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El cadáver exquisito de Sade

Algunas pinturas y bocetos pueden hacer que el visitante más sensible haga una mueca de dolor.

(www.kunsthaus.ch)

'Sade/Surreal, el Marqués de Sade y el imaginario erótico del surrealismo', exposición del Museo de Arte de Zúrich.

Usted se encuentra en el muy digno 'Kunsthaus' de Zúrich. Empieza a hacer su recorrido y, debajo de un fresco viril y patriótico de Doler, una pantalla proyecta la imagen de Catherine Deneuve a punto de ser flagelada. Se trata de 'Bella de día' de Luis Buñuel.

Ascendiendo un poco más se percibe el célebre 'Retrato imaginario de Sade' firmado por Man Ray,. Poco antes se encuentra un cartel que anuncia: 'Tercer Festival de la libre expresión'.

Las fotos de este acontecimiento organizado en Paris en 1966, por Jean-Jacques Lebel, seducen al visitante mientras continúa el ascenso por la escalinata.

Dos desnudos femeninos y lascivos aparecen al lado de una encantadora 'silla del amor', que hace vagabundear la imaginación: Es elegante y ergonómica.

Ergonómica, si la intención no es, evidentemente, el hecho de simplemente sentarse. Bien ... Está usted en condición de penetrar en el cuerpo mismo de la exposición.

Sexo, símbolo de rebelión

Le acoge luego una gran sala con iluminación azulada y atmósfera casi mística, en la que se puede sumergir en los manuscritos de Donatien François De Sade, nacido en 1740 y muerto en 1814, luego de una vida entregada al libertinaje, a la aventura... y sobre todo al encarcelamiento.

Los surrealistas veneraron a Sade. ¿Por qué? Según Breton, el surrealismo es un "automatismo psíquico puro por el cual uno se propone expresar, de forma verbal, escrita o de cualquier otra forma, el funcionamiento real del pensamiento. Es decir, dictado del pensamiento ausente de todo control ejercido por la razón, fuera de toda preocupación estética y moral". El paralelismo es tentador.

Por otra parte, también se puede evocar la dimensión política de Sade: el libertinaje en el XVIII no es una cuestión de abrir las piernas, sino una forma de rebelión asumida - sobre todo en contra de la religión - que Sade lleva al extremo: a nombre de la naturaleza, rechaza toda noción de orden político o moral.

"Tres hombres ayudaron a mi pensamiento a liberarse de sí mismo: el marqués de Sade, el conde de Lautréamont y André Breton", escribe Paul Eluard en la obra de La pirámide humana ('Les dessous d'une vie ou la pirámide humaine', título de la versión original).

Los surrealistas adoraban el cadáver

Los surrealistas adoraban practicar el "cadáver exquisito' ese juego colectivo que consiste en componer frases a partir de palabras (sujeto, verbo, adjetivo y complemento) que cada jugador escribe por su parte ignorando lo que escriben los demás.

El juego tomó el nombre, justo, de la primera oración compuesta: "El exquisito/ cadáver/ beberá/ el burbujeante vino"

Precisamente, Lo que se muestra en el Museo de Arte de Zúrich es un tipo de cadáver exquisito. Obras realizadas, salvo excepciones, sin concertación. La frase obtenida tiene un sentido: cuenta el mundo libre y chocante, sensual y horripilante, grotesco y chusco a veces, de Donatien François de Sade.

Sade, antes que Freud, subrayó la ruptura entre fantasma y realidad: "Si, soy un libertino, lo confieso, he concebido todo aquello que puede hacerse en ese género, pero no he puesto en práctica todo lo que he concebido y seguramente no lo haré jamás. Soy libertino, pero no criminal o asesino" escribió.

Bernard Léchot (extracto)


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