El pueblo suizo que habla portugués


Por
Alexander Thoele, Täsch


En horas de trabajo, Täsch parece un pueblo deshabitado.

En horas de trabajo, Täsch parece un pueblo deshabitado.

(swissinfo.ch)

Täsch, cerca de la estación de Zermatt (Valais), cuenta más extranjeros que suizos. La gran mayoría viene de Portugal. La convivencia no siempre es fácil, pero las medidas de integración implementadas por autoridades e inmigrantes muestran que es posible un equilibrio.

Millares de turistas vienen cada año a Zermatt para admirar el Cervino. Esta montaña es uno de los símbolos de Suiza. Sin embargo, el visitante atento no tarda en advertir que la inmensa mayoría de los trabajadores locales no vienen de Suiza. Son inmigrantes quienes laboran discretamente entre bastidores para lograr el buen funcionamiento de esta máquina turística.
 
“El 80% de entre ellos vienen de Portugal”, precisa Christof Bürgin, alcalde de Zermatt. Los portugueses están presentes en esta región desde los años 80. Esta mano de obra, en gran parte sin cualificación, viene a las regiones turísticas de los Alpes en busca de empleo.
 
Los acuerdos de libre circulación de personas, firmados entre Suiza y la Unión Europea, les permiten instalarse en la Confederación de manera permanente con su familia. Y la crisis económica que atraviesa Portugal ha aumentado considerablemente el flujo migratorio.
 
La altitud de Zermatt y la falta de viviendas en la estación alpina obligan a los trabajadores a instalarse más lejos. El resultado es que algunos de los pueblos vecinos, como Täsch o Randa, cuentan ahora más extranjeros que suizos. Actualmente en Täsch hay 562 suizos y 742 extranjeros, entre los cuales, 481 portugueses.

Problemas de integración

La fuerte proporción de extranjeros se resiente en el cotidiano de la población local. “En Navidad, mi hijo aprendió a  cantar ‘Noite Feliz’, (Noche de paz) pero no conoce esa canción en alemán”, relata Claudius Imboden, en alusión al gran número de niños lusófonos en el sistema educativo de la región. De los 150 niños inscritos en las escuelas infantil y primaria de Täsch y Randa, 84 tienen el portugués como lengua materna y apenas 32 el alemán.
 
Miembro del Ejecutivo de Täsch, Claudius Imboden considera que el contacto con portugueses es bueno. Admite sin embargo que existen pocos lazos. “Es frecuente cuando hay una concentración fuerte de personas de la misma nacionalidad en otro país. Acaban por tener una vida separada con sus propias asociaciones, sus propios restaurantes y sus propios lugares de encuentro”.  
 
Cuando se le pregunta sobre si los portugueses están integrados, pide algunos segundos para reflexionar: “Es muy difícil responder”, señala. Según el consejero municipal, el principal problema de la comunidad portuguesa es su escaso conocimiento del alemán y su poca participación en los asuntos de la comunidad.
 
Un ejemplo: el municipio invitó recientemente a los padres de familia portugueses con el fin de explicarles la oferta de acompañamiento de los niños para parejas que trabajan, pero nadie acudió a la velada de información. “No sabemos si no entendieron la invitación o no necesitan ayuda”, declara Claudius Imboden.
 
Frente a las crecientes dificultades, las autoridades locales decidieron una serie de medidas para acercar a las dos poblaciones. “En noviembre de 2010 creamos un puesto de delegado a la integración que se encarga de coordinar diferentes proyectos: cursos de lengua e integración, actividades sociales, como encuentros entre asociaciones y fiestas” , declara el consejero municipal. 

Un corazón, dos casas

Los cursos de lengua son muy solicitados. “Más de cuarenta personas participan actualmente en el curso, el segundo que organizamos”, indica Patricia Zuber, delegada a la Integración de las comunas de Randa, Täsch y Zermatt. A su lado se encuentra Yolanda de Carvalho, de 36 años. Esta mujer es una representante típica de la comunidad lusófona del pueblo.
 
Nacida en Aveiro, en el norte de Portugal, llegó a Täsch hace quince años para reunirse con sus parientes que vivían desde hacía tres décadas en la región. En la época de su llegada, era todavía difícil escuchar portugués en las calles del poblado. “Solamente había tres familias portuguesas”, recuerda. En los últimos seis años fue cuando el número aumentó”.
 
En agosto de 2010, con otros compatriotas, Yolanda de Carvalho fundó la Asociación de Lengua y Cultura Portuguesas de Täsch, que preside actualmente. Uno de los primeros proyectos de la asociación fue la realización de un libro con los textos de los alumnos de la escuela portuguesa de Täsch. El título escogido resume bien cómo se sienten en Suiza los jóvenes emigrantes: ‘Um coração com duas casas  (Un corazón, dos casas). La asociación busca también estimular la participación en los cursos de alemán. 

Cambio de mentalidad

Para las autoridades de Täsch, un problema común de los emigrantes portugueses es no únicamente el bajo nivel educativo, sino también el poco valor que atribuyen a las oportunidades de formación. “La cooperación con los padres de los niños portugueses necesita ser mejorada en ambos sentidos”, afirma Pino Mazzone, director de la escuela primaria de la región de Zermatt.
 
Yolanda de Carvalho también considera que numerosos inmigrantes portugueses no ven una formación profesional técnica o superior como una alternativa para sus hijos.
 
“Son trabajadores que tienen la costumbre de decir en su casa que el hecho de que no fueran a la universidad no les impidió poseer una casa en Portugal, coches y otros bienes. Para ellos, sus hijos deben comenzar a trabajar lo más pronto posible, más aún cuando nacidos en el país, dominan el alemán y pueden tener empleos más rentables”, observa.
 
Cambiar las mentalidades es un trabajo de convicción a largo plazo. Pero las autoridades de Täsch consideran que el municipio lo debe a los portugueses. “Gracias a esta comunidad logramos conservar nuestra escuela, aquí en el valle”, declara Claudius Imboden.

Invitación personal

A pesar de las dificultades, la integración de los portugueses mejora. “Invierten aquí, comprando casas o montando pequeños comercios. Muestran que vinieron para quedarse”, anota Claudius Imboden. Por otro lado, empiezan a tejer lazos con la población local.
 
Cuando los portugueses organizaron su primera fiesta de Navidad, hace dos años, prácticamente no había nadie exterior a la comunidad. “Yo era la única suiza presente”, recuerda Patricia Zuber.
 
Pero para Navidad 2011, el Club portugués decidió convidar a toda la población. “El alcalde, los miembros del consejo municipal y algunos empleados municipales vinieron”, señala la delegada a la integración. Para la próxima vez, sugirió que la invitación sea personal: “Los suizos son un poco tímidos y no saben si realmente son bienvenidos”.

Inmigración portuguesa

Según la Oficina Federal de Estadísticas, unos 212.600 ciudadanos portugueses vivían en Suiza a finales de 2010. Desde 2006, esta comunidad aumenta en cerca del 10% por año: 174. 200 (2006), 183.000 (2007), 196.800 (2008), 206.000 (2009).
 
Actualmente, los portugueses representan la tercera comunidad extranjera en Suiza (12%), detrás de la italiana (16,3%) y alemana(14,9%).
 
Los primeros rastros de la presencia portuguesa en Suiza se remontan a mediados del siglo XX. Se trataba de estudiantes e intelectuales que querían escapar del salazarismo. Se concentraban sobre todo en la región de Ginebra.
 
Una primera gran ola de inmigrantes portugueses llegó a Suiza en los años 80 con estatuto de ‘trabajadores temporales’; principalmente empleados en los sectores de la restauración, la hostelería y la agricultura.
 
Hoy, con los acuerdos de libre circulación de personas, concluidos entre Suiza y la Unión Europea, los portugueses pueden libremente trabajar e instalarse en Suiza.


(Traducción: Marcela Águila Rubín) , swissinfo.ch



Enlaces

×