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Egipto


Democracia controlada, en espera de algo mejor


Por Marc-André Miserez y Mohamed Cherif


26 juillet: manifestation de soutien aux forces armées au Caire. La foule brandit le portrait du général Sissi, nouveau maître du pays. (Keystone)

26 juillet: manifestation de soutien aux forces armées au Caire. La foule brandit le portrait du général Sissi, nouveau maître du pays.

(Keystone)

Una revolución puede durar años y raramente el componente de violencia está ausente. En Egipto, la vuelta con mano dura del ejército al poder no augura forzosamente un autoritarismo inexorable, indican expertos.

La revolución no se produce forzosamente con claveles (como en Portugal), o con jazmines (como en Túnez) y de la Toma de la Bastilla en 1789, a la caída de Napoleón III en 1870, Francia requirió casi un siglo para terminar definitivamente con su antiguo régimen. Aun cuando no gusta de ese tipo de comparaciones, Lorenzo Vidino, especialista del islam político en el Centro de Estudios de Seguridad del Politécnico de Zúrich admite que toda revolución conoce “su escalada de tiempo, acompañada de una escalada de violencia”.

En El Cairo, Hishan Qasaem, uno de los fundadores del diario opositor al-Masri al-Youm, aparecido en 2004, habla sobre “un proceso de diez años, por lo menos”, en lo que toca a su país.

 

“Egipto nunca fue una democracia, recuerda el escritor y comentarista político. Mubarak dirigió una dictadura que después entró en el camino hacia la democracia. Pero aún se debe construir una separación de poderes y establecer las garantías de la democracia. Y conozco solo pocos países que lo han hecho rápidamente y sin que esto provoque situaciones violentas”.

El colmo del horror

Violencias que culminaron el 14 de agosto, con la evacuación por el ejército y la policía de dos manifestaciones organizadas por los Hermanos Musulmanes en El Cairo para protestar contra la destitución del presidente Mohamed Morsi. Durante ese día y durante la semana siguiente casi mil civiles fueron asesinados en todo el país.

“El colmo del horror se produjo en la plaza Rabiya al-Adawiya, indica Rachid Mesli, director jurídico de la ONG de defensa de derechos humanos al Karema, con sede en Ginebra. “Nuestros observadores vieron cómo desde helicópteros militares se tiraba contra los manifestantes y cómo los soldados impedían a los cuerpos de socorro llegar al sitio para conducir a los heridos a los centros médicos”. Testimonios confirmados por periodistas extranjeros in situ, como Serge Michel, de Le Monde.

Para Rachid Mesli, se puede “sin dudar, calificar estos actos como crímenes contra la humanidad”. Su organización, que ya había presentado 250 casos documentados de ejecuciones extrajudiciales al relator especial del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los  Derechos Humanos, ha prometido recurrir a la justicia internacional.

Se trata de episodios que por chocantes que parezcan, no hacen de esta revolución una de las más violentas de la historia, recuerda Lorenzo Vidino.

“Razonable”

Cierto, el 14 de agosto se registraron “las peores masacres de la historia del Egipto moderno”, deplora un investigador suizo obligado a guardar el anonimato. “Y esto, con el consentimiento tácito de la mayoría de la población, que hoy mira a los barbudos como enemigos. Y los medios realizan un discurso en contra los hermanos Musulmanes como antes jamás se había visto”.

En un editorial, el diario al-Masri al-Youm compara a los islamistas con células cancerosas, que conviene extirpar, incluso por “los medios más rudos”, es decir, armas químicas o radioactivas”. La mayoría de los diarios acusan a la prensa extranjera de complaciente con los Hermanos. Los periodistas egipcios que trabajan para la cadena al-Jazira son calificados de traidores y de “hijos de p…”. Y sobre el 14 de agosto, Al-Shourouk, diario de centroizquierda, juzga que “las fuerzas del orden actuaron con profesionalismo. Teniendo en cuenta el número de manifestantes, el número de víctimas fue razonable”.

Reciente posición sobre los Hermanos Musulmanes

Egipto no debería proscribir a los Hermanos Musulmanes o excluirlos del proceso político después de que el Ejército derrocó a Mohamed Mursi, dijo el primer ministro interino, bajando el tono de la retórica contra el grupo islámico.

El aparente cambio se suma a la especulación de que el Gobierno está comenzando a prepararse para un posible acuerdo político para salir de la crisis.

Hazem el-Beblawi propuso el 17 de agosto que el grupo islámico más antiguo y mejor organizado del mundo árabe se disolviera y dijo que el Gobierno estaba estudiando la idea.

En una entrevista con medios estatales el martes a última hora, Beblawi dijo que el Gobierno vigilará al grupo y su brazo político y que serán las acciones de sus miembros las que determinarán su futuro.

"Es mejor para nosotros monitorizar los partidos y grupos en el marco de una acción política sin disolverlos o que actúen en secreto", agregó Beblawi.


Fundado en 1928, los Hermanos Musulmanes fueron disueltos por los gobernantes militares de Egipto en 1954. Aún proscritos durante el gobierno de 30 años de Hosni Mubarak, el grupo dirigió una red de caridad y sus miembros se presentaron como independientes en algunas elecciones.

Después de décadas de operar en las sombras y de ganar apoyo por sus obras de caridad y prédica, los Hermanos Musulmanes se registraron como una organización no gubernamental en marzo en respuesta a un caso de una corte presentado por opositores del grupo que estaban poniendo en duda su legalidad.

También tiene un brazo político legalmente registrado, el partido Libertad y Justicia, establecido en 2011 después del levantamiento que derrocó a Hosni Mubarak. Los Hermanos ganaron las cinco elecciones nacionales celebradas desde 2011, incluyendo la elección de Mursi como presidente el año pasado.

Pero Mursi fue removido por el Ejército el 3 de julio después de enormes protestas en su contra.

Más de 1.000 personas, incluyendo unos 100 policías y soldados han muerto desde entonces, en uno de los peores episodios de violencia en la historia moderna de Egipto.

La mayoría falleció cuando las fuerzas de seguridad dispersaron dos campamentos de protesta de seguidores de Mursi el 14 de agosto.

El Gobierno interino respaldado por el Ejército dice que convocará a elecciones parlamentarias y presidenciales en los próximos meses, después de la aprobación de una nueva Constitución.

 

(Source: reuters)

Sin elección

 “Es un hecho innegable que la amplia mayoría de la población, y las elites liberales junto con el ejército están ahora en contra de los Hermanos Musulmanes”, anota Vidino. “La gente está dispuesta a aceptar ciertas limitaciones a su libertad y el retorno de algunas personas cercanas a Mubarak, pero que son mejores a la realidad vivida en los últimos 18 meses”.

“Morsi ha querido reinstaurar una teocracia”, afirma Hisham Qasem. La gente ha vuelto a la calle. Los militares no tenían margen de opción. O permitían un escenario a la Ceausescu o actuaban para aislar al presidente. Y la respuesta de los Hermanos estaba cerca de convertirse en una insurrección armada. Había que actuar”.

No obstante, el editorialista no firma un cheque en blanco al general Abdelfattah al-Sissi, actual hombre fuerte del país: “cuando decretaron la ley marcial por un mes, estaba en la televisión, y expresé de inmediato mi desacuerdo con la duración establecida. Habría preferido una semana, con posibilidad de renovar la medida. Si debe durar más de un mes, será necesario que el gobierno me explique porqué. Y si la respuesta no me convence, me opondré”.

Ni el Corán ni el tanque

 Para el futuro, Lorenzo Vidino observa como escenario probable la vuelta de un “mubarakismo sin Mubarak”. “Esto se ha visto en numerosas revoluciones. Se requiere que todo cambie para que todo siga igual. En ese estado, la mayoría de la gente en Egipto parece estar de acuerdo. Los malos días parecen no haberlo sido tanto. Al menos no había penurias de gasolina y había seguridad en las calles”.

¿Una dictadura militar? El investigador zuriqués no lo cree. “No sería muy inteligente de parte del ejército controlar de modo visible el país. Lo que podría ocurrir es que hubiera un gobierno fuertemente vinculado con él, con una independencia de fachada, y con ciertos límites a no rebasar. Una suerte de democracia controlada”.

Hisham Qasem está convencido de que los militares volverán a sus casernas. “Si Morsi no hubiese actuado estúpidamente, no se habrían tomado las calles”. Pero el primer presidente democráticamente electo de Egipto “recurrió en muchos errores. En todos los problemas económicos veía una prueba enviada por Dios y pensaba que perseverando en el camino divino se producirían milagros”.

Los egipcios se levantaron dos veces en menos de tres años. Esto muestra que nadie puede permanecer en el poder sin consenso, se trate de alguien que use el Corán, el tanque o la fuerza”, concluye el editorialista, que no niega dificultades futuras, pero no imagina que su país termine en guerra civil.


Traducido por Patricia Islas, swissinfo.ch



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