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Fukushima, dos años después El miedo de ser evitados como la peste

Una mujer recupera objetos personales en su casa, que se halla en la zona de acceso prohibido en torno a la central de Fukushima.

Una mujer recupera objetos personales en su casa, que se halla en la zona de acceso prohibido en torno a la central de Fukushima.

(Keystone)

La catástrofe nuclear de Fukushima ha traumatizado a los lugareños. Un psiquiatra de Tokio se ha instalado en la región para ayudar a la población, sobre todo, a reconstruir los lazos sociales que se rompieron tras el accidente.

Arinobu Hori es psiquiatra y trabaja en una clínica de Mianamisoma, a 24 kilómetros al norte de Fukushima Daiichi, donde se produjo la explosión de la central nuclear. Con ayuda de la ONG Minnna no Tonarigumi (grupo de ayuda entre vecinos) que creó, organiza seminarios, comidas, caminatas y otras actividades colectivas para sensibilizar a la población sobre los trastornos psíquicos.

El doctor Hori anima a los habitantes a abrir su corazón y exteriorizar sus emociones, aunque los japoneses son reticentes a mostrar sus sentimientos, “no es costumbre en la cultura tradicional”. Sin embargo, es importante expresarlos, porque puede resultar muy peligroso guardar dentro la desesperación de haberlo perdido todo y esa sensación constante de miedo”, subraya Arinobu Hori, autor de varios estudios sobre la depresión crónica en el contexto sociocultural japonés.

Más de 160.000 personas han abandonado sus casas en la región de Fukushima para protegerse de los riesgos que representa la radioactividad.

swissinfo.ch: Nos impacta el número de mensajes de lectores que hablan de su miedo constante y, sobre todo, de la preocupación por la salud de sus hijos. ¿Observa lo mismo en sus pacientes?

A.H.: Estoy bastante seguro de que todos los habitantes de la prefectura de Fukushima están preocupados, incluso los que no hablan de ello.

Existen diferentes tipos de preocupación: por la salud de los niños a largo plazo, que es la preocupación más grande, pero también por la propia salud. Preocupación causa, además, la radioactividad en los alimentos y el medio ambiente. La idea de que la central podría volver a explotar genera mucho miedo. Finalmente, muchos habitantes de Fukushima temen que la gente de otras prefecturas comience a abrigar prejuicios hacia ellos. Tienen miedo de que los eviten como la peste.

(zvg)

swissinfo.ch: Muchos habitantes cargan esas emociones desde hace dos años y sin duda lo harán durante bastante tiempo. Una situación nunca antes vista en Japón. ¿Qué tipo de enfermedades psíquicas pueden aparecer?

A.H.: Es verdad que la experiencia que vive Japón no tiene precedentes. Vemos que los habitantes que ya padecían algún trastorno psíquico tuvieron una recaída tras la catástrofe, lo cual es fácil de entender. Tenemos también casos de depresión y de adicción al alcohol.

Otro fenómeno que se observó en Kobe en 1995 es que hay gente que muere en el abandono absoluto, sin un ser querido a su lado.

swissinfo.ch: Una mujer entre las personas evacuadas, que fue autorizada a regresar a su casa una vez cada tres meses, nos escribió: “Mientras contemplo el jardín lleno de malas hierbas, pienso en mi futuro. Me han robado mi futuro, hubiéramos podido vivir aquí con mis hijos. Tengo la sensación de asistir a mi propio funeral”. ¿Cómo interpreta usted estas palabras?

A.H.: Perder el lugar de nacimiento y la sensación del vacío total que va asociado a ello es un tema conocido en psicología. Para los habitantes de Fukushima, que desde siempre han cultivado el campo, la tierra natal es un bien absoluto y precioso.

En el caso de esta mujer, es más duro incluso porque se enfrenta a la pérdida cada tres meses. Algunos no soportan esta situación. Recientemente, dos hombres se suicidaron en su casa, a la que acababan de volver.

swissinfo.ch: La gente también estaba preocupada y desesperada cuando se produjo el terremoto en Kobe. ¿Qué convierte el de Fukushima en una catástrofe sin precedentes?

A.H.: La ruptura de la sociedad es un fenómeno propio a Fukushima. Tras una catástrofe natural como la de Kobe, todo el mundo sufre pero al mismo tiempo se une para reconstruir. En Fukushima, la radioactividad ha cambiado todo. Se han roto los lazos familiares y comunitarios.

En algunos municipios, las personas mayores se quedan y los jóvenes se van. Y los cónyuges no siempre comparten la misma preocupación sobre el efecto de la radioactividad y la evacuación. A veces critican a un conocido que abandonó Fukushima. Los montos de las indemnizaciones, calculadas en función del grado de contaminación, también han dividido a los barrios.

Las personas que fueron evacuadas viven ahora en un lugar donde no conocen a sus vecinos. No pueden compartir su preocupación, sus dificultades.

Arinobu Hori

Nacido en Tokio en 1972, estudió Medicina en la Universidad de Tokio y se licenció en 1997.

De 1997 a 1999, trabajó en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Tokio. Luego, hasta 2003, en varios hospitales y clínicas de la capital nipona.

Entre 2003 y 2008, investigó sobre la depresión crónica, sobre todo analizando el mecanismo mental bajo en ángulo sociocultural en el Hospital Universitario de Teikyo, en Tokio.

En 2012, se mudó a Minamisoma, para trabajar en la clínica Hibarigaoka byoin, situada a 24 km al norte de la central nuclear de Fukushima.

Ha creado una organización Minnna no Tonarigumi (grupo de vecinos para todo el mundo) para restablecer los lazos sociales entre la gente, en la que trabaja como psiquiatra.

swissinfo.ch: ¿Cree que las diferentes actitudes frente al peligro de la radioactividad se debe a que las autoridades no han informado de forma transparente y coherente?

A.H.: Así es. Los japoneses tienen la sensación de que justo después de explotar la central, las autoridades ocultaron información.

El accidente en sí fue causado por la mentalidad nipona y, sobre todo, por la de la clase dirigente. Actualmente, Japón es un país muy endeudado, pero los dirigentes no adoptan las medidas necesarias. La sociedad envejece y no ayuda a las jóvenes generaciones. Esta mentalidad de no tomar decisiones, típica de los japoneses, se ha acumulado y se ha evidenciado en el accidente de Fukushima.

Corresponde, pues, a la clase dirigente cambiar su forma de funcionar. Pero a la espera de que eso ocurra (o no), es la población quien tiene que tomar las riendas de su futuro. Es un cambio difícil para una sociedad agraria y muy tradicional como la de Fukushima. Por esa razón me he mudado aquí, para ayudarlos, organizar reuniones, fiestas y reanudar los lazos sociales.

swissinfo.ch: Pero si usted les ayuda a reanudar los lazos sociales para reconstruir grupos con base en el modelo tradicional, la mentalidad no evolucionará…

A.H.: En Fukushima, no busco la solución radical de destruir el sistema de la sociedad agraria tradicional. Actualmente la gente de Fukushima comienza a dar los primeros pasos hacia una reconstrucción, conservando la antigua mentalidad que se identifica completamente con el grupo social de origen. Y la gente está dispuesta a darlo todo por el grupo.

Si consigo ayudarlos a encauzar las mentalidades hacia la independencia preservando los aspectos positivos de la sociedad arcaica, me daré por muy satisfecho.


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch

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