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Ofrendas a la Pachamama


Mirada suiza a cosmovisión andina


Por Félix Espinoza, La Paz


El aroma singular de la hierba ‘k’oa’ y otros componentes de la “mesa” (derivación sincrética de misa) cubre la atmósfera de hogares, cumbres, empresas, cultivos y minas en cada agosto de agradecimiento a la Pachamama, deidad cotidiana que protege y provee en la concepción espacio-tiempo de las culturas autóctonas andinas.

Quema de las ofrendas a la Madre Tierra en la sede del Palacio Legislativo en La Paz.  (Cortesía de Selwin Paniagua)

Quema de las ofrendas a la Madre Tierra en la sede del Palacio Legislativo en La Paz. 

(Cortesía de Selwin Paniagua)

“Creo que los rituales son necesarios para mantener el equilibrio entre lo material y lo espiritual”, señala convencida Francine Secretan, escultora suiza radicada en Bolivia desde hace 40 años. Sus entrañas dan vida, pero también pueden quitarla si no es retribuida, explica por su parte el kallawaya (sabio curandero aymara)Luís Adolfo Naygua refiriéndose a esta época de siembra en el campo.

En este mundo globalizado, moderno, marcado por Internet y los avances tecnológicos, países como Bolivia reviven ritos ancestrales heredados de las culturas aimara y quechua. Valorada en la Constitución del Estado plurinacional y reconocida por la ONU con un día especial, la Pachamama es referencia en la vida de la gente modesta o acaudalada.

Una cita ineludible

Obreros, amas de casa, empresarios, intelectuales, campesinos, mineros e incluso algún extranjero acuden en estos días de agosto  a la ‘chiflera’ que se encarga de preparar la ‘mesa’  dulce compuesta en general de una hoja de papel blanco, k’oa, mirra, incienso, sullu (feto de llama), tablillas dulces con relieves de lo que desean: casa, automóvil, trabajo, etc. y lanas de distintos colores.

El alcohol y las hojas de coca forman parte del ritual celebrado por el yatiri, kallawaya o jampiri (curanderos indígenas). La ofrenda es quemada por el sabio en una cumbre nevada, en el campo o en una casa privada. El yatiri o kallawaya interpreta luego el resultado del ritual.  A juicio de Luís Nagua se combate también a los ‘wakas’ o ‘sajras’ , espíritus malignos representados por algunos animales.  Antiguamente, señala, se usaba sangre de llama para rociar en la mina o en el campo. Hoy ya no se lo hace.

“La vida fluye entre dos ríos: uno material y otro espiritual. Creo que hemos olvidado el ‘allajpacha’ el mundo superior”, precisa la escultora Secretan destacando la importancia y belleza de estos rituales, aunque lamenta que la gente pida cosas materiales y olvide aspectos esenciales. “Yo creo que pocos piden que haya menos violencia, menos corrupción y paz en el mundo”.

Fieles a la tradición, diputados y senadores también agradecieron a la Pachamama por los bienes recibidos y pidieron la continuidad del proceso de cambio encabezado por el presidente Evo Morales. “Quienes estamos concluyendo la gestión agradecimos el haber podido trabajar en esta Asamblea Legislativa”, dijo a swissinfo.ch., el diputado del Movimiento al Socialismo Pascual Guarachi. 

A gusto con el sincretismo

El afán de “extirpar las idolatrías”  en la Colonización forzó el mestizaje de aquellas culturas politeístas, animistas y paganas con las llevadas de Europa, sobre todo con la religión católica.  Por eso hoy no extraña que los ‘saumeríos’ ‘ch’allas’ (retribución) y otros ritos formen parte de las festividades religiosas populares marcadas por la fe y la presencia de componentes mundanos como son el alcohol y los bailes.

Las fiestas de las Vírgenes de Copacabana,Urcupiña o del Cármen se asocian con la devoción a la Pachamama, y las de algunos santos con las tradiciones ancestrales de la cosmovisión andina. Esa religiosidad popular sincrética es aceptada y practicada por gran parte de la población católica.

La rápida expansión de las iglesias evangélicas en Bolivia frenaron en cierto momento estas costumbres, pero la llegada al poder del primer presidente indígena, Evo Morales, ha reinstaurado con más firmeza la recuperación de las tradiciones andinas.

Espiritualidad en Suiza

“Cada rincón de la tierra es la expresión de las leyes de la naturaleza y esas leyes son los dioses: el dios del agua, el dios del viento, de tantos elementos de la naturaleza”, refiere Francine Secretan atraída por la cultura andina.

Una muestra de ello es el espacio ritual que ha hecho en La Cumbre (4.600 m.sn.m) con dos esculturas que simbolizan La puerta del silencio y el astro rey. El sitio invita al encuentro de nativos y visitantes con lo misterioso y mágico de lo ancestral.

Cada espacio es un universo y los símbolos tienen universalidad. “Yo pensaba que la cruz andina era de aquí, de Bolivia, fui a la India y encontré exactamente el mismo símbolo. El hombre siempre está creando símbolos que son universales”, precisa.

A juicio de la escultora, Europa se ha guiado mucho por el dinero, pero ahora está reencontrándose con las cosas más profundas, con la espiritualidad. Esa corriente es también notable en Suiza, donde mucha gente en los hospitales acude a otras energías. “Suiza es un país que parece ser muy racional, pero hay una infinidad de movimientos que se están manejando más intuitivamente”.

Visitante desde hace 25 años a un yatiri en Charazani, el pueblo de los Kallawayas (sabios curanderos), sostiene que la intuición y la percepción de ciertas personas con ese don es remarcable en su trato con nacionales y extranjeros que acuden a ellos en busca de cura.

“Los kallawayas, somos conservadores, trabajamos con lo que nos han heredado los incas. Curamos a todos, hasta a los extranjeros, no diferenciamos quien es ckara (blanco). Para nosotros todos son iguales, por eso habla de la humanidad”, enfatiza por su parte el kallawaya Luís Adolfo Naygua.

Llegada a Bolivia por aquel impulso de rebeldía del 68, Francine Secretan se quedó fascinada por “tantas cosas cósmicas, la inmensidad y los rituales de la cosmovisión andina” que le permiten estar en armonía consigo misma.

Patrimonio de la Humanidad

El “tío” es un símbolo infaltable en las minas porque se le considera protector de los mineros. A semejanza de las ofrendas hechas a la Pachamama, se le ofrece ‘mesas’, coca, alcohol y otros elementos para contar con su benevolencia.

“En la mina el tío es como un dios.  En el mes de agosto le damos las ofrendas. Eso lo hacen las grandes empresas mineras, las chicas y las cooperativas mineras, porque sino el tío castiga”, sostiene el kallawaya Naygua.

Curva a Charazani, es la cuna de los kallawayas en La Paz y es considerado por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

La ofrenda a la Pachamama tiene vigencia en las áreas andinas de Bolivia, Ecuador y Perú, así como en el norte de Chile y el norte de Argentina.

Tata Inti (rey sol), Quilla (luna), Mamacocha (mar) e Illapa (trueno) y Pachamama son algunas deidades de la Cosmovisión andina.

Agosto es el mes dedicado a la recuperación y agradecimiento a la Tierra. Los rituales de agradecimiento está a cargo de los yatiris, kallawayas (sabios curanderos).

El Año Nuevo Aymara fue instaurado por decreto supremo en el año 2009. Se lleva a cabo cada 21 de junio en las ruinas de Tiwanaku, coincidiendo con el inicio del solsticio de invierno.

El mestizaje de las culturas ancestrales andinas con las influencias religiosas de Europa conviven gracias a un sincretismo practicado.

swissinfo.ch

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