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Punto de vista


Es posible eliminar los paraísos fiscales


Por J. Bradford DeLong y Michael M. DeLong


Por J. Bradford DeLong y Michael M. DeLong

Los paraísos fiscales son, por definición, lugares opacos, secretos. Su finalidad es camuflar los fondos que albergan. El nuevo libro de Gabriel Zucman, ‘La riqueza oculta de las naciones’, revela, como nunca antes, el inmenso papel que desempeñan en la economía mundial.

Zucman examina las discrepancias en las cuentas internacionales para ofrecer las cifras más precisas y fiables que probablemente podamos obtener sobre la cantidad de dinero almacenado en los paraísos fiscales. Calcula que el 8% de la riqueza financiera del mundo –unos 7 600 billones de dólares– está oculta en lugares como Suiza, las Islas Bermudas, las Islas Caimán, Singapur y Luxemburgo. Es más que el patrimonio que posee la mitad más pobre de la población mundial (7 400 millones de personas).

Esa cifra tiene consecuencias importantes en lo que se refiere a la suma que debería estar en la base imponible. Si los países ricos de Europa y de Norteamérica no logran gravar de manera eficaz los ricos, les será difícil preservar la democracia social y luchar contra la creciente desigualdad que se observa desde hace algún tiempo en sus economías. Y los países emergentes albergan pocas esperanzas de crear sistemas tributarios progresivos, si no saben dónde se encuentran los patrimonios de sus plutócratas.

Zucman se basa en la hipótesis de que entre los datos que generalmente están clasificados como “errores y omisiones” hay verdaderas ‘joyas’ de información. Y hay buenas razones para creer que sus estimaciones no son descabelladas. Según el banco central de Suiza, los titulares de 2,4 billones de dólares depositados en bancos helvéticos son extranjeros. Puede que Suiza sea el paraíso fiscal más antiguo del mundo, pero no es el lugar más ventajoso para depositar la fortuna personal.

Una razón por la que los paraísos fiscales son difíciles de eliminar es que no todos los gobiernos comparten necesariamente esta visión. En todos los países en que la corrupción es endémica –Rusia, China y gran parte de Oriente Medio–, muchos funcionarios tienden a ver los paraísos fiscales no como un problema de ingresos, sino como un aspecto más interesante de su trabajo.

Incluso en Estados Unidos se han adoptado políticas para consentir deliberadamente –en lugar de lo contrario– la evasión fiscal a través de los paraísos fiscales. Un exalto cargo del gobierno del presidente George W. Bush lo expresó así: “A fin de cuentas, es una cuestión de libertad”. Esta indulgencia fiscal explica en gran parte la caída en un tercio de los ingresos por impuesto de sociedades que registra Estados Unidos desde finales de los años 1990.

Cuando se habla de paraísos fiscales hoy se ha vuelto una moda decir que no hay nada que hacer. Se considera la soberanía nacional es demasiado importante para subordinarla a leyes fiscales internacionales. Se considera además que los plutócratas hoy tienen una gran influencia sobre los políticos y los funcionarios del Estado. Hace más de un siglo, el entonces gobernador de Nueva Jersey, Woodrow Wilson, consiguió elevar el impuesto de empresas, tras lo cual muchas de ellas trasladaron su sede central al vecino estado de Delaware.

Pero quienes pretenden que es imposible una política internacional coordinada no dicen que la coordinación de una política a escala mundial siempre parece imposible, hasta que de repente cambian las condiciones y todo empieza a encajar. Se pueden eliminar los paraísos fiscales. Lo único que se necesita es cerrar los resquicios legales que permiten la evasión   fiscal y establecer mecanismos de control tales que evadir impuestos sea un riesgo que no merezca la pena correr.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

El primer paso debería ser una mayor transparencia. Como se suele decir: “La luz del sol es el mejor desinfectante”. Zucman es partidario de un único registro global: una base de datos de acceso público que contenga a los propietarios de cada acción y cada obligación.

El segundo paso sería cambiar la base imponible de manera que las empresas tributen no por los beneficios obtenidos en un país, sino por las ventas realizadas y los salarios pagados en ese país. Como señala Zucman, una empresa grande puede trasladar su sede legal y utilizar mecanismos, como la fijación de precios de transferencia, para aliviar su carga fiscal, pero le es más difícil trasladar a sus empleados al extranjero y tampoco puede trasladar a los clientes.

Para que la lucha contra las desigualdades sea eficaz, se necesita una tributación progresiva. No cabe duda de que no podremos aplicarla, a no ser que eliminemos los paraísos fiscales ahora.

(Este artículo se publicó originalmente en el portal Project Syndicate)

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente el punto de vista de swissinfo.ch.


Traducido del inglés por Carlos Manzano



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