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Outsourcing


Suiza resiste a la desindustrialización




Aebi, una PYME basada en Burgdorf, produce vehículos de diferentes tipos. (Keystone)

Aebi, una PYME basada en Burgdorf, produce vehículos de diferentes tipos.

(Keystone)

El encarecimiento de las exportaciones y el crecimiento de los mercados emergentes han tentado -o forzado - a algunas empresas helvéticas a desplazar su producción a otros países. Una estrategia de negocios que genera opiniones divididas.

El sector manufacturero y los sindicatos desestiman los temores de que Suiza esté siendo despojada de su base industrial, debido a los miles de empleos que han recortado recientemente algunas empresas y por la reubicación en otros países de sus centros de producción.

Sin embargo, esta creciente oleada de relocalizaciones hacia países más rentables en términos de producción –aun cuando el banco central ha intentado evitarlo a través de la aplicación de cambio mínimo entre el franco y el euro- es un tema que inquieta a la clase política y a los medios de comunicación.

En el terreno de los hechos, en junio los propietarios alemanes de la biotecnológica Serono confirmaron un plan estratégico que comprendía la deslocalización de su sede de Ginebra, una decisión que implicará la pérdida de 500 empleos y la reubicación de otros 750 empleos fuera de Suiza.

Por su parte, en abril, el especialista en cables de fibra óptica, Reichle & De-Massari, abrió una nueva fábrica en Bulgaria para desplazar ahí parte de la producción suiza, con la pérdida implícita de 50 empleos.

‘Outsourcing’ para PYME

El outsourcing consiste en transferir parte de la producción al extranjero o en subcontratar a empresas foráneas para manufacturar productos propios. Es una estrategia que ha sido rentable para algunas pequeñas y medianas empresas (PYME) suizas, que generan dos tercios de los empleos del país, pero cuyas estructuras a menudo no son lo suficientemente sólidas en términos financieros para construir sus propias plantas.

La consultora Mattig MP estima que durante los últimos años se ha triplicado el interés de las PYME en el outsourcing, debido al efecto erosivo que el franco suizo ha tenido sobre las utilidades de las compañías.

Pese a ello, no todas las empresas pueden recurrir a esta práctica, porque muchas veces  la escasez de trabajadores cualificados –para cumplir con los requerimientos de la empresa cliente- eleva de todos modos los costos laborales.

“Las PYME se sorprenden cuando ven que sus socios potenciales declinan solicitudes de outsourcing porque el volumen de sus pedidos es muy escaso, o porque los costos locales resultan más altos de lo previsto”, señala Andreas Mattig a swissinfo.ch.

Un caso exitoso

Otra cosa son los grandes grupos. Hace tres años, la multinacional industrial Georg Fischer anunció un plan para reducir la producción de su unidad GF Agie Charmilles (máquinas de electroerosión) y decidió concentrar su manufactura de máquinas herramienta en China.

Hoy, el 80% de la producción de esta compañía se realiza desde el extranjero. Su consejero delegado, Yves Serra, asegura que conservar la sede en Suiza ha sido la clave en el éxito de la compañía.

“Fabricamos fuera porque los clientes quieren tenerlos cerca y seguimos produciendo en Suiza los productos que requieren un elevado nivel de calidad o siempre que es posible automatizar la producción”, declara a swissinfo.ch (ver entrevista íntegra en Más sobre el tema).

“Queríamos mantener nuestra imagen de empresa fabricante de productos de calidad y la mayor parte de esta reputación se deriva de nuestra presencia en Suiza”.

Menos empleos

La estadística fría parece confirmar el argumento de que la base industrial suiza se erosiona. El porcentaje de valor agregado que aporta el sector manufacturero a la economía pasó del 40 al 20% entre 1960 y la actualidad. En ese periodo la proporción de empleos generados por esta actividad se redujo del 50 al 22%.

Esta tendencia de largo plazo coincide con la que registran otras economías industrializadas. Sin embargo, el periodista económico suizo Beat Kappeler precisa que, salvo en el sector textil, el caso helvético es distinto porque Suiza evitó el destino de países como Gran Bretaña o Estados Unidos, donde desaparecieron vastas áreas producción.

“Los países anglosajones perdieron industrias tradicionales como la textil, la maquinaria pesada y los electrodomésticos (el caso de los televisores es un buen ejemplo)”, afirma Kappeler a swissinfo.ch. Y explican Suiza evitó que le sucediera lo mismo porque decidió pasar de la producción en masa de bienes a la fabricación de productos de nicho de alta calidad.

“Nos hemos vuelto más fuertes en materia de productos mecánicos, relojes, bienes de lujo y productos farmacéuticos. Suiza es el noveno productor de biotecnología del mundo. Creo que hemos intensificado la infraestructura y la importancia de la industria en este país”.

Base industrial intacta

La avalancha de empleos perdidos durante los últimos meses ha inquietado a los sindicatos. Según las estadísticas oficiales, alrededor de 660.000 personas trabajaban en el sector manufacturero tradicional en 2008, un dato que en cuatro años se ha reducido en 30.000 plazas.

Sin embargo, la habilidad de las firmas para especializarse en áreas de alto valor agregado se ha sumado a la fortaleza de la economía nacional, lo que ha sido suficiente para esquivar la desindustrialización, argumenta José Corpataux, economista de la Unión Sindical Suiza (USS).

“Suiza aún tiene una buena base industrial si la comparamos con la que registran países como Gran Bretaña, Estados Unidos o Francia. La desindustrialización es un problema menos importante en Suiza”, sostiene.

En su opinión, “el franco suizo ha dificultado la tarea de las empresas de mantener la competitividad. Si esta situación perdura, entonces sí veremos una mayor desindustrialización”. Y si en contrapartida “existe un buen desempeño macroeconómico, las compañías pueden seguir desarrollándose”.

Las empresas suizas, según Corpataux, tienen a su favor el haber disfrutado de condiciones económicas favorables en los cuatro años previos a 2008 –año del estallido de la crisis-, lo que permitió a muchas empresas manufactureras crear miles de empleos y gozar de las ventajas de un boom productivo.

El economista de UBS, Daniel Kalt, cree que la relocalización de la producción es simplemente una señal de la última fase en un ciclo de negocios. Y más que evidenciar una desindustrialización, estas medidas envían señales positivas.

En un reciente análisis del UBS escribía: “Aun cuando desplazar la producción a otros países se ha acelerado al ritmo que el franco suizo se fortalece, también es un indicativo de que las empresas están trabajando en sus niveles de competitividad y optimizando su estructura de costos”.

Costos de relocalización

Un número importante de compañías suizas han desplazado su producción al extranjero para evadir los efectos de la fuerte apreciación del franco o para estar más cerca de sus clientes en los mercados emergentes. Algunos de los ejemplos más recientes son:

2 de julio de 2012. La compañía estadounidense de tecnología médica Greatbatch anunció el cierre de sus sitios en Orvin y Corgémont, en Suiza, para llevar la manufactura de sus aparatos ortopédicos a México y Estados Unidos. La decisión afectará al 90% de sus 196 empleados suizos.

En 2009, Georg Fischer anunció el recorte de 340 empleos en su división de aparatos de precisión y transfirió la mayor parte de su producción de máquinas herramienta a China.

Un año después, Givaudan, dedicada a la fabricación de fragancias y sabores, cerró su planta en Kemptthal, en el cantón de Zúrich, suprimiendo 120 empleos y anunciando la apertura de una nueva planta en Hungría.

En 2011, el fabricante de partes eléctricas Huber + Suhner dijo que deslocalizaría 80 empleos de Suiza a Túnez y Polonia.

El productor de químicos Huntsman anunció que transferiría 100 empleos de Basilea a “mercados clave”.

A 18 meses de expandir sus operaciones en EEUU, la empresa textil Swisstex anunció en marzo de 2012 el cierre de su complejo de Winterthur, lo que podría implicar la desaparición de 80 empleos.

La pérdida de Serono fue un gran golpe para la industria farmacéutica y biotecnológica de Suiza, pero pudo haber sido peor si no hubieran intervenido en el último minuto las autoridades cantonales de Vaud para prevenir la supresión de 1.000 empleos por parte de Novartis este año.

Distribución de empleos

Producción/construcción: 1,2 millones en 1991; 932.000 en 2000; 977.000 en 2012

Manufacturas: 786.000; 625.000; 633.000

Relojería: 90.500; 81.000; 106.000

Farmacéutica: 24.000; 24.000; 38.000

Maquinaria de construcción: 124.000; 94.000; 82.000

Sector servicios: 2,1 millones, 2,16 millones, 2,46 millones

Finanzas: 194.000; 189.000; 210.000

Venta al detalle: 304.000; 263.000; 252.000


(Traducción: Andrea Ornelas), swissinfo.ch



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