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“La densidad urbana no debe ser el chivo expiatorio de la crisis por la COVID-19”

Marcas en el suelo, flechas y líneas con cinta adhesiva orientan e incitan a mantener la distancia social en nuestro día a día. © Keystone / Christian Beutler

Muchos de los peores brotes de enfermedades se han producido en las ciudades. La pandemia de la COVID-19 no es una excepción, y plantea dudas sobre el futuro de las zonas urbanas. Pero el investigador suizo en diseño Andri Gerber, con la ayuda de un videojuego, quiere demostrar que las zonas densamente pobladas pueden volver a ser imaginadas para hacer frente a los retos de la salud pública.

Este contenido fue publicado el 15 marzo 2021 - 10:00

Se calcula que en el año 2050 el 68% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. Muchos argumentan que, si queremos incrementar en las ciudades la eficiencia energética, aumentar la densidad urbana es fundamental. Pero las ciudades densas de hoy en día también son lugares en los que los virus (como los que han provocado la COVID-19) pueden propagarse con facilidad.

El videojuego DichtestressEnlace externo (“estrés de densidad”, en alemán), desarrollado por el equipo de investigación de Gerber, permite a los jugadores explorar la relación existente entre la densidad poblacional y el peligro de infección.

Gerber, profesor del departamento de Arquitectura, Diseño e Ingeniería Civil de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, cree que la cuestión central es cómo construir ciudades densas, al tiempo que seguras, en un mundo que debe hacer frente a amenazas como las pandemias y el cambio climático.

Videojuego Dichterstress

El jugador se mueve, en primera persona, a través de seis niveles de densidad de población en diferentes ciudades de más de 500 años de historia de la arquitectura. Algunas ciudades incluyen un modelo de la “Ciudad ideal” que el arquitecto Francesco di Giorgio Martini diseñó en 1490, de la “Ciudad amurallada” de Kowloon en Hong Kong, demolida en 1995, o del “barrio Niederdorf”, en el casco antiguo de Zúrich, en la actualidad.

El objetivo es que, basándose en la regla de la distancia mínima de 1,5 metros recomendada por las autoridades sanitarias, los jugadores encuentren la salida y contagien al menor número posible de personas.

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SWI swissinfo.ch: ¿Cómo describiría usted la relación entre el urbanismo y las pandemias?

Andri Gerber: Desde los tiempos de la antigüedad grecorromana, la idea de ciudad ha sido sinónimo de seguridad y civilización, en contraposición al caos y la precariedad. Pero se trata de una percepción errónea que hace que la gente, inconscientemente, olvide o evite pensar en posibles amenazas como la actual pandemia de COVID-19.

Si nos fijamos en Zúrich, por ejemplo, que padeció tantas pandemias a lo largo de los siglos, cientos de miles de personas murieron por brotes de cólera, fiebre tifoidea y otras enfermedades. Sin embargo, hasta el brote de la COVID-19, la gente parece haber olvidado esta historia.

Las pandemias son intrínsecamente algo antiurbano porque la aglomeración requiere que la gente se reúna y comparta espacios. Obviamente, esto va contra el principio del distanciamiento social para evitar la propagación de enfermedades contagiosas. El riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas existe en cuanto se junta a la gente.

Así que toda la historia del urbanismo también es una historia de epidemias y de intentos de crear espacios urbanos mejores y más saludables.

swissinfo.ch: Suena como que la planificación urbana siempre se ha reinventado tras el brote de una enfermedad. ¿Significa esto que la planificación urbana es siempre una respuesta o un remedio a un problema, en vez de ser preventiva?

A. G.: Sí y no. Desde el comienzo de la urbanización, incluso si se mira la época de los griegos, ya pensaron en cómo seleccionar un sitio apropiado para construir una ciudad saludable.

Hipócrates de Cos, un médico griego de la época de Pericles, fue el primero en sugerir el uso de la adivinación del hígado para evaluar la salud de un lugar antes de sentar las bases de una nueva ciudad, pero era un método muy cruel. Hacían pastar a los animales donde se planeaba construir la ciudad. Y durante un ritual de sacrificio, inspeccionaban cuidadosamente los hígados de esos animales. Si los hígados estaban enfermos, averiguaban si los animales se habían infectado por alguna enfermedad transmisible. Una vez que deducían que el agua y los alimentos de aquel lugar estaban contaminados, lo abandonaban y buscaban otro. Vemos que en la planificación urbana valoraban la salud tanto como otros factores como el aire, la luz solar y la temperatura.

Es importante tener en cuenta que una ciudad no se construye en tres o cuatro años, sino en uno o dos siglos. No es ideal para un diseño que responda rápido.

swissinfo.ch: Si echamos la vista atrás a la historia de Suiza y de otros países, ¿hay alguna medida eficaz que se haya tomado en términos de planificación urbana para luchar contra las enfermedades infecciosas?

A. G.: Antes de mediados del siglo XIX, nuestros antepasados se centraban sobre todo en construir las infraestructuras urbanas necesarias, como calles, transporte público o instalaciones sanitarias. Una vez que la ciudad se veía afectada por el brote de una enfermedad, se limitaban a expulsar de la ciudad a las personas infectadas. Esta medida tiene más que ver con controlar la enfermedad que con cambiar la ciudad con el objetivo de prevenir posibles pandemias. Si no se sabe de dónde vienen las pandemias, no se puede reaccionar eficazmente.

Pero el mapeo de las enfermedades dio un salto importante en el siglo XIX. En 1854, John Snow, a menudo apelado como el “padre de la epidemiología”, utilizó la cartografía geográfica de un brote de cólera en Londres e identificó el origen del brote. Esto cambió totalmente el enfoque del saneamiento público y el diseño urbano de la epidemiología. La gente comenzó a darse cuenta de que podía rastrear la fuente de la infección y prevenir o controlar la propagación de posibles pandemias mediante la reubicación o reconstrucción de la infraestructura urbana.

Desde entonces se han reconstruido infraestructuras urbanas enteras, especialmente las conexiones de agua y saneamiento. Todo se hizo para prevenir y controlar las enfermedades propensas a las epidemias, y muchos elementos de las ciudades se sustituyeron o quedaron obsoletos. Los EhgrabenEnlace externo –o zanjas– medievales de Zúrich, a ambos lados del río Limago [Limmat, en alemán], podrían considerarse un ejemplo típico. Antes de la introducción de los retretes y el alcantarillado subterráneo, estas estrechas zanjas entre edificios servían de desagües abiertos. Los residuos de las cocinas y los aseos caían directamente a las zanjas.  

Ehgraben o zanjas medievales, que servían de alcantarillas, dentro del barrio Niederdorf, en Zúrich. Thomas Hussel / Baugeschichtliches Archiv der Stadt Zürich

swissinfo.ch: Wuhan, la ciudad china donde comenzó el brote de COVID-19, es la más densamente poblada de China. Del mismo modo, Nueva York, que ha sufrido lo peor del brote en Estados Unidos, es la ciudad estadounidense más densamente poblada. ¿Podemos suponer que la alta densidad de población es una causa importante o determinante del brote?

A. G.: Yo no respaldaría esta afirmación. La densidad no debería ser condenada per se ni ser el chivo expiatorio de la crisis de COVID-19. La cuestión principal es cómo pueden diseñarse y construirse ciudades densas de una forma razonable.

Si observamos Nueva York desde el punto de vista del diseño urbano, es una ciudad muy segregada, con muy pocos espacios verdes y un enorme Central Park. No es el diseño ideal desde el punto de vista de la cuarentena o las epidemias. Realmente necesita más espacios verdes dispersos. Las ciudades europeas tradicionales tienen más espacios verdes y parques metropolitanos, que nos dan mayor resistencia ante las pandemias.

Sin embargo, no cabe duda de que las calles medievales con casas estrechas existentes en el casco antiguo de Zúrich, por ejemplo, no son buenas para prevenir las pandemias debido a una densidad de población relativamente alta.

Está claro que la densidad es una cuestión en la que debemos pensar cuando se trata de la relación entre pandemias y planificación urbana. Es lo que intentamos abordar en el videojuego Dichtestress, en el que hay diferentes niveles de densidad de población, diferentes formas de construir ciudades. El juego es muy político y pretende desafiar la crítica actual a la densificación urbana. En el juego se llega a entender que tiene sentido crear suficientes espacios para que la gente salga y disfrute del aire libre con un distanciamiento social estricto, aunque la ciudad esté densamente poblada.

swissinfo.ch: Según la definición de la ONU, en Suiza no hay ninguna megaciudad. ¿Significa esto que las ciudades suizas tienen intrínsecamente una mayor resistencia a la COVID-19 debido a la menor densidad de población y a los menores niveles de urbanización?

A. G.: Efectivamente, en Suiza no tenemos megaciudades. Pero toda Suiza podría considerarse de facto una megaciudad con una densidad de población relativamente menor.

El problema de Suiza es que todas las ciudades, pueblos y aldeas están muy interconectadas debido al establecimiento de una eficiente red de transporte público, y una proporción considerable de las personas que trabajan tienen mucha movilidad, lo cual obviamente no es bueno para contener la propagación de COVID-19.

swissinfo.ch: Numerosos investigadores afirman que las ciudades del futuro tienen que estar más regionalizadas y localizadas, especialmente en la era pospandemia. En Melbourne, Australia, se ha creado el nuevo concepto de “ciudad 20 minutos”, en la que prácticamente todo lo que una persona necesita –compras, servicios empresariales, educación, recursos recreativos y deportivos, asistencia sanitaria– está a 20 minutos de casa a pie o en bicicleta. ¿Este tipo de comunidad urbana autosuficiente sería una forma eficaz de prevenir las pandemias?

A. G.: Otro ejemplo es la ciudad 15 minutos que se está probando en París. Una idea así es, sin duda, un concepto inspirador que no solo se discute en París o Melbourne, sino también en Suiza.

En comparación con otros países, las ciudades suizas son más pequeñas, por lo que muchos residentes ya viven en una especie de ciudad 15 minutos. Pero en Suiza es algo que se justifica más desde el punto de vista de la sostenibilidad que de la salud pública. En otras palabras, este concepto no se considera un enfoque específico y eficaz para prevenir epidemias.

Como muchos investigadores predicen, la COVID-19 probablemente se quedará con nosotros para siempre, y surgirán otras pandemias. Por eso creo que la ciudad ideal del futuro debería construirse de modo que se adapte a diferentes amenazas; no solo a las pandemias, sino también a las guerras, a las catástrofes naturales, a los peligros medioambientales o a otras situaciones de emergencia. Si las enfermedades infecciosas van a formar parte de nuestras vidas, las ciudades en las que nos instalemos deberán ser más fuertes.

Traducción del inglés: Lupe Calvo

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