de junio de 2014, la adquisición de Zandera, que produce la marca de cigarrillos electrónicos E-lites.

5.000 empleos en juego

Así, para evitar que se vayan, estas multinacionales gozan de una atención especial. En 2012, el diputado de Neuchâtel Laurent FavreEnlace externo luchó, con éxito, en el Parlamento para que Suiza pueda mantener las exportaciones a Asia y Oriente Medio de cigarrillos que contienen más de 10 mg de alquitrán, 1 mg de nicotina y 10 mg de monóxido de carbono.

Es mucho lo que está en juego: los cigarrillos ‘fuertes’ representan más del 80% de la producción helvética. ¿Qué repercusiones tendría para Suiza una deslocalización? Los cantones y municipios afectados perderían 5.000 empleos y de decenas de millones en ingresos fiscales.

Poco importa si esos productos no se atienen a las normas de la Unión Europea (UE), con la que Suiza negocia actualmente un acuerdo en materia de salud públicaEnlace externo

El senador Raphaël Comte es perfectamente consciente de lo que pesa Philipp Morris en las finanzas de su cantón.

(Keystone)

“Moralmente indefendibles”

Raphaël Comte justifica esta decisión sin problema alguno: “La UE no tiene que dictarnos lo que podemos exportar y a qué países. Si Philipp Morris no fabricara cigarrillos en Suiza, lo haría en otro país. Personalmente, prefiero que la producción y los puestos de trabajo se queden aquí”.

Pascal Diethelm es muy crítico con la clase política helvética y recuerda que Suiza es el único país europeo, junto con Andorra y Mónaco, que aún no ha ratificado el Convenio Marco de la OMS para el Control del TabacoEnlace externo: “Es moralmente indefendible. Todos los países son solidarios en la lucha contra un flagelo que se cobra cada año 6 millones de vidas y que está reconocido como la principal causa de las enfermedades no transmisibles en el mundo. Suiza, no solo no participa en la lucha, sino que saca beneficios de ello”.

Pascal Diethelm considera que la posición de Suiza es "moralmente indefendible".

(Gidaz)

Parlamentarios y cabildeo

En 2013, Raphaël Comte presentó una interpelación parlamentariaEnlace externo – que también firmó el socialista Didier Berberat – para pedir que los llamados productos ‘de menor riesgo’ sean objeto de una reglamentación específica en esta nueva ley sobre los productos de tabaco.

¿No teme que se le considere el portavoz de Philipp Morris? “No, conservo mi absoluta independencia. Las cuestiones de salud pública tienen su peso, y me remito a la ley de protección contra el tabaquismo pasivoEnlace externo que adoptó el Parlamento. Pero es preferible, antes de votar, saber qué repercusiones tendrá para la industria. Por esta razón sostenemos regularmente contactos con esta empresa”.

Pascal Diethelm ve en ello un fenómeno típicamente suizo: “Como las decisiones políticas están muy descentralizadas, el poder de influencia de las multinacionales es inmenso en el ámbito local. Para las autoridades resulta muy difícil resistirse a un contribuyente y empleador tan importante. La industria del tabaco no necesita un grupo de presión. Los propios políticos asumen voluntariamente ese papel”.


Traducción del francés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

×