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De puertas adentro

La violencia ocurre en la privacidad y pasa desapercibida al mundo exterior.

(swissinfo.ch)

frabina asesora a mujeres, suizas y extranjeras, así como a parejas binacionales en situaciones difíciles. Los malos tratos son un tema recurrente.

Las consultas se realizan en seis idiomas: alemán, francés, inglés, español, portugués e italiano.

“El español es, después del alemán, el idioma que usamos con mayor frecuencia”, señala Andrea Hauri, asistente social en frabina, que existe desde el año 2000.

Muchas de las mujeres que recurren al centro son latinoamericanas, la mayoría brasileñas, tal vez por la sencilla razón de que frabina es el único en Berna que ofrece consultas en portugués, explica la asistente social.

Los temas más recurrentes de las consultas son: crisis de pareja, separación o divorcio, trámites administrativos con las autoridades, dificultades económicas y también los malos tratos.

El problema de violencia doméstica contra la mujer no es nuevo. Ha existido siempre, en todos los tiempos, culturas y países. Sin embargo, los malos tratos en el hogar son un problema social que tiende a ocultarse y, por esa misma razón, se produce con mucha más frecuencia de lo que creemos.

El fenómeno de la violencia doméstica “se debe a la desigual distribución de poder entre el nombre y la mujer que existe en nuestra sociedad y que lleva al hombre a dominar o agredir a la mujer”, puntualiza Andrea Hauri.

Perfil del hombre violento

Aunque no existe un perfil específico del hombre violento, sino distintos tipos de hombres que ejercen la violencia en el contexto de una relación íntima, hay algunas características descriptivas que destacan los psicólogos.

Muchas veces esos hombres han sido víctimas o testigos de malos tratos en el seno de su familia, lo que les ha llevado a adoptar la violencia como una forma ‘normal’ de relacionarse.

Asimismo suelen tener una percepción rígida y estructurada de la realidad, y su conducta se caracteriza por estar siempre a la defensiva y por la posesividad respecto a su pareja. De hecho, en múltiples casos los celos son el detonante de una agresión.

Andrea Hauri opina que el hombre que maltrata a su pareja no ha perdido el control sobre sí mismo, sino que aspira, por medio de la violencia, a “ejercer un poder y control absoluto sobre la víctima”.

La mujer que sufre violencia reiterada desarrolla el denominado síndrome de la mujer maltratada: termina asumiendo las agresiones como un castigo merecido y llega hasta a justificarlas.

Separación o divorcio

La violencia en la pareja puede aparecer al inicio de la convivencia o del matrimonio. También es frecuente que se manifieste en el primer embarazo o tras el nacimiento del primer hijo.

Generalmente, la agresión se desencadena por una actitud o conducta de la mujer que el hombre interpreta como una amenaza a su autoridad y a su autoestima.

Suele ocurrir, por ejemplo, cuando la mujer le plantea una separación o un divorcio, que a menudo “provocan una crisis existencial en la vida de una persona, y esto da lugar a sentimientos de impotencia, que pueden provocar una reacción violenta”.

Muchas mujeres han decidido dar ese paso y acuden a frabina con la esperanza de recibir “informaciones y apoyo moral para hacer los trámites de la separación”.

La labor de las asistentes sociales consiste en asesorarlas y promocionarles los contactos que necesitan: un abogado, un psicoterapeuta o una estancia en un centro de mujeres maltratadas.

Parejas binacionales

La violencia doméstica no es una problemática específica de las parejas binacionales. No obstante, Andrea Hauri reconoce que, “en general, las extranjeras aguantan más en una relación con violencia doméstica, porque no están muy bien integradas, no conocen sus derechos o tal vez no saben hablar la lengua” del país.

Mientras que las suizas, si soportan seguir en una relación violenta, es sobre todo porque no logran salir de la espiral de la violencia, agrega.

Según la asistente social de frabina, los problemas de comunicación y entendimiento son mayores en las relaciones binacionales “por la falta de conocimientos de la lengua que usa la pareja” y “pueden causar frustraciones, rabia o temores“.

“Cuando hay problemas de entendimiento, hay más tensiones emocionales” que son más difíciles de solucionar verbalmente, y “entonces la violencia puede convertirse en una manera de hacer entender al otro lo que se quiere decir, o simplemente puede ser una vía de ejercer el poder”, concluye.

swissinfo, Belén Couceiro

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