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Lutier


"Mi desafío: hacer sonar las maderas como imagino"


Por Alexander Thoele, Basilea


 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Jorge Sentieiro es un hombre preocupado por el sonido correcto, sobre todo si proviene de alguno de los instrumentos históricos que construye con sus manos. Este portugués, radicado desde hace más de veinte años en Suiza, tiene todo los rasgos de un artesano medieval a pesar de ser un verdadero fanático del rock.

El taller se esconde en el subsuelo de un edificio residencial en un barrio tranquilo, no muy lejos del centro de Basilea. Ningún ruido se filtra detrás de la puerta. Al abrir, Jorge Sentieiro presenta el pequeño espacio en el que trabaja prácticamente todo el día  y donde invita al interlocutor a sentarse en un viejo sillón.

A primera vista, el visitante se siente como en el cuarto de un alquimista caótico. Diversos instrumentos históricos y extrañas estructuras de madera parecidas a esqueletos de animales cuelgan de las paredes, flanqueadas por estanterías llenas de herramientas, dibujos y afiches de conciertos de música clásica. Sobre otras mesas de trabajo, dispersas por toda la habitación, se ubican máquinas, recipientes, notas, libros e incluso algo que parece ser el comienzo de un laúd, con  horquillas de madera que sujetan el cuerpo, recién pegado, con forma de pera. Es necesario estar muy atento al caminar, para no resbalar en un piso lleno de virutas de madera.

El portugués, de 51 años,  cuenta que nació en Lisboa, pero pasó buena parte de la adolescencia en Brasil. En su memoria aparecen ciudades caóticas  y con  aire contaminado - nada agradable para un asmático como él-  pero también recuerdos de un país lleno de música. Del tocadiscos casero brotaban composiciones de Caetano Veloso a João Gilberto, pero también de rock progresivo, grupos como Pink Floyd o Génesis, los cuales escucha con agrado todavía hoy. “A mi padre le gustaba mucho la música”, recuerda. Tal vez ésa haya sido la influencia que llevó a Jorge, después de regresar con su familia a la tierra natal, a estudiar literatura inglesa en la Universidad de Lisboa, y laúd y guitarra en el conservatorio capitalino.

Portugal de los años 1980, década de transición entre la Revolución de los Claveles y la integración a la Unión Europea. Con sus diplomas en mano, Jorge Sentieiro comenzó una carrera de músico. Su especialidad eran las composiciones del Renacimiento. Sin embargo, como todo  portugués, que parece nacer ya con espíritu de aventura, subyugado por las rimas del poema de Fernando Pesoa Navegar es Necesario, Jorge vivió la  nostalgia de conocer otros puertos, en particular “puertos  musicales”.

La tierra de Bach

Su viaje lo llevó en 1987 a Stuttgart donde pasó dos años para aprender alemán. Durante un curso de verano para músicos conoció a Hopkinson Smith, uno de los especialistas en laúd más importantes del mundo. La perspectiva de continuar el estudio del instrumento hizo que se trasladara a Basilea, Suiza,  donde el estadounidense daba clases desde hacía casi cuatro décadas en la prestigiosa Schola Cantorum Basiliensis.

Vivió un verdadero amor a primera vista con la apacible ciudad a las orillas del río Rin, que se convirtió en un ambiente perfecto para su cotidianeidad y donde la cultura está en todas partes, en proporción inversa al número de autos de sus calles.

Sin embargo, la vida de un laudista no es fácil. El instrumento de origen árabe que llegó a dominar las cortes europeas durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, se mantiene hoy en el  nicho muy exclusivo de la música erudita. Además de las clases particulares y los conciertos para audiencias selectas, un músico como él tiene pocas opciones profesionales.

Esa realidad motivó a Jorge a buscar una alternativa, la que surgió de su curiosidad por conocer la forma en que están construidos los instrumentos.

Jorge se convierte en un lutier, es decir, en un artesano de instrumentos de cuerda de talla pequeña. Pero, ¿cómo lo logró?, preguntamos. Nuestro interlocutor  señala una enorme ilustración colgada en la puerta: un viejo plano  de 1680 de la construcción de una guitarra del mítico Antonio Stradivari. Con humildad, el portugués cuenta que ha hecho varias copias, sin olvidar de tallar un rosetón en la parte superior de la abertura circular de los instrumentos de cuerdas para asegurar la resonancia. 

Libros para la inspiración

El secreto: para aprender a construir instrumentos, escogió la vía autodidacta. La primera fuente de su aprendizaje fueron los libros  aprovechando que Basilea, una verdadera Meca europea de la música clásica, cuenta con buenas bibliotecas especializadas y archivos de antiguos manuales de fabricación de instrumentos.

Su primera obra fue un laúd, fabricado en la cocina. Percibió que el resultado fue insuficiente. El segundo sonaba mejor. Luego vino otro y hoy  ha perdido la cuenta de cuantos ha fabricado. Todos implicaron el mismo desafío y un exigente espíritu profesional: cada instrumento debe sonar mejor que el otro.

Errores, aciertos, hasta llegar al punto de sentirse orgulloso de cada laúd que fabricó. Elige personalmente la madera golpeando con los nudillos de los dedos cada tabla para escuchar el sonido que producen. La pega es de origen animal, como se usaba en el pasado. Prefiere la hecha con piel de conejo. 

¿Es suficiente aplicar  la receta para lograr un instrumento perfecto? Jorge Sentieiro responde: “el mayor desafío para mí, como lutier, es hacer con las maderas el sonido que imagino y deseo. No obstante, la madera es una material irracional y es uno el que tiene que fabricar el sonido”.

Sin embargo, puede engañarse el que piensa que un lutier utiliza un barniz especial o una fórmula secreta como la de Stradivari. El portugués no cree en magias, sí en cambio en la edad de la madera que con el tiempo se va condensando y gana una mejor tonalidad. Un instrumento de cuatrocientos años suena mucho mejor que uno recién fabricado.

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Vida de objetivos

Cada laúd fabricado en el taller de Jorge es como una obra de arte.  Después de terminarlos, los acaricia y ejecuta una primera composición para escuchar el sonido que sale de su cuerpo. Puede ser Bach, que según su parecer es uno de los compositores más difíciles a ejecutar por su complejidad. Si termina de fabricar un instrumento renacentista, puede tocar Francesco Canova da Milano, compositor italiano de inicios del Siglo XVI.

Al colgarlos en la pared o mirarlos no esconde la admiración que siente. “El laúd es un instrumento bonito por su apariencia y por la música que produce”, dice. Pero su fascinación no se explica solamente por una cuestión de estética, sino también debido a  las características especiales del instrumento. “Es una pequeña maravilla de construcción, pues tiene una tensión de cuerda de hasta sesenta kilos, mientras que el instrumento pesa solamente entre un kilo y kilo y medio. Soporta una gran tensión a pesar de su contextura. Esto se logró en el transcurso de muchos siglos: el desarrollo del instrumento permitió que se llegase a esta perfección de construcción y de sonido”.

Jorge no es supersticioso. Si algo no funciona bien, vuelve a trabajar los detalles del interior. La pega puede ser derretida. Cuando endurece, se convierte casi en un vidrio, con la consistencia perfecta para dejar transmitir los tonos a través del cuerpo de la madera.

La soledad no es un problema. Bien al contrario, es deseada. Durante el trabajo, casi no escucha música. Necesita estar muy atento a los ruidos más sensibles del material con el que trabaja. Después de un día de labor, le gusta volver a casa y dedicarse a las pasiones que ganan espacio con la experiencia de vida: aprender lenguas clásicas como el griego y el latín y también la pintura, sean copias de naturalezas muertas antiguas o producciones propias.

Portugal continua en su corazón, pero está lejos de su práctica. Con su esposa francesa y su hijo de 18 años pasan las vacaciones en su país natal aprovechando las delicias de la cocina. Sin embargo, en Basilea no frecuenta los clubes de los inmigrantes, pues se siente sobre todo un ciudadano del mundo. Ocupar el tiempo es muy fácil para él.

En un rincón del taller, apoyado entre dos puentes, descubrimos un clavicordio semi terminado. El portugués explica que se trata del regalo de cumpleaños para su esposa. Pero el polvo que cubre el instrumento indica que falta mucho para terminar su trabajo. “Nunca dije que sería para su próximo cumpleaños”, advierte entre risas ríe. Cosas de un lutier...


Traducción, Sergio Ferrari, swissinfo.ch



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