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Al comienzo el jardín vendía sólo flores

Cuatro generaciones de suizos, la familia Pumpin mantiene la tradición de los jardines florecidos. swissinfo.ch

Corría 1891 cuando don Benjamín Pumpin Ruesh, a la edad de 33 años, llegó a Valparaíso, contratado por un empresario local, tras sus estudios de paisajismo en Alemania.

Este contenido fue publicado el 21 abril 2004 - 13:54

Al enterarse a su arribo que su contratante había fallecido, instaló con esfuerzo y tenacidad el Jardín Suizo que, en sus comienzos vendía flores a domicilio.

Tiempo después se casó a la distancia, a través de la iglesia luterana, con su compatriota Mathilde Baumann y fundó una familia con nueve hijos que mantienen hasta hoy el Jardín Suizo e intactas las tradiciones de antaño.

Víctimas de la guerra

Pero el actual administrador del parque, Thierry Pumpin padre, no es descendiente directo de Benjamín ni nació en Chile, sino en Suiza. El ‘patriarca’ familiar recuerda aún la forma dolorosa en la que recibió las primeras lecciones de la vida:

“Mi padre se fue a trabajar a Francia como administrador de un campo, con mi madre y mis cuatro hermanos. Allí, nuestra escuela fue bombardeada y gran parte de la ciudad de Bretaña fue destruida, por lo cual nos fuimos a vivir a Argelia, realizando trabajos agrícolas hasta que, en el año ‘42 muere mi padre”, recuerda.

Cuando a todos los jóvenes de su edad los preparaban para la guerra, otro familiar suyo avecindado en Chile, un país del cual nunca había escuchado hablar, lo invita a venir.

Viaje a Chile

“El viaje lo hice con mucha pena y temor, con pantalones cortos, una pequeña bolsa de género, mi pasaporte suizo, que aún conservo, y cincuenta dólares que reunieron mis familiares”, recuerda con una lucidez que sorprende a sus 74 años. Esa fortaleza la atribuye a que en su familia ninguno bebe ni fuma y todos llevan una vida sana y activa, explica.

Después de trabajar unos años en el sur del país, en 1955 conoce a una prima, nieta de Benjamín Pumpin Ruesh, con la cual se casa, instalándose en Valparaíso. Hoy comparte la administración del negocio familiar con su hijo, del mismo nombre.

Padre e hijo tienen una oficina en la que lucen fotografías, afiches, mapas, recortes de prensa y otros recuerdos de la lejana patria. En un lugar privilegiado del escritorio, dos tomos empastados del árbol genealógico entre 1513 y 2003. Guardan la historia de cada miembro de la familia y sus respectivos escudos.

"Ese afiche que usted observa ahora corresponde a mi bisabuelo, dueño de una fábrica de automóviles, creada en 1903 en Saint Blaise. Se llamaba Autos Martini y en el museo de autos en Suiza hay un par de modelos suyos en exhibición", cuenta el padre a swissinfo.

"El trabajo es sacrificado y algo esclavizante pero, frente a eso, nosotros pensamos: qué otra alegría puede tener un ser humano que estar rodeado de esta belleza que hemos ayudado a construir con nuestras manos y cuyos frutos nos hacen sentir dichosos de estar aquí, en este país y en esta ciudad que nos acogió”, afirma.

“Ahora nosotros retribuimos la acogida que nos brindó Valparaíso, permitiéndoles a los visitantes disfrutar de los senderos limpios y coloridos del jardín”, comenta su hijo, sin disimular el orgullo por sus ancestros mientras nos invita a repasar sus recuerdos a la sombra de una palmera que su bisabuelo plantó, en el centro de una arreglada vegetación.

En medio de ella se puede leer todavía un cartel que reza: "las plantas y arbustos no tienen precio, no se venden”.

“Hay personas que pertenecen a familias que, desde que se creó el jardín, han estado viniendo de compras, como si fuera una tradición familiar. Es que no sólo compran, respiran la tranquilidad de estar en este ambiente, también pasean y conversan con nosotros", agrega.

Premios y distinciones

La dedicación ha dado sus frutos también en premios y distinciones regionales e internacionales, trofeos que guardan celosamente en una especie de pequeño museo que retrata la historia de tenacidad y esfuerzo de este clan familiar;, la reunión de dos familias de origen suizo que han trabajado no sólo la tierra, conservando el orgullo de ser descendientes del país helvético.

Thierry padre ha viajado a reunirse con sus parientes en Suiza en muy organizadas y planificadas visitas, en los años 67, 95 y 99. “La última vez nos juntamos 426 personas en Neuchâtel, en Saint Blaise”, cuenta mientras busca en un ordenado escritorio la fotografía de aquel momento inolvidable.

Afuera, el jardín sirve de marco para recordar los parajes de su tierra natal.

swissinfo, Nelson Muñoz, Valparaíso

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