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Cooperación suiza


¿Por qué el proceso de paz colombiano es único en el mundo?




Entre las FARC y el Gobierno de  Colombia terminó el proceso de negociación y acabó la guerra. Empieza ahora el proceso de paz. (AFP)

Entre las FARC y el Gobierno de  Colombia terminó el proceso de negociación y acabó la guerra. Empieza ahora el proceso de paz.

(AFP)

El fin de la guerra entre las FARC y el Gobierno de Colombia, en el marco de un “acuerdo ejemplar”, en el que participó Suiza con asistencia técnica, marca una nueva era para ese país y es una bocanada de aire fresco para un mundo en el que las adversidades son noticia recurrente, como lo señala Kristian Herbolzheimer, experto en construcción de paz.

“El proceso de paz en Colombia envía un poderoso mensaje, demuestra al mundo que hay una solución política a los conflictos, independientemente de su complejidad, siempre y cuando haya voluntad política”, asienta el director de programas para Filipinas y Colombia de ‘Conciliation Resources’.

Kristian Herbolzheimer ha participado como asesor en diversos procesos en Colombia (incluida La Habana, en 2015), Filipinas, el Sahara Occidental y el País Vasco, entre otros, destaca la participación de Suiza en el apoyo a la paz y a las víctimas del conflicto.

Apoyo suizo

"La cooperación suiza es la que se ha mantenido más inquebrantablemente comprometida con la construcción de la paz en Colombia, aún en las épocas más difíciles bajo el gobierno de Álvaro Uribe (2002 a 2010) y en los primeros años de Santos (2010 a la fecha).

Mantuvo desde Suippcol y otras redes de apoyo un compromiso con la paz, con un enfoque de participación ciudadana, inclusión y construcción de la paz desde la base, añade.

Además, "la política de paz territorial del Gobierno está profundamente inspirada en el trabajo de construcción de la paz promovido desde la cooperación suiza".

Y ello, amén de que La Embajada de Suiza juega un papel muy importante en aspectos de asesoramiento técnico de las negociaciones.

Innovaciones de proceso colombiano

En entrevista con swissinfo.ch, Herbolzheimer destaca algunos aspectos esenciales de su reciente informe sobre las ‘Innovaciones en el proceso de paz en Colombia', incluidas la democratización del proceso, el que se haya puesto a las víctimas en el centro del mismo, la discusión en cuanto al problema agrario y el narcotráfico y la creación de una subcomisión de género. En suma, dice, “el acuerdo al que han llegado es el más importante en el mundo en los últimos 10 años”.

¿Los aspectos negativos? “Tendrían que haber empezado antes. El Gobierno debió contar con una estrategia pedagógica más ágil desde el principio porque la desarrollada estuvo encerrada en términos muy técnicos. Las FARC tendrían que haber liberado a sus menores (reclutados) desde hace mucho tiempo. Y uno y otras debieron incluir a más mujeres en posiciones de toma de decisiones.

“Faro de esperanza”

El lunes (29.08) Gobierno y FARC decretaron el cese bilateral y definitivo de las armas, tras la firma (24.08) de los acuerdos finales de La Habana, luego de casi cinco años de negociaciones (incluidos los preliminares). El Parlamento colombiano y la Asamblea de las FARC deberán aprobar los acuerdos que luego serán sometidos al escrutinio popular el 2 de octubre mediante un plebiscito.

Los 5 puntos del Acuerdo Final


1. Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo.

2. Protección de los derechos de las víctimas y Justicia Especial para la Paz.

3. Plan de inversión para el campo y para los campesinos de Colombia.

4. Reincorporación a la vida civil y participación política.

5. Lucha eficaz contra el narcotráfico.

“El proceso de Colombia es el principal proceso de paz en el mundo”, subraya Herbolzheimer, no solamente por la forma misma en que fue estructurado y desarrollado sino en vista de los niveles de violencia y de sufrimiento que había generado el conflicto en más de medio siglo, de la complejidad del mismo, y de la ausencia de otros referentes constructivos de paz:

“Las noticias en el mundo en estos últimos años han sido de guerra y unos niveles récord de desplazamiento y de refugio que no se veían desde la II Guerra Mundial. Colombia va ahora a contracorriente de esas noticias negativas, convirtiéndose en un faro de esperanza”.

“Democratización del proceso de paz”

El Gobierno y las FARC no buscaron resolver todos los problemas del país (como se pretendió en el Caguán), ni tenían la legitimidad para hacerlo. “Han democratizado el proceso de paz, el cual no acaba con la firma acuerdo. Termina la guerra y se crean las condiciones para la continuidad del proceso de paz en Colombia, pero en una forma democrática y participativa”, anota Herbolzheimer.

Hay una diferenciación entre proceso de negociación y proceso de paz y este último es responsabilidad del conjunto de la sociedad: los partidos políticos, las instituciones, las organizaciones sociales y gremiales.

Todo proceso, sintetiza, aprende y aporta. Colombia tomó nota de sus propias lecciones, y de aquellas en Sudáfrica, Irlanda del Norte, Guatemala, El Salvador, Filipinas, Nepal. Le han servido mucho, pero finalmente ha llegado a sus propios desarrollos y a partir de ahí, “Colombia se convierte hoy en materia de estudio, de análisis y observación de cualquier otro proceso de paz en el mundo”.

“Las víctimas, en el centro de los debates”

Otro aspecto fundamental que destaca el experto “es que este es el acuerdo de paz en el mundo que ha puesto más atención para evitar la impunidad”. Nunca antes se había llegado al nivel de detalle que tienen los acuerdos de La Habana, dice.

“Aquí, los crímenes más graves van a ser investigados y juzgados y habrá sentencia. Si hay colaboración con la justicia, la sentencia puede ser reducida o modificada para que no haya cárcel, pero va a haber verdad, justicia y reparación a unos niveles que nunca ha habido en Colombia ni en ningún otro proceso de paz en el mundo”.

Los culpables serán condenados, trátese de comandantes guerrilleros, generales de la República o empresarios, “porque esto aplica para todos”. Y aquí cabe insistir en que las atrocidades que ha sufrido el pueblo colombiano no son exclusividad de las FARC, sino que han sido ejecutadas o promovidas por el propio ejército, los paramilitares y los sectores económicos.

De hecho, mientras el principal detractor del proceso de paz, el expresidente Álvaro Uribe, pretende que no habrá justicia respecto a los excesos de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN, segunda guerrilla del país) asume lo mismo respecto a los crímenes de las Fuerzas Armadas.

Pero en La Habana, reitera nuestro interlocutor, se han sentado las bases para que haya verdad, reparación y justicia. De hecho, considera que el énfasis puesto en los derechos de las víctimas ha generado una situación paradójica donde muchas de ellas están más dispuestas a apoyar el proceso de paz que los opositores.

“Los abanderados de la impunidad no necesariamente son los que más han sufrido la guerra. Entonces, ¿quién tiene el poder moral para decir si eso es justo o no es justo? Yo creo que lo tiene más una persona que estuvo secuestrada por las FARC siete años que una persona que ideológicamente no simpatiza con las FARC”.

¿Suficiente castigo?

Las condenas, para quien colabore, serán de cinco a ocho años de restricción de movimientos, incluidos los casos de crímenes de lesa humanidad. ¿No es demasiado poco?

En la guerra, responde Herbolzheimer, hay dos soluciones: o gana uno y pierde el otro, y el ganador impone las condiciones, o se llega a un acuerdo. Y nadie firma un acuerdo para irse a la cárcel de por vida. Eso no existe en la historia de la humanidad, con lo cual hay que llegar a un cierto compromiso. ¿Cómo? Respetando unos mínimos estándares de derechos humanos y de derecho internacional, de verdad justicia y reparación y garantías de no repetición.

“Es un ejercicio de cuadrar un círculo que en ningún proceso de paz en el mundo se ha logrado del todo, ni en el caso más referencial que es Sudáfrica, por ejemplo, y en el cual Colombia hoy se convierte en el ejercicio más sesudo, más sofisticado y que va a sentar precedentes porque no hay esfuerzos comparables al colombiano para cuadrar ese círculo”.

Desarrollo rural y narcotráfico

Para el especialista de ‘Conciliation Resources’, otra innovación importante concierne el acceso a la tierra, una de las causas estructurales de la mayoría de los conflictos armados en el mundo, al que sin embargo pocos acuerdos de paz han dado la relevancia que le han dado en Colombia.

De manera previa a las negociaciones había unos diagnósticos muy actualizados sobre el tema, lo que fue fundamental para lograr un debate muy informado y muy sólido, precisa. Entonces, el acuerdo de tierras de La Habana va a llamar la atención en otros lugares del mundo. Y, en ese tenor también la lucha contra las drogas.

El narcotráfico adquirió una gran importancia como fuente de financiación no solo de la guerrilla sino de todo el mundo, y de fomento a una economía ilegal en Colombia, pero la resolución del tema, advierte Herbolzheimer, no puede ser de ámbito nacional sino que requiere una respuesta global. Por ello, a raíz del proceso de paz, asienta, Colombia lidera hoy en Naciones Unidas un cambio de paradigma.

“No se puede seguir fumigando, ni criminalizando al campesino. Eso no tiene ni pies ni cabeza. En cierta manera, la guerra contra las drogas ha sido un fracaso, y Colombia, que ha sido campo experimental, ahora dice basta. Hay que cambiar las cosas. Hablamos con conocimiento de causa. Tenemos un mensaje para el mundo de cómo no hacer las cosas. Busquemos conjuntamente otra forma de resolver el tema”.

Subcomisión de género

La creación de una subcomisión de género, tema al que tanto el Gobierno como la insurgencia hasta hace poco daban poca relevancia, es revelador. Han reconocido que no es un aspecto menor y eso tiene un poder simbólico muy fuerte para Colombia y para el mundo, celebra el analista.

Pero no echa las campanas al vuelo. Reconoce que aún falta mucho por hacer. “Creo que la guerra es una de las máximas expresiones del patriarcado y las negociaciones de paz, como las lideran los que hacen la guerra, hasta hoy, casi que inevitablemente siguen siendo una expresión muy patriarcal”.

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