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"Compartir con otra gente gratifica"

Therese Pittet (centro) se siente a gusto con las madres y entre los niños de Tarija. F. Espinoza

La educadora suiza Therese Pittet ha convertido esta frase en la razón de su labor voluntaria en Tarija, Bolivia, donde convive a diario con mujeres poco o nada favorecidas en la sociedad.

Este contenido fue publicado el 07 marzo 2005 - 14:55

Desde hace 14 años participa en programas destinados a mejorar la educación y la salud de los niños.

Si no fuera la pronunciación gutural de la R francesa, nadie diría que Therese Pittet es extranjera, porque habla el castellano con la entonación cantada de los tarijeños, se siente parte de la tierra chapaca y cree en su tarea de voluntaria enviada por Echanger.

"Tenía un vecino que cuando yo era muy chiquita me mostraba niños que tenían hambre, y después tuve una profesora de historia que nos habló mucho de América Latina. Eso despertó mi deseo de venir a Perú o a Bolivia", recuerda buscando el origen de su partida a otras tierras.

Comienza su andanza

La sana curiosidad juvenil la llevaría primero en una brigada voluntaria a Nicaragua, después a Perú y finalmente a Bolivia donde, a pesar/o precisamente por tener una familia con su esposo y tres hijos, dedica todo el tiempo posible a sus tareas de voluntaria en programas de:

Formación de educadoras y padres, creación de centros modelo de desarrollo integral del niño; sensibilización sobre la salud de los niños, y la promoción del empleo apropiado de los recursos locales.

La etapa inicial de su misión fue impartir enseñanzas de educación, nutrición y formación personal a las mujeres en el área rural. Aprendió a ganarse la confiaza de la mujer campesina, a comprender sus dificultades y preocupaciones, y a tratar de orientarles en un intercambio de aprendizaje recíproco.

"Juntas podemos aprender mútuamente" solía repetir para acercar puntos de vista que fueron reforzados por otros argumentos más convincentes como el que su compañero sentimental sea boliviano y ella también de el pecho a sus hijos lactantes, recuerda Therese.

En los años posteriores trabaja estrachamente con el Programa Escolar Multigrado (PEM) de Bolivia.

Se multiplican los retos

Al asumir la función de formadora de profesores rurales se siente alentada para ensanchar sus conocimientos y acude a la Universidad de La Paz hasta graduarse de Licenciada en Pedagogía.

En la segunda fase de su voluntariado contó con el apoyo de cuatro profesores de mucha experiencia. "Hemos andado todos los cerros de Tarija, todas las pequeñas comunidades rurales para ir al encuentro de los profesores, compartir con ellos y abrir la escuela a la comunidad, a los saberes de los padres", precisa.

"No porque el profesor inculque saber a los niños sepa todo; es más bien un coordinador que permite a los niños aprender", señala Therese Pittet para reafirmar que la escuela debe ser el centro de la comunidad y no un espacio aparte.

De lo que se trata es de acercar la realidad de la vida diaria al aprendizaje escolar. "Si, por ejemplo, hay crianza de conejos se puede asociar con las matemáticas o si hay cultivos con otras materias".

En consonancia con esa inquietud participa además en la creación de un Centro de documentación pedagógica para beneficio de los educadores.

Educadoras de guarderías

Atendiendo una solicitud de las educadoras de guarderías, Therese Pittet acepta formarlas profesionalmente. Son madres de familia que asumen ese trabajo sin más conocimiento que su experiencia e intuición de madres.

Cursos teóricos y prácticos sobre la importancia del cuidado de la educación y la salud de los niños.

Al enterarse que el principal problema de las educadoras en las guarderías es saber atender los resfríos, diarreas, sarnas y otros problemas leves de la piel, Therese absuelve un curso intensivo de medicina preventiva natural.

Tanto ella como las madres y educadoras de las guarderías aprenden a utilizar las plantas medicinales para preparar pomadas, tinturas y aceites que "nos han permitido tener botiquines con todo lo necesario para la prevención o la atención de pequeños problemas de salud".

Therese Pittet está también abocada a la consolidación de una escuela para los niños marginados o de zonas marginales que por falta de recursos económicos o porque la madre no hable bien el castellano para inscribirlos oportunamente quedan fuera de las aulas.

Es un proyecto bien encaminado que, por ahora, cuenta con la estructura y el personal docente necesario.

¿Y Suiza?

Todo es relativo. Me siento bien aquí y también en Suiza, adonde tengo la suerte de viajar cada año, dice a swissinfo al tiempo de inclinar la balanza de sus raíces sentimentales y profesionales en favor de Tarija, lugar donde dice haber descubierto lo que buscaba realmente.

"Yo creo que me quiero más así que si me quedaba en Suiza con un trabajo cómodo", afirma con una sonrisa y un gesto de pleno convencimiento. En todo caso, Therese Pittet ha hecho del voluntariado una vocación.

swissinfo, Felix Espinoza Reyes, Tarija.

Datos clave

Alrededor de 200 suizos van cada año como voluntarios a unos 43 países de África, Asia o América Latina.

Therese Pittet fue enviada por la ONG helvética ECHANGER.

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Contexto

Therese Pittet pisa los cuarenta, está casada con un abogado boliviano y tiene tres hijos.

Pondera la amplitud de la educación suiza porque, según dice, le sirvió mucho como punto de partida. Cuando abrazó el voluntariado era profesora de trabajos manuales.

Más tarde, se licenció en Pedagogía en la Universidad de La Paz.

Realza el espacio que ofrece un país en desarrollo como Bolivia para crear con otra gente, por ejemplo un centro de documentación o una escuela para niños marginados o de barrios marginales.

Trabaja por encargo de la ONG helvética ECHANGER y sostiene que repetriría la experiencia de ser voluntaria, porque además de descubrirse a sí misma le permite compartir con otra gente y tratar de ayudar a mejorar la situación de las personas desfavorecidas.

ECHANGER tiene 50 voluntarios en 11 países. 11 de ellos en Bolivia.

Un voluntario debe tener 23 años de edad, ser profesional y recibir una preparación de aproximadamente nueve meses antes de emprender el viaje por convicción, aventura o simple curiosidad.

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