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¿Quién cuidará del perro del abuelo?

Las mascotas suelen convertirse en una fuente de vida para las personas mayores imago/Westend61

Antes de partir, si no tenían con quien dejar a su mascota, preferían “dormirla” a dejarla sola. Pero ellos mismos morían un poco con ella. “Hay que hacer algo”, se dijeron los Altwegg y sus amigos. Y lo hicieron: su fundación vela por los animales cuando sus dueños ingresan en hogares para mayores, pero no solo…

Este contenido fue publicado el 05 agosto 2020 - 10:56

“La Fundación ASAEnlace externo (Ayuda, Séniores, Animales) ofrece todo tipo de asistencia a las personas mayores confrontadas a dificultades para ocuparse de su animal de compañía, y les ayuda en el proceso de adopción de un perro o un gato”, explica Martine Dompierre, responsable de los Grupos de Acción.

Por ejemplo, si por el peso de los muchos años o como consecuencia de alguna dolencia, alguna persona ya no puede salir a pasear a su perro, ASA se encarga de encontrar a alguien que lo haga por ella. Si el propietario tiene que ir al hospital, la fundación se ocupa transitoriamente de su perro o su gato. También organiza la adopción de los animales cuyos dueños se mudan a hogares de retiro.

Más aún, cuando los perros o los gatos de los jubilados fallecen, ASA les busca una nueva mascota…

Una vejez en compañía

“Antes, muchas de las personas mayores preferían quedarse solas antes que buscar un nuevo animal de compañía porque temían no poder ocuparse luego de él. Ahora saben que pueden contar con nuestro apoyo”, subraya Martine Dompierre. Comenta lo difícil que es para alguien que siempre ha tenido un gato o un perro, renunciar a esa compañía. En particular cuando la persona es mayor y está sola.

La contribución de ASA se ha ampliado, pero siempre en apoyo de los séniores y sus animales de compañía. Solamente en 2019 ofreció un total de 130 prestaciones y cuenta ahora con tres “antenas” (Vaud, Ginebra y Nyon) y una cadena de más de 400 voluntarios. Y ello, además de la Maison d’ASAEnlace externo (Casa de ASA), adquirida en 2018, que acoge en particular a los gatos de difícil colocación.

Entre Violaine Kellenberger y su gata Fibi hay un estrecho vínculo afectivo. asajfk.ch

Pero vayamos a Nyon en 2011, cuando surgió la idea de la fundación. El médico veterinario Gilles Altwegg y su esposa Micheline observaban conmovidos la tristeza con la que salían del consultorio aquellos que estaban por ingresar a un hogar para mayores y que, sin tener a quién confiar sus mascotas, preferían “dormirlas” a sumirlas en la orfandad.

“Salían abatidos, con el collar de sus animales en las manos”, narra Martine Dompierre. “Meses más tarde nos enterábamos de que habían caído en una depresión”. No es difícil imaginar el sinsabor de alguien que deja atrás la mayor parte de su vida, su hogar y al que sin duda habrá sido su más fiel compañero en los últimos años.

“Colmaron un vacío social”

Así pues, los Altwegg, con el apoyo de otros profesionales de la salud, decidieron tomar cartas en el asunto y organizaron toda una red de apoyo, que luego se convirtió en fundación (sin fines lucrativos y que se sostiene con donaciones privadas) y que en 2015 fue galardonada con el primer ‘Premio al Desarrollo Sostenible de la Ciudad’ de Nyon en la categoría “Realización de proyecto’.

“Al jurado le atrajo el carácter innovador de las actividades realizadas por la Fundación, la cual se emplea en colmar un vacío social importante”, reza el explicativo de la atribución del premio.

“Reconoció los impactos benéficos de la pet therapy (terapia de mascota) sobre el bienestar psicológico de las personas mayores, así como su rol en la lucha contra el sentimiento de aislamiento de estos. El jurado subrayó igualmente el compromiso de la fundación en la creación y la consolidación de intercambios intergeneracionales”, agrega.

Geneviève Droz y su pequeña mascota: “Coco me obliga a levantarme. A salir…” asajfk.ch

“Mi perro me obliga a levantarme”

De la función social de ASA también dan cuenta los testimoniosEnlace externo que encontramos en la web de la fundación, de las personas que han recurrido a su apoyo. A guisa de ejemplo, la historia de Geneviève Droz, 78 años, oriunda de Morges (cantón de Vaud).

A la muerte de su marido en 2000 y con sus hijos habiendo fundado sus propias familias, se encontró sola. Sin embargo, su empleo le ocupaba la mente. Lo más duro vino en el momento de la jubilación, cuando la “envolvió un gran vacío”. Sus hijos le regalaron a Lady-Cocotte (bichón maltés) y vivió con ella felices momentos de complicidad, hasta diciembre de 2017, cuando se produjo el deceso de la perrita.

“Yo estaba conmocionada. Éramos tan felices juntas. No tuve ánimo ni para preparar el pavo de Navidad para mis hijos y mis nietos…” Dada su avanzada edad, tampoco se atrevió a adoptar otra mascota. Temía no poder hacerse cargo. Decidió visitar a su hermana en Estados Unidos. Pero a su regreso “me sentí horriblemente sola, sin ningún objetivo…”

Le hablaron de la Fundación ASA, se puso en contacto y ahora comparte sus días con Coco, un bichón habanero algo tímido pero muy afectuoso. “Lo adoro. Me proporciona una razón para vivir. Me obliga a levantarme. A salir… espero que podamos llegar juntos al final de nuestra vida”.

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