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Sistema profesional


Oficio o estudios: La decisión puede confundir y dividir




Los niños pueden acudir con los consejeros profesionales a partir de los 14 o 15 años.  (Keystone)

Los niños pueden acudir con los consejeros profesionales a partir de los 14 o 15 años. 

(Keystone)

El aprendizaje de oficios es la columna vertebral del sistema de carreras profesionales en Suiza, con su sistema dual: aula y una plaza laboral de aprendiz. Sin embargo, cada vez más jóvenes prefieren seguir estudios preuniversitarios, aunque no todos obtienen un título académico. Se les conoce como ‘la generación tal vez’.

Stefan Krucker está bien al tanto de las motivaciones de los chicos de 14 y 15 años. Como exconsejero vocacional y actual supervisor en el Centro de Orientación Profesional de Berna, Krucker ha conversado con miles de chicos. La pregunta siempre es la misma: ¿Qué harán en el futuro? ¿Qué camino profesional quieren seguir?

Por lo general, al final de la escolaridad obligatoria (9 años), los estudiantes en Suiza tienen que decidirse, en caso de tener las calificaciones suficientes, por el aprendizaje de un oficio o una escuela secundaria superior.

La mayoría aprende un oficio, lo que les permite colocar un en el mercado del trabajo de modo paralelo. Si lo desean, tienen varias opciones para continuar su formación educativa.

En opinión de Krucker, los jóvenes tienen que tomar en consideración diversos factores relacionados con las demandas y expectativas de la sociedad, mismas que han cambiado con el paso del tiempo.

“Es un hecho que la formación profesional se ha vuelto mucho más exigente. La gente adquiere cada vez mayores conocimientos y considera que de este modo tendrá mayores oportunidades de salir adelante en la vida laboral”.

De hecho, en la última década ha aumentado el número de estudiantes que sigue una educación superior, a través de una universidad o una institución de ciencias aplicadas, en comparación con aquellos que eligen el camino del oficio, como lo muestra este gráfico. 

También el número de jóvenes que realizan estudios medios superiores ha ascendido a 20%, comparado con el 17,7% que se registraba en 1999.No obstante, Krucker señala que esa cifra se ha mantenido estable en los últimos años. Sin embargo, apunta que ese fenómeno preocupa a algunos que consideran que el sistema de aprendizajes de oficios se está viendo opacado por la percepción de que se necesitan más académicos.

"Por un lado existe el argumento de que tenemos un muy bajo nivel de estudios bachilleres en comparación con otros países, y que tenemos que aumentarlo si queremos competir en áreas técnicas de alta complejidad. Por el otro, otros defienden que tenemos un nivel económico muy bueno, gracias a que el 70% o el 80% de nuestros jóvenes aprenden un oficio; y por ello, consideran que hay que continuar invirtiendo y apoyando ese sistema ".

Algunas historias de aquellos jóvenes que se encuentran en medio de esos dos frentes:

El camino duro de aprender

Cuando Milena Ziegler debía lo decidir qué camino seguir tras el fin de la escuela obligatoria, no tenía una respuesta precisa. Solo la seguridad de no querer ingresar a una escuela media superior. 

“Mi mamá es maestra de preparatoria, y tal vez fue esa la razón por la que no quise seguir la escuela”, indica la chica, hoy de 22 años. “Escuché muchas cosas negativas sobre el sistema educativo en general a través de ella. Por ejemplo, que hay muchos chicos que siguen la secundaria superior solo porque no saben qué hacer”.

“La gente los llama la ‘generación tal vez’, y creo que este calificativo les va bien. Tenemos tantas posibilidades que nos resulta fácil elegir”.

Milena se decidió por aprender el oficio de electricista, pero un año y medio después, comprendió que ese no era el camino profesional para ella. “Como no sabía qué hacer si dejaba este aprendizaje, decidí continuarlo. A la mitad, casi tiré la toalla, pero todos me aconsejaron que debía seguir, porque de lo contrario tendía que empezar de nuevo”.

Pese a que Milena se siente algo perdida actualmente, indica que ya no depende a nivel financiero de sus padres, pues se gana la vida como mesera. Y, lo esencial, considera que ha aprendido de todo este proceso:

“Aunque pudiera sonar algo raro, gracias a saber y definir lo que no quería, tuve un crecimiento personal mayor al que pude haber conseguido de haber seguido el camino de la escuela”, considera.

El plan de Milena es continuar de mesera y paralelamente estudiar en la Universidad de Ciencias Aplicadas, a tiempo parcial, donde puede prepararse a obtener el bachillerato vocacional. Y aunque continuará inserta en el campo técnico de su primer oficio, tendrá más opciones después para continuar los estudios, aun cuando todavía no sabe la dirección a seguir.

De la escuela al oficio, y de vuelta al aula

Rahel Fitze tomó otra ruta: la escuela secundaria superior, "porque quería estudiar Arqueología, que era mi sueño". Pero entonces se dio cuenta de que no tenía motivación para continuar en el duro ambiente teórico escolar "sin conexión con el mundo del trabajo" y al término del primer año escolar, y gracias a un conocido, dejó la escuela y comenzó un aprendizaje como auxiliar administrativa.

"Para mi generación ha sido, sin duda difícil, porque se mantiene la presión para hacer la educación universitaria", indica Rahel. "Creo que esa es una enorme presión para los jóvenes, que podemos terminar abrumados con la gran oferta que hay."

Considera ahora que tanto el aprendizaje de un oficio como la escuela tienen el mismo valor”, y que ambos ofrecen buenas carreras profesionales. Gracias al aprendizaje de su oficio y la obtención de su certificado de bachillerato vocacional pudo ingresar a una universidad técnica que le permitirá obtener su licenciatura en tres años. La idea es conseguir después un empleo en el sector de recursos humanos.

“Todo depende de si eres más bien del tipo ‘ratón de biblioteca’ o si te gusta más el trabajo práctico para obtener el bachillerato vocacional luego de hacer un aprendizaje, lo que te permite realizar estudios superiores”.

Mantener las puertas abiertas, a todo precio

 “Siempre he estado interesado en un poco de todo", dice Claude Schmid, de 20 años y quien está a punto de comenzar su segundo año de licenciatura en Derecho en la Universidad de Berna. 

Pero ni ellos, ni los consejeros vocacionales pudieron ayudarlo al momento de tomar lo que considera como la decisión más difícil de su vida: elegir qué estudiar en la universidad.

“Me atraían tantas carreras, estaba totalmente abrumado. Tenía que concentrarme en un área en particular; elegí Ciencias o Leyes. Al final podía haber lanzado una monada al aire para decidirme”.

De cualquier modo considera “una vergüenza” que la ruta académica siga siendo considerada como una mejor opción en comparación con el camino del aprendizaje de un oficio, como primer paso en el sendero de la formación profesional.

Claude ha visto a muchos de sus excompañeros de la escuela obligatoria pasar por caras escuelas privadas de enseñanza media superior, con el argumento de poder mantener las puertas abiertas a los estudios académicos. “Creo que para muchos de ellos la vocación es el dinero”, comenta. “Me gustaría que hubiera un sistema donde todo el mundo ganase lo mismo, sin importar el trabajo que haga, y entonces ya veríamos la decisión profesional que tomarían. Estoy seguro que no todo el mundo se decidiría por las carreras de negocios, por ejemplo”.



Traducción del inglés: Patricia Islas, swissinfo.ch

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