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Artefactos ocultos Suiza desmantela defensas de la Guerra Fría

El puente que une Bad Säckingen (Alemania) con Stein (Suiza) estaba cargado de explosivos para detonarlos en caso de un ataque.

(picture alliance)

Sus calles de adoquines y casas ornamentadas sugieren que ya no queda mucho de la primera línea de defensa en los alrededores de Bad Säckingen. Hasta hace poco esa había sido, sin embargo, la función concebida por los estrategas militares suizos para la pintoresca ciudad a orillas del río Rin.

Como muchos otros pasos fronterizos entre Suiza y Alemania, en el puente que une Bad Säckingen, en la parte alemana, con Stein, en suelo suizo, se plantaron explosivos listos para detonarlos en caso de ataque.

Los artefactos incendiarios formaban parte de un sistema defensivo instalado para proteger Suiza durante la Guerra Fría. Es recién ahora, 25 años después del desplome del comunismo en Europa del Este, cuando se desmantelan los últimos vestigios de ese sistema.

Su conclusión programada para finales de 2014 tiene lugar –por uno de esos caprichos del destino–, justo cuando las relaciones Este-Oeste pasan por el nivel más bajo desde la caída del Muro de Berlín.

Suiza ya colocó explosivos en puntos estratégicos de sus fronteras y en rutas de transporte neurálgicas en el siglo XIX y volvió a hacerlo a gran escala durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero un enfoque más sistemático de dónde se habían colocado las cargas explosivas ocultas se hizo en 1975 con la introducción del programa denominado ‘Despliegue Permanente de Explosivos 75’ (Permanent Explosive Deployment 75).

En la fase de mayor intensidad, la cadena defensiva de Suiza contaba con unas 2.000 estructuras provistas de explosivos ocultos, desde puentes y túneles –como el famoso Túnel del Gotardo en los Alpes–, hasta carreteras y pistas de aterrizaje.

El propósito de esas estructuras con cargas explosivas era disuadir a los agresores de sus intenciones de invasión. Si eso fallara, la serie de primeras líneas defensivas reducirían el embate, harían que los invasores agotasen sus recursos y dieran a Suiza el tiempo necesario para accionar sus defensas.

Aunque la existencia de esa cadena con explosivos era de conocimiento público, el saber que tantas estructuras estaban armadas hasta hace poco –en algunos puentes sobre el Rin fueron desactivadas recién en octubre–, ha dejado atónitas a muchas personas, particularmente en el lado alemán de la frontera.

“No sabía absolutamente nada, fue una sorpresa”, comenta un ciclista que cubre el corto recorrido por el puente de unión entre Bad Säckingen y Stein.

El propio Michel Rohrer, jefe de obras públicas en Bad Säckingen, desconocía el potencial explosivo en el cruce sobre el río del pueblo. “Presumo que los explosivos estuvieron allí un rato”, dice.

La decisión de anular el sistema se tomó al final de la Guerra Fría.

El portavoz del ejército suizo, Christoph Brunner, señala que la razón para terminar apenas ahora ese procedimiento radica en la dimensión y complejidad de la tarea.

“Es un proceso muy laborioso. Se debe considerar que afecta a varios cientos de objetos”, precisa. “(Pero) se concluirá a finales de este año (2014)”.

La presencia de múltiples ordenanzas en Suiza generó cuestiones de seguridad. El choque de dos camiones, en 2001, causó un incendio de proporciones en el Túnel del Gotardo, cerca de donde se habían colocado explosivos, según informó entonces la prensa.

Brunner insiste en que nunca hubo riesgo de explosión relacionada con el incendio en el Gotardo. La decisión de retirar los explosivos no se debe a cuestiones de seguridad, sino a los cambios en la naturaleza de las amenazas que encara Suiza, precisa.

Los adelantos tecnológicos permiten que los medios defensivos móviles sean tan efectivos como sus predecesores estáticos y sus costos son menores.

“Tiene que ver con el modo en que el pequeño Estado neutral Suiza quiere defenderse y proteger la independencia de su soberanía”, recalca Brunner.

Algunos, especialmente quienes hicieron el servicio militar, lamentan la decisión, porque creen que hubiera sido mejor dejar en su sitio un número suficiente de defensas para reconstruir esas posiciones si fuera necesario.

La mayoría de las personas en las adormiladas calles de Bad Säckingen parecen considerar, sin embargo, que retirar la ordenanza fue una decisión correcta.

“Es una buena idea”, dice un vecino de la localidad. “Hay muchos alemanes en Suiza y los suizos vienen a hacer compras. Suiza es neutral y Alemania y Suiza se llevan bien. La frontera está abierta”.

Copyright The Financial Times Limited 2014


Traducción del inglés: Juan Espinoza, Financial Times

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