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XX Aniversario de Beyeler “Monet es un gran jardín”

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'Los Nenúfares' de Claude Monet en la Fundación Beyeler.

'Los Nenúfares' de Claude Monet en la Fundación Beyeler.

(Keystone)

La Fundación Beyeler, el museo de arte más visitado de Suiza, celebra este año su 20 aniversario. Su director desde hace casi 10 años, Sam Keller, curador reconocido internacionalmente, nos habla del arte de las exposiciones, de los Nenúfares de Claude Monet y del segundo inmueble de la Fundación.

swissinfo.ch: En 20 años, la Fundación Beyeler se ha convertido en el museo más popular de Suiza. ¿Cuáles fueron los pasos principales para lograrlo?

Sam Keller: El museo, que al principio consistía únicamente en una colección de arte, se amplió progresivamente hasta convertirse en un sitio de acogida de exposiciones internacionales. Fue un paso importante. Después de la muerte de los fundadores, Ernst e Hildy Beyeler, la Fundación tuvo muchos apoyos y eso fue decisivo. Luego está, por supuesto, la importancia del contenido: El museo siempre ha puesto especial énfasis en el arte moderno y contemporáneo. Nuestros fundadores dijeron: no queremos hacer exposiciones para un pequeño círculo, sino transmitir el arte al público en general y estimular su interés. Eso implica mostrar artistas conocidos, pero también dar a conocer artistas contemporáneos.

Fundación Beyeler

Fue creada por la pareja de coleccionistas Ernst e Hildy Beyeler (fallecidos en 2008 y 2006, respectivamente). Desde 1952, animan la galería Beyeler de Basilea y reúnen durante 50 años obras de pintores modernos. En 1982 transfieren su colección a una fundación. En 1997, los Beyeler abren su propio museo, construido por el arquitecto italiano Renzo Piano en un parque en Riehen, a las puertas de la ciudad de Basilea.

Los primeros años estuvieron marcados por la famosa exposición ‘El árbol mágico’, en la que los artistas Christo y Jeanne-Claude envolvieron los árboles del parque. Para entonces la colección había reunido unas 300 obras de 74 artistas y la Fundación Beyeler se había convertido en la más visitada y de mayor renombre en el extranjero entre los museos de arte suizos. El récord de asistencia en 2015 fue de 480 000 visitantes para la exposición Gauguin. En 2017, la Fundación celebra su 20 aniversario con un programa especial que incluye exposiciones de Monet, Tillmans, Sehgal y Klee.

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 swissinfo.ch: Sus récords de asistencia, siempre se construyen con grandes nombres, como Gauguin en 2015.

S. K:. Está claro, los artistas conocidos atraen a más personas. Es importante ofrecer una nueva mirada sobre su obra, mostrar un nuevo aspecto, ya que siempre es posible reaprender a conocer incluso a alguien muy conocido.

swissinfo.ch: De manera más general, ¿qué se requiere para lograr una buena exposición?

S. K:. Una buena exposición selecciona obras interesantes de artistas importantes y las presenta en un contexto pertinente. Es algo más que la suma de sus partes, contribuye a una mejor comprensión de las obras. Luego está el nivel personal: ¿lo que veo me conmueve e interesa? ¿Me provoca algo? Además, una buena exposición nos dice también algo sobre nuestro tiempo.

swissinfo.ch: El tríptico de ‘Los Nenúfares’ de Monet, que se abre sobre el jardín del museo, es una de las obras más conocidas de su colección. ¿La exposición de Monet era obligatoria para comenzar este año de jubileo?

S. K:. Lo bello de este museo es que no hay nada que tengamos que hacer, pero mucho a lo que tenemos derecho y que podemos hacer. Simplemente queríamos organizar esta muestra. Sin embargo, Monet juega un papel importante para nuestra institución: ‘Los Nenúfares fueron para Ernst Beyeler una razón para construir el museo y para hacerlo en la forma que tiene.

swissinfo.ch: En un mundo globalizado, ¿qué asusta a muchas personas, qué pueden decirnos las obras de Monet?

S. K:. Generalmente, los cuadros de Monet son considerados hermosos, pero eso no significa que no sean apasionantes, tanto por su contenido como por su forma. Monet vivió en una época de crisis políticas. La industrialización oprimía a la gente y se sentían los albores de la Primera Guerra Mundial. Y en ese momento Monet se refugia en la naturaleza y pinta lienzos contemplativos. La aspiración a la experiencia natural y la necesidad de escapar a un mundo que va demasiado rápido son sentimientos aún muy presentes. El arte puede ser político sin presentar imágenes políticas. Tal vez su poder es aún mayor si se toma en cuenta la belleza. Monet hace visible el cambio y transforma nuestra visión del mundo en forma decisiva.

swissinfo.ch: Este año de jubileo incluirá también tres exposiciones de obras de la colección. ¿Cómo se ha desarrollado la colección?

S. K:. La hemos enriquecido sobre todo con arte contemporáneo. Entre los amigos y coetáneos de Ernst Beyeler estaban Giacometti y Picasso. Ahora tratamos de tener obras de algunas y algunos de los artistas más importantes de nuestro tiempo, con especial énfasis en las mujeres, ya que han sido descuidadas demasiado tiempo. Desde la época del fundador, la colección pasó de 225 obras a cerca de 300, todas de una calidad digna de un museo.

Sam Keller, director de la Fundación Beyeler.


(Keystone)

swissinfo.ch: Hace casi diez años que dirige la Fundación Beyeler. Usted dijo una vez que para un curador, asumir este cargo era como pasar del estatuto de florista al de jardinero. ¿Se ha convertido ahora en arquitecto paisajista?

S. K: (risas). No, no. Pero hay grandes y pequeños jardines: Monet es definitivamente uno grande. Y aquí, estoy seguro de trabajar en un jardín que crece y prospera.

swissinfo.ch: La Fundación Beyeler compró otra parcela en la comuna de Riehen. El arquitecto suizo Peter Zumthor va a crear otro museo. ¿Para qué será utilizado?

S. K:. Es un sitio magnífico, con árboles viejos, y nos alegramos mucho. Hasta el momento es un parque privado, pero se hará público. En el nuevo edificio, naturalmente, vamos a exponer más obras de arte, sobre todo de nuestra colección y de las de nuestros asociados.

También habrá un espacio para eventos culturales donde podremos organizar más fácilmente conciertos, espectáculos de danza, conferencias con artistas, debates y proyecciones de películas. Así, nuestro museo se va a desarrollar no solo espacial sino también conceptualmente, con una perspectiva de futuro.

swissinfo.ch: En 2012, usted permitió que una araña gigante de Louise Bourgois diera un paseo por diversas ciudades suizas. En 2016 construyó con Tobias Rehberger un sendero artístico hacia Alemania. ¿No se sentirá un poco estrecho en Riehen?

S. K:. No. El arte en el espacio público siempre ha sido algo importante para la Fundación Beyeler. Ya en 1980, Ernst Beyeler montó una exposición en un parque de Basilea. Para mí, que estaba en la escuela en ese momento, fue una gran sorpresa. Yo no había ido nunca a un museo, y de repente vi obras de Giacometti y Miró. Esa presentación dio a conocer la Fundación a un público más amplio, como más tarde, en 1998, los árboles empaquetados de Christo y Jeanne-Claude. Cada año realizamos un proyecto de ese tipo. Recientemente tuvimos a Santiago Sierra y a Tobias Rehberger y el año próximo tendremos a Ernesto Neto.

swissinfo.ch: Ernst Beyeler fue un apoyo importante para su carrera y luego surgió entre ustedes una estrecha amistad. ¿Se pregunta usted qué pensaría de la evolución actual del museo?

S. K:. Antes, siempre lo consultaba para tomar decisiones difíciles. Hoy tengo la suerte de tener a nuestro presidente Hansjörg Wyss, nuestro consejo de fundación, mi asistente artístico y mis colegas Ulrike Erbslöh y Thoedora Vischer, que me pueden aconsejar. Pero con frecuencia voy a su tumba en el cementerio Hörnli, y pienso “espero que esté bien para ti” o “me hubiera gustado que pudieras ver esto”.

Sam Keller (51) creció en Basilea, donde hizo estudios de Historia del Arte y Filosofía. Trabajó para Art Basel. En 1994 se convirtió en responsable de comunicación, y de 2000 a 2007, en director. En 2002 creó Art Basel Miami. En 2007, Ernst Beyeler, que apoyó activamente su carrera en Art Basel, lo invitó a la Fundación en Riehen, de la que devino director. En 2016, la Universidad de Basilea le otorgó el título de ‘doctor honoris causa’.

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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