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Terapeuta y médium


"La energía de las personas no tiene secretos"


Por Luigi Jorio, en Collex-Bossy


 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Claudie-Anne Irondelle se sentía extraña. Pensaba que estaba loca o poseída. Un día lo entendió: la facultad de leer el alma de las personas era un regalo del destino. Una capacidad que utiliza para ayudar a la gente a superar momentos difíciles en la vida.

“Cuando me conecto como médium con alguien, me vuelvo esa persona. Percibo sus emociones, su miedo, su sufrimiento, lo que vive. Es como sintonizar la frecuencia justa en la radio”, afirma Claudie-Anne Irondelle. La mujer de 38 años, vestida con vaqueros y una camisa de manga larga, tiene una apariencia totalmente común y corriente. Ciertamente, una que no tiene nada que ver con el estereotipo clásico de la vidente.

Un estrecho camino conduce a las escaleras que dirigen a un semisótano donde se encuentra el estudio de Claudie, en Bolly-Bossy, en la provincia ginebrina. Allí no se ven ni esferas de cristal ni talismanes. Nuestra interlocutora se define como una “médium pura”, y por esta razón no requiere de herramientas. Su único apoyo es un cuaderno en el que anota las impresiones asociadas a sus clientes. Un nombre o una fotografía son suficientes, dice. “Escribo todo lo que percibo. Las personas son como un libro abierto: su energía no tiene secretos”.

Hablar de un “poder especial” no le convence. Ese término supone una superioridad que Irondelle rechaza. Lo suyo es más bien una “cualidad” que emplea para trabajar el pasado y el presente. “Quiero ayudar a la gente a avanzar en su vida. Pero no digo lo que requiere o no para ello: cada uno es el artífice de su futuro”.

Claudie-Anne Irondelle, casada y con dos hijos, ha decidido seguir un camino bien preciso, aun cuando no haya resultado tan fácil la elección de dedicarse profesionalmente a ser un médium. La decisión le ha costado, confiesa quien se define como “una mujer ordinaria y cartesiana”.

Ave de mal agüero

Claudie-Anne nació en Ginebra, pero se crió en el cantón de Vaud, donde no tuvo una infancia sencilla. Sus reacciones ante amigos y familiares ponían a sus progenitores en predicamento. “Intuía inmediatamente con quién tenía que ver: sabía de quien debía desconfiar, pese a la apariencia amable. Preanunciaba noticias brutales, como decesos o accidentes. Parecía una ave de mal agüero”.

“Me decían que era rara. En cierto momento me pregunté si estaba loca”, recuerda. La abuela, particularmente creyente, pensaba que era la obra de satán. La llevó a la iglesia, pero no cambió nada. Un día, con doce años, Claudie-Anne Irondelle vive aquello que considera uno de los momentos que más han marcado su vida. En compañía de una amiga, se dio cuenta de que dentro de sí misma ocurría algo muy extraño.

“Estábamos en mi habitación cuando escuchamos pasos en la habitación contigua. Le dije que eran de mi abuelo difunto. Intempestivamente sentí una energía increíble liberarse de mi cuerpo. Mi amiga sentía el calor que salía de mis manos. Tenía miedo. Mi madre entró poco después a la habitación y dijo: ‘Pero qué calor hace aquí adentro. ¿Qué hicieron?’ Para mí fue la prueba de que todo esto no eran imaginaciones mías”.

El secreto de los sanadores

El “secreto” es una práctica de sanación ancestral a través de la oración. Se cree que con rituales y fórmulas particulares se puede aliviar toda una serie de enfermedades, desde achaques hasta quemaduras.

Muy difundido en la región de Jura, el “secreto” se practica en las regiones católicas de los cantones de Friburgo, el Valais, Appenzell y la Suiza central.

La importancia que la medicina científica confiere a los sanadores es difícil de estimar. En los consultorios y hospitales suizos pueden encontrarse listas telefónicas de estos curanderos.

En 2012, la práctica del “secreto” en los cantones del Jura y Friburgo fue inscrita en la Lista de las Tradiciones Vivas de Suiza.

La lista es resultado de la aplicación del Convenio para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, ratificado por Suiza en 2008.

Fuente: Oficina Federal de Cultura

Poner la mente en pausa

Al término de la escuela obligatoria, Claudie-Anne vuelve a Ginebra para asistir a la Escuela de Cultura General. Realiza una formación profesional como secretaría en consultorios médicos, y trabaja algunos años en el ámbito de los diagnósticos precoces de tumores, antes de pasar al sector de las aseguradoras. “Me escondí en trabajos convencionales para sentirme normal”, se justifica.

A los 33 años, tras el periodo de ausencia laboral por maternidad, “tengo dos opciones: volver como secretaria o finalmente sería yo misma”. Siguiendo el consejo de su marido, decidió la segunda opción y obtuvo un diploma como terapeuta especializada en masajes energéticos Reiki. “Me dije que un certificado podía, en cierto sentido, tranquilizar a los clientes: con este documento probablemente se dirigirían a mí con menos temores”.

Claudie-Anne Irondelle recibe una decena de personas a la semana. Una sesión de hora y media cuesta 130 francos. Trata muchos casos de depresión y burnout. También personas con problemas relacionales o determinadas enfermedades buscan su ayuda. Con frecuencia, muchos de sus pacientes no requieren de decir nada.

“Hablo yo en base a lo que percibo sobre el nombre o la fotografía. Digo las cosas en modo muy directo, algo que a veces puede turbarles un poco”. Durante la sesión, prosigue, la mente se “apaga” y no está condicionada por juicios o razonamientos. “Un médium funciona de modo opuesto al habitual, en el que tenemos el control. Es como poner la mente en pausa”.

Su intención no es enjuiciar la vida de la persona. Su apoyo se limita a describir el problema y a definir la causa. “Saco todo lo sucio del armario. Pero no estoy en condiciones de ponerlo todo en orden. Por eso invito a mis pacientes a dirigirse a un profesional en la materia, un médico o un psicólogo”. En su estudio, recibe todo tipo de cuestiones. Algunos buscan obtener los números que ganarán en la lotería. ¿Es posible? “Ganarse la lotería es posible, pero solo si esto forma parte de nuestro destino”, se limita a responder con una sonrisa.

Medicina y médium, “dos mundos complementarios”

Para Claudie-Anne Irondelle, la actividad de médium es una vocación, una pasión. “Muchos quisieran ser como yo”, sostiene. Pero está también el reverso de la medalla. “Algunas personas quieren frecuentarme por interés. No pueden diferenciar a Claudie-Anne, la médium, de la que conduce una vida normal fuera del trabajo, como cualquier otro. Para protegerme de estas situaciones, a veces debo retirarme en solitario”.

Su profesión provoca también un espeso velo de desconfianza. No siempre es fácil distinguir a los terapeutas honestos de los charlatanes. Cada vez son más comunes las personas que se dirigen a las personas que se dicen videntes, constata Magali Jenny, antropóloga social, en su libro sobre el tema. Y también la medicina convencional parece menos escéptica sobre el asunto: algunos hospitales cuelgan listas de videntes en sus paredes.

“El cuerpo médico se está abriendo, por lo menos a nivel de la mentalidad”, confirma Irondelle. “Pero aún no osa tocar a nuestra puerta. Probablemente por los rumores sobre casos aberrantes. Es un pecado, porque pienso que la medicina y la tarea de un médium son dos mundos complementarios”.

Antes de despedirme, tengo el impulso de preguntarle si en su cuaderno de apuntes ha escrito también sobre mi persona. La respuesta afirmativa me despierta la curiosidad de saber lo que ha escrito. En su hoja aparecen generalidades, pero también aspectos muy específicos de mi carácter. ¿Esto es el poder de la Psicología o una demostración de capacidades paranormales?


Traducido del italiano por Patricia Islas, swissinfo.ch



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