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Credit Suisse: luz verde a los bonos millonarios en 2009

Hans-Ulrich Doerig y Brady Dougan, presidente y director general del Credit Suisse, respectivamente. Keystone

El 66% de los accionistas presentes en la asamblea general de este viernes avalaron el pago de onerosos premios financieros al director general Brady Dougan y sus hombres, a pesar de que las críticas llovieron en la tribuna.

Este contenido fue publicado el 30 abril 2010 - 16:49

El banco se vanaglorió de pagar a sus accionistas el nivel de utilidades más alto de la plaza financiera suiza en 2009. Sin los bonos, aclaró, sería imposible conservar a los banqueros que lo hicieron posible.

Los temores se desvanecieron cuatro horas después de iniciados los trabajos de la asamblea general 2010 del Credit Suisse, celebrada este viernes. A la cita convocada por el banco número dos de Suiza en su sede de Zúrich-Oerlikon asistieron 2.394 accionistas.

Dos de cada tres de ellos avalaron que una élite de directivos de 15 personas reciba un premio financiero variable que en el caso de Brady W. Dougan, por poner el ejemplo más significativo, se traducirá en ingresos por 19,2 millones de francos suizos entre sueldo, bonos y recompensa transferible a su sistema de pensiones.
Un monto siete veces superior al que le correspondió en 2008.

El tema se volvió más espinoso aún cuando Credit Suisse confirmó, a principios de abril, que sus principales directivos recibirían además una recompensa financiera que ganaron en 2005 –pagadera en 2010- vía un programa llamado PIP 1, que en este caso se traducirá en 71 millones de francos suizos adicionales para el bolsillo del director general del banco.

Aunque instituciones como la Fundación Ethos –que agrupa a 75 cajas de pensiones– o las sociedades estadounidenses RiskMetrics y Glass Lewin, realizaron una intensa campaña durante los últimos días para conminar a los accionistas a rechazar las remuneraciones del año 2009, su objetivo no se cumplió.

No bonos, no utilidades

En su discurso inaugural, Brady W. Dougan destacó largamente los avances del Credit Suisse, que actualmente, según sus palabras, es un banco con un bajo nivel de riesgo financiero y el único que consiguió en 2009 captar recursos frescos por 40.000 millones de francos suizos por parte de sus clientes.

Un voto de confianza a su política, a la forma en la que sorteó la crisis y al fortalecimiento de su capital en el presente, dijo.

Y sobre el tema que él mismo calificó como “controvertido” afirmó que en un mundo globalizado, las remuneraciones variables (bonos) son fundamentales para atraer y retener a los mejores hombres en las filas del banco.

Estamos comprometidos a generar un balance justo entre las competencias de nuestros directivos y sus remuneraciones, pero “hoy necesito pedirles algo muy importante”, citó.

Y añadió que el Credit Suisse ha mejorado dramáticamente su modelo de negocios, su eficiencia, sus niveles de riesgo, y que en 2009 fue uno de los bancos que pagó los más altos dividendos a sus accionistas (1,30 francos por título, después de impuestos), pero “la única forma de mantenernos en esa senda en 2010 es recibir su apoyo”.

La opinión de cada uno de ustedes y su voto es fundamental para nosotros, refirió, por ello les pido reflexionar que los salarios no son suficientes para motivar a una fuerza productiva que está completamente enfocada en hacer su mejor trabajo para ustedes, nuestros accionistas.

Les falta honestidad

De los accionistas presentes, sólo 22 pidieron la palabra y su discurso fue, en todos los casos, combativo.

La totalidad abordó el tema de las remuneraciones del Credit Suisse y cada uno criticó, con mayor o menor intensidad, las proporciones que los pagos a los banqueros alcanzan.

Dominique Biedermann, director de la Fundación Ethos, fue uno de los oradores más críticos y repitió los argumentos que presentó hace dos semanas durante la asamblea general del UBS.

No es posible seguir a este a ritmo, dijo y conminó a los accionistas a rechazar la reelección de Aziz Syriani, administrador del Comité de Remuneraciones (quien más tarde sería ratificado en su cargo), porque de seguir así, pronto una decena de personas va a repartirse hasta 1.000 millones de francos suizos al año.

No es honesto, ni lógico, citó Biedermann, que las remuneraciones variables representen hasta el 90% del ingreso de un miembro del consejo directivo.
Los pequeños accionistas, desconocidos para la opinión pública, también tenían mucho que decir.

Uno de ellos preguntó en tribuna por qué, por más complejo y estresante que fuera el trabajo de Dougan, éste podía merecer 1 millón de francos cada tres días, considerando los días laborables que hay en el año.

Otro orador destacó que el ingreso del director general del Credit Suisse es 225 superior al de un consejero federal (ministro en Suiza), equivale a 2.225 veces el ingreso de una vendedora helvética y es hasta 500.000 veces la percepción de medio millón de costureras trabajando en el Tercer Mundo.

Y uno más, ingenioso, llegó a la asamblea disfrazado de Santa Claus y espetó: “Si piensan que me veo ridículo, creo que no soy tan ridículo como ustedes que se llenan los bolsillos de millones de francos”.

No al populismo

Mesurado y políticamente correcto, el presidente del Credit Suisse, Hans-Ulrich Doerig, quien inicia hoy su último año de trabajo en las filas del banco, ya que lo abandonará en abril de 2011, se dijo orgulloso de haber servicio a la institución durante 37 años, recorrido que le ha permitido observar la metamorfosis sufrida por el Credit Suisse.

Su discurso abordó los temas que ocupan a la agenda nacional.
Doerig defendió la cultura de los bonos, afirmó que cada 24 horas los empleados del banco toman 50.000 decisiones que tienen connotaciones positivas y negativas. “Necesitamos preservar una cultura que les haga sentirse identificados con el banco y hay que recompensarlos por ello”, puntualizó.

Y agregó que Suiza no vive tiempos compatibles con el discurso populista: “Las grandes empresas siempre son blanco fácil de ataques de este tipo, pero pocas veces se habla del papel clave que juegan en el crecimiento del país y en la generación masiva de empleos”.

Los grandes bancos debemos ser juzgados no por nuestra talla, sino por nuestra estabilidad financiera. Debemos responder a los requerimientos internacionales, pero preservando la identidad de la plaza financiera suiza.

En este sentido, Doerig destacó que Suiza debe negarse tantas veces como sea necesario al intercambio automático de información bancaria para fines fiscales, una demanda de la Unión Europea (UE) a la que el gobierno helvético se ha negado de forma recurrente.

Y sobre la desaparición del secreto bancario en el interior de Suiza, al eliminar la diferenciación que hoy existe entre fraude y evasión fiscal (esta última no considerada un delito grave en Suiza), Doerig afirmó que las cosas están bien como están.

“Credit Suisse cometió errores en 2007 y 2008, pero aprendimos las lecciones y estamos comprometidos a seguirlo haciendo bien, por eso pedimos su apoyo”, puntualizó.

Andrea Ornelas, swissinfo.ch

MANO DURA A LOS BANCOS

La aprobación por parte de los accionistas del Credit Suisse a su política de remuneraciones de 2009 se produce días después de que el gobierno suizo anunciara un paquete de medidas que aumentarán el control sobre los grandes bancos (ver ‘Más sobre el tema’).

Las disposiciones previstas contemplan esencialmente la imposición sobre bonos de más de dos millones de francos pagaderos a banqueros. A partir de este monto ya no serán considerados como gasto para el banco y dejarán de ser deducibles.

Del mismo modo, existiría una nueva Ley sobre los Riesgos Bancarios que obligará a las instituciones de crédito a estar mejor capitalizadas y a ser más cautas en la toma de decisiones.

La iniciativa gubernamental no es gratuita. Busca el respaldo legislativo para el llamado ‘Acuerdo UBS’, que permitirá entregar información bancaria confidencial a EEUU, con miras a evitar un conflicto político entre los dos gobiernos.

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Credit Suisse

Credit Suisse, con sede en Zúrich, fue fundado en 1856. Actualmente es el segundo banco más importante de Suiza.

Se especializa en el otorgamiento de créditos a empresas y clientes privados, así como en la gestión de fortunas.

A partir de 2009, somete ante su asamblea de accionistas su política de remuneración a directivos.

Esta decisión responde a un compromiso asumido con la Fundación Ethos, cuya meta es frenar la discrecionalidad de la iniciativa privada.

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DATOS CLAVE

Credit Suisse registró utilidades netas por 2.055 millones de francos suizos durante el primer trimestre de 2010, un 2% más que en el mismo lapso de 2009.

El banco tiene 47.600 empleados en el mundo, el 40% de ellos en Suiza.

Hans-Ulrich Doerig, actual presidente del Credit Suisse, dejará este cargo en manos del hoy vicepresidente, Urs-Rohner, a partir de abril de 2011.

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