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Adictos reconstruyen pueblos y su propia vida

Dave Cato trabaja en la rehabilitación de 'Terra Vecchia'.

(swissinfo.ch)

"A veces es difícil y caes en la tentacion de rendirte, pero al final tienes una casa donde vivir y que has construido con tus propias manos".

Luke Fazzard responde así a la pregunta sobre si encuentra paralelos entre su intento de dejar atrás su vida pasada y la reconstrucción de la aldea alpestre de Bordei.

Alto y delgado, con el pelo bien corto, el joven de 24 años empezó la terapia en Bordei a principios de año. Busca rehabilitarse de la adicción al cáñamo y al alcohol cuyo consumo inició cuando apenas tenía 14 años.

Hay varios centros terapéuticos a través de Suiza para personas como Fazzard, a las que el abuso de las sustancias tóxicas ha convertido en marginados sociales o les ha provocado problemas psicológicos.

Bordei, dirigido por la Fundación Terra Vecchia, ofrece además a sus pacientes, la posibilidad de contribuir en la preservación de la herencia cultural de Suiza.

Todo esto comenzó hace más de 30 años cuando un par de idealistas suizos de habla alemana se encontraron con una aldea abandonada, Terra Vecchia, en la región Centovalli del Tesino, cantón de habla italiana.

Su objetivo era restaurar una serie de casas de piedra, y tuvieron la idea de implicar a jóvenes con ciertos problemas, proporcionándoles "la inspiración y la experiencia de la vida en una comunidad".

En principio, el proyecto echó raíces en el pueblo vecino a Bordei, que todavía contaba con algunos habitantes y que, por lo tanto, no se encontraba tanto en ruinas.

Ayudados por consejeros y expertos artesanos, los jóvenes fueron capaces de concluir la restauración del pueblo. El proyecto ha recibido diversos reconocimientos, como el apoyo de la Fundación para la Conservación de Londres y el premio de Rotthier de Bruselas para la Arquitectura, entre otros.

Piedra por piedra

Los jóvenes, entre los cuales Dave Cato, continúan los trabajos de mantenimiento de Bordei y trabajan sus campos, además de que participaron en la reconstrucción, piedra por piedra, de las casas en el sitio original de Terra Vecchia.

"Yo tenía un buen trabajo con una buena empresa y querían ampliarme el contrato, pero al final tuve que decir que lo lamentaba pero que tenía que encontrarme a mí mismo antes de trabajar otra vez", explica un paciente de 29 años, que ingresó en el centro tras una sobredosis de heroína.

Cato viaja cada día de Bordei a Terra Vecchia a bordo del teleférico que conecta las dos poblaciones a través de un desfiladero profundo.

"Usted piensa siempre que está solo y que nadie quiere nada con usted", dice, mientras se sienta delante de la iglesia de siglo XVII minuciosamente restaurada. "El hecho de estar aquí y de ser capaz de hablar a otros sobre su situación, ayuda. Nos ayudamos unos a otros".

El aislamiento mismo de Bordei y Terra Vecchia condujo a la caída de ambas poblaciones. Sus habitantes se fueron en busca de trabajo en las tierras bajas o en el extranjero, pero en su aislamiento reside su atractivo actual.

"La razón por la que decidí venir aquí es porque se encuentra lejos de donde vivo y la lengua es diferente, lo que hace difícil de conseguir drogas. También me gusta estar en las montañas", dice Cato.

No todo es trabajo

En el centro no todo es trabajo. Cato y sus colegas reciben asesoría profesional, participan en sesiones de terapia de grupo, aprenden artesanías y pueden seguir cursos de lengua.

"Les proporcionan la posibilidad de seguir una rutina semanal, que incluye una reinserción en el mundo del trabajado", dice Martin Arnold, jefe del centro.

Unos hacen el trabajo por primera vez en su vida, y nuestro objetivo es dotarlos de estabilidad para que puedan seguir el camino una vez que salgan de Bordei".

Arnold afirma que no todos los jóvenes advierten paralelos entre el hecho de dejar atrás su vida pasada y los esfuerzos de reconstrucción, pero el trabajo "significativo" que hacen les ayuda a alcanzar su objetivo.

Asegura que las dos terceras partes de sus antiguos pacientes han sido capaces de permanecer al margen de las drogas y llevan una vida normal.

"Esto me tranquiliza mucho", reflexiona Cato, quien piensa marcharse en agosto, después de 12 meses de estancia. "Esto me ha hecho pensar en lo que yo debería hacer y como debería continuar en mi vida".

"Yo vivía como un autómata. Solía tardar mucho en contestar preguntas, y todavía ahora me toma tiempo, pero mis reacciones se han hecho mucho más rápidas", señala Fazzard.

"Cuando vienen aquí, algunas personas sólo ven un lugar aislado y lejos de la casa que no les gusta. Pero recibimos muchas respuestas positivas de antiguos pacientes, que coinciden en que la participación en la reconstrucción de pueblo les enseñó algo sobre ellos mismos", concluye Arnold.

swissinfo, Dale Bechtel, Bordei
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Datos clave

La Fundación 'Terra Vecchia' comenzó a principios de los años 1970 en el cantón Tesino la aldea de Bordei, un programa de terapia para jóvenes con problemas.

La estrategia se lleva a cabo ahora en aproximadamente diez centros de rehabilitación - sobre todo en el cantón Berna - para drogadictos, personas que sufren problemas psicológicos o que se encuentran sin empleo desde hace mucho tiempo.

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Contexto

Durante siglos, fue difícil vivir sólo de la tierra en los valles de las montañas del Tesino, por lo que muchas personas emigraron en busca de empleo.

Los habitantes de Terra Vecchia (entonces conocido como Rasa) laboraron en los muelles de la ciudad italiana de Livorno.

Con las importancias ganancias que trajeron, contribuyeron a la decisión de comenzar un nuevo pueblo en las tierras más altas, donde construyeron grandes casas con influencia italiana.

A principios del siglo XIX, el viejo pueblo, conocido como 'Terra Vecchia' había sido abandonado, y el nuevo pueblo fue bautizado como Rasa.

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