Suiza y las armas Fusiles por doquier, más de los que se cree

(Keystone)

En Suiza hay armas por todas partes. Sería el tercero de los países con más armas de fuego en el mundo, después de Estados Unidos y Yemen. Pero la cifra es todavía incierta: no todas están declaradas y el país carece de un registro central.

¿Cuántos rifles, fusiles de asalto, pistolas y revólveres duermen en armarios empotrados, cajones, sótanos y desvanes que preceden a las chimeneas o entre los muros de los hogares helvéticos? Nadie sabe con exactitud.

La izquierda sostiene que son demasiadas. En 2007, las asociaciones de víctimas y de defensa de los derechos humanos, el grupo Por una Suiza sin Ejército, los sindicatos y los Verdes lanzaron una iniciativa popular para limitar el acceso a las armas. El 56,3% de los ciudadanos rechazó el texto propuesto en la votación celebrada en 2011.

Los promotores de la iniciativa citaban entonces 2,3 millones de armas de fuego en todo el país, equivalentes a 29 por cada 100 habitantes. Según Small Armes Survey –proyecto de investigación del Instituto de Altos Estudios Internacionales y de Desarrollo de Ginebra–, la cifra ronda los 3,4 millones; es decir, 42 armas por cada 100 habitantes.

No cabe duda que solo una pequeña parte de ese arsenal fue comunicada a las autoridades correspondientes. La suma de todas las armas inscritas en los registros cantonales serían más o menos 600.000 unidades. “Hay muchas más armas sin registrar que las que creen los políticos”, confirma Pierre-Alain Dufaux, armero de la región de Friburgo.

Un registro en 2014

La creación de un registro central fue una de las reivindicaciones que planteaba la iniciativa para el control de las armas. Al día siguiente de la derrota en las urnas, los responsables de las policías cantonales manifestaron su intención de dar una solución alternativa, interconectando los registros que cada cantón tiene desde 2008. Los mismos contienen, desde luego, solo las armas vendidas, regaladas o heredadas y las armas de ordenanza que los soldados decidieron conservar al término de su servicio posterior a esa fecha. Eso es todo.

 

Dos años después se sigue esperando la interconexión anunciada y crece la impaciencia de la Comisión de Política de Seguridad del Parlamento. “Inmediatamente después del rechazo de la iniciativa nos pusimos manos a la obra, pero nadie dijo nunca que lo haríamos en dos o tres meses”, señala Roger Schneeberger, secretario general de la Conferencia de Directores Cantonales de Justicia y Policía (CCDJP).

Los sistemas varían mucho de un cantón a otro, desde la base de datos hasta la simple página de Excel. “Debimos decidir cuáles son las informaciones a incluir en la futura plataforma y armonizar los códigos para que cada uno sepa enseguida de qué arma se trata y haga las averiguaciones pertinentes en alemán, francés o italiano”, precisa Roger Schneeberger.

Y como las legislaciones varían de un cantón a otro hizo falta lanzar una revisión de la ley federal. La interconexión estará previsiblemente lista en 2014. Además, Suiza no tendrá retraso con respecto a Europa, donde una directiva ordena que los Estados creen esos registros en el plazo señalado. “La UE no prescribe necesariamente registros centrales”, precisa el secretario de la CCDJP. “Nuestros registros cantonales ya satisfacen las exigencias de Bruselas”.

Pero no las de los policías. Cuando ellos deben, por ejemplo, intervenir ante una persona que reside en otro cantón, “les sería muy útil poder verificar con pocos  golpes de ratón si esa persona posee armas y cuáles”, ilustra Roger Schneeberger.

La CCDJP parece ir incluso más lejos. Alertada por el tiroteo de Daillon a principios de este año, el 1 de febrero remitió a la Comisión de Seguridad de la cámara baja del Parlamento una solicitud para incluir en la modificación de la ley la obligatoriedad de registrar la tenencia de armas en Suiza, entre ellas las adquiridas antes de 2008, y multar a los que incumplen esta norma.

Un muerto por día laborable

Según las cifras publicadas por la Oficina Federal de Estadística en el 2010, antes de que se votara la iniciativa sobre las armas, el número de muertos por bala en Suiza disminuyó constantemente en los primeros años del siglo XXI: de 466 en 1998 pasó a 259 en 2008 (últimos datos completos disponibles).

Las matanzas son más bien raras en este país, donde las armas están esparcidas por todas partes. La más grave tuvo lugar en septiembre de 2001: un desequilibrado en conflicto con las autoridades abatió a 14 miembros del Parlamento cantonal de Zug. La más reciente data del 2 de enero de 2013: tres muertos y dos heridos en el pueblo valesano de Daillon por la acción de un hombre que quería “arreglar un problema familiar”.

La violencia de las armas no hace mucho ruido en los medios helvéticos, porque la inmensa mayoría de los casos son suicidios, y de estos hechos no se habla por principio. En 1998, 413 personas se quitaron la vida con un arma de fuego. En  2008 bajó a 239, aunque el número total de suicidios se mantuvo bastante estable entre 1.300 y 1.400 por año. Suiza es segunda en la clasificación mundial de suicidios con arma de fuego, después de Estados Unidos.

Orgullosos y armados

Los registros no gustan a Pro Tell. Coleccionista apasionado y miembro de esta asociación que milita “por un derecho liberal a las armas”, el periodista Frank Leuteneger manifestó recientemente en Infrarouge, emisión de debate en la televisión suiza de habla francesa, que desconfía de los inventarios de armas, “porque históricamente preceden siempre a una confiscación”.

En la web de Pro Tell, cuyos dirigentes no respondieron a nuestra solicitud de entrevista, se pueden leer  argumentaciones como la siguiente, publicada durante la campaña contra la iniciativa para el control de armas: “Registrar es fichar. Como si no estuviéramos ya suficientemente fichados en nuestro país. (…) El gran peligro es que varios poseedores de armas legales -que no representan riesgo alguno-, pasen a estar fuera de le ley por negarse al registro y sean punibles”.

Josef Lang, historiador y antiguo diputado de los Verdes, ve raíces muy profundas en esta alergia al registro de armas: “El llevar un arma en este país ha sido durante mucho tiempo una cuestión de honor. En el antiguo régimen, por ejemplo, solo los hombres armados tenían el derecho de participar plenamente en una Landsgemeinde (asamblea popular de un cantón o de un municipio). Por lo tanto, pedir a los tiradores que registren sus armas es casi una afrenta, es casi como considerarlos personas dudosas”.

Josef Lang se suma a otras voces de la izquierda que denuncian la lentitud del campo conservador en reformar la legislación y el poder del “lobby de las armas” (grupo de presión). Pro Tell cuenta con apenas 7.600 miembros, “pero están muy arraigados. Y aún sin ser miembros de esta agrupación, varios políticos asisten a sus asambleas. Y no van únicamente los de la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora), sino también los de la derecha tradicional y de centro derecha”.

El grupo de presión de las armas no se limita a Pro Tell. En este país, donde el ciudadano-soldado debe cumplir cada año sus ejercicios de tiro obligatorios, la Federación suiza de Tiro es la tercera federación deportiva nacional más grande. Tiene 175.000 miembros activos; es decir, muchos más que la de los esquiadores y apenas dos veces menos que la de los futbolistas.

Dramas familiares

Un estudio publicado a principios de 2013 por investigadores del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna –asociados con el profesor de Criminología Martin Killias de la Universidad de Zúrich-, señala que las armas de fuego tienen eco particular en la prensa, cuando se trata de los denominados “dramas familiares”. Es el caso de un miembro de la familia (con frecuencia, el padre) quien mata a uno o varios antes de quitarse la vida.

Los autores concluyen que los dramas suelen explicarse por “las condiciones de vida asociadas a un estrés psicológico y a la falta de apoyo social”. En lo que respecta a las armas de fuego, los investigadores señalan que están presentes en “prácticamente todos los casos estudiados”. Consideran, por otra parte, que sus conclusiones se suman al número creciente de pruebas cuyo tenor sugiere que un acceso restringido a las armas de fuego permitiría evitar al menos algunos casos de tragedias asociadas con el homicidio y el suicidio”.

Registrar o entregar

“Nos gustaría reducir a menos de un millón el número de armas en Suiza, de aquí a 2020”, sostiene Joseph Lang. “Para lograrlo hace falta una campaña nacional amplia, metódica, de varios meses, tal como las de Stop Sida; de manera que al final de ellas nadie ignore el problema”. Los Verdes se disponen a intervenir en este sentido en los Parlamentos cantonales y en el Legislativo federal.

El mensaje sería sencillo: “Regístrela o entréguela”. El objetivo es hacer que, por ejemplo, las personas que heredaron un arma y no la usan, la vendan o la entreguen. El comprador será obligatoriamente registrado si la venta se realiza mediante una armería. Los deportistas, cazadores y coleccionistas serían forzados a inscribir sus armas. Después de un plazo para hacerlo, todas las armas que no fueron registradas pasarían a ser ilegales.

Eso es lo que teme exactamente Pro Tell. Y hace apenas dos años, más del 56% de los suizos apoyaron sus argumentos.


(Juan Espinoza), swissinfo.ch



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