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Filósofo, educador y espeleólogo


"Es una larga historia, con muchas ramificaciones"


Por Fabiana Macchi


 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Se dice que los filósofos viven fuera de la realidad, en “torres de marfil”. Como si observaran y analizaran la vida desde un refugio, lejos de la sociedad y de los verdaderos problemas. Ese, para nada es el caso de Thomas Kesselring.

Sus intereses son concretos: abarcan la educación de los hijos, el cambio climático y la política de desarrollo. Profesor de Filosofía en la Universidad de Berna y de Ética, Ecología y Multiculturalidad en la Escuela Superior de Pedagogía de Berna, Thomas Kesselring gusta de descubrir nuevos caminos. Y no solamente en las grutas y las cavernas que visita. Para los filósofos, trata cuestiones muy empíricas. Los pedagogos, contrariamente, lo consideran muy abstracto.

“La Filosofía entró en mi vida a través de un profesor de alemán en el gimnasio (escuela preunivesitaria). Estimuló a algunos alumnos para que estudiaran  Filosofía, incluyéndome a mí”. Se puede decir que la vida de Thomas Kesselring está marcada por el azar, pero un azar seguido siempre de mucha reflexión y determinación.

“No sabía qué hacer con eso”

Hablando de cómo llegó a los temas que lo convirtieron en una referencia en el área -es especialista en Hegel y Piaget-, afirma: “Es una larga historia, con muchas ramificaciones”.

Inmediatamente comienza a narrar que eligió a Hegel porque ese filósofo era una parte sobresaliente en el contenido de un curso y lo consideró como un tema estratégico. “Pero no sabía qué hacer con Hegel. Durante un semestre leí los textos más absurdos y los más complejos de este autor, sin saber qué hacer con eso”.

Durante un paseo advirtió una regularidad en la argumentación y elaboró el “modelo del espejo”. “El sujeto se refleja a sí mismo y se desarrolla concentrándose en sus propias posiciones anteriores. De esa manera evoluciona”, explica Thomas Kesselring.

Viento en contra

Cuando conocí a Thomas Kesselring en el centro de la hermosa ciudad de Berna, la noche era fría y lluviosa. El fuerte viento impedía avanzar y volteaba el paraguas. Nos obligaba a resistir y a avanzar. Nunca imaginé que esta imagen del viento contrario quedaría tan bien con el perfil y la trayectoria de ese filósofo e investigador.

Es también una reflexión estratégica y una especie de “viento en contra” los que llevaron a Thomas Kesselring a su siguiente tema de predilección. Para solicitar un puesto de profesor, leyó a Piaget. Estaba intrigado por algunos aspectos del pensamiento del suizo, hasta el punto de querer profundizar en el estudio de su obra.

“El modelo de los espejos me ayudó mucho a interpretar a Piaget”, declara. Su introducción a su obra es hasta ahora una referencia. “A través de Piaget, fue muy claro para mí que el pensamiento y la reflexión nacen de la acción. Cada vez que recordamos una situación vivida, reflexionamos sobre esta situación y miramos el pasado con altura. Y eso se parece a la teoría de los espejos de Hegel”, filosofa.

Cuando decidió reunir a Hegel y Piaget en una tesis doctoral, debió enfrentar nuevamente ese viento contrario. A aquellos que habían estudiado a los dos autores les parecía imposible establecer una relación entre ellos. Pero sus colegas no sabían que Thomas Kesselring estaba interesado justamente en los callejones sin salida y en las imposibilidades. La acción como base del  pensamiento y de la reflexión, como Piaget.

“Entrenar los músculos y no solamente el cerebro”

Fue también en la época del gimnasio cuando vio nacer su otra pasión, su interés por las grutas y las cavernas. Por casualidad, el joven Thomas leyó un texto sobre Höllloch, la gruta más grande de Suiza y, en ese entonces, la más grande conocida en el mundo, ubicada en el cantón de Schwyz.

Impresionado, se puso en contacto con la Sociedad Suiza de Espeleología y obtuvo un permiso para entrar en cuevas que no estaban abiertos al público. Thomas Kesselring se enorgullece de haber estado en galerías donde nadie había entrado anteriormente, incluyendo varias en el extranjero.

La Espeleología es para él una especie de equilibrio. “Algo para entrenar los músculos, y no solamente el cerebro”, dice. Con satisfacción, narra que hace dos semanas escaló el interior de una gruta.

Eso corresponde a su estilo de conectar las cosas. Afirma que la Filosofía y la Espeleología tienen muchas características en común. “Las galerías del pensamiento ( Gedankengänge ) son igualmente complejas y a veces muy obscuras, como los textos laberínticos de Hegel”, señala con humor.

Experiencias en el extranjero

Después de seis años de enseñanza de Filosofía en Berlín, Thomas Kesselring fue invitado a dar clases en Brasil. Allá participó también en cursos de alfabetización en una favela, conoció de cerca el tema de la Amazonía y el trabajo con niños de la calle.

Desde hace cinco años da también cursos de Ética en la Universidad Pedagógica de Mozambique. En ese país se interesa también en el mejoramiento de la educación básica. Un proyecto suyo para modificar la enseñanza en las escuelas, está en estudio por parte del Gobierno.

Thomas Kesselring ha impartido cursos en diversos países de Latinoamérica, además de Brasil, en El Salvador, Guatemala, Argentina y Paraguay.

Mundialización y ética

Esa experiencia en América Latina lo hizo reflexionar sobre el hecho de que todos los problemas relativos al reparto de la riqueza, a la cuestión ecológica y a la falta de infraestructuras eran cuestiones filosóficas.

“Siempre quise conocer esas realidades diferentes, pero no pensaba que todo podía ser un problema filosófico”, indica. Después de muchas investigaciones, escribió el libro Ética, política y desarrollo humano - La justicia en la era de la mundialización. Actualmente, trabaja en una nueva obra que es una introducción a la ética de la enseñanza y de la educación.

Lo que le quita el sueño

Interrogado sobre lo que le impide dormir, no como filósofo, sino como ciudadano, se tensa. Serio y pensativo, declara: “Estoy preocupado por Siria. Iraq, Siria y Afganistán son conflictos nacidos de una interacción política desafortunada en la que el Occidente está profundamente implicado. La cuestión del clima y de la falta de reacción política me preocupa también. Alemania hace algunos progresos en ese rubro, Suiza también”.

Habla también del acaparamiento de las tierras y de la privatización del agua.  Con actos políticos en relación con esos temas, Thomás Kesselring ya tiene una fama de activista.

Cantante a sus horas

La música es el otro elemento de equilibrio en su vida. Desde hace 11 años es miembro del Coro de Cámara de Berna (Berner Kammerchor). Los ensayos son para él una excelente higiene mental.

Nuestro té al jazmín se ha terminado y la camarera nos anuncia amablemente que el restaurante va a cerrar. La conversación con este pensador, profesor y espeleólogo que mira su cotidiano de manera crítica e interrogativa podría durar todavía horas.


Traducción, Patricia Islas, swissinfo.ch



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