Giacometti o la marcha del hombre del siglo XX

'Hombre que marcha' bronce 1947 (© 2001 ProLitteris)

(swissinfo.ch)

Con una vasta exposición, la Kunsthaus de Zúrich rinde homenaje al escultor suizo nacido hace un siglo. La reseña viajará después al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Si hay un artista cuya obra descubrió nuevas perspectivas a la representación plástica del hombre, fue Alberto Giacometti. Sus figuras en bronce, enigmáticas, angustiosamente delgadas, frías y descarnadas podrían verse como imágenes de la soledad del hombre del siglo XX.

Con ocasión del centenario del nacimiento del artista, el próximo 10 de octubre, el Museo de Arte de Zúrich (Kunsthaus), en colaboración con el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) consagra una vasta retrospectiva al escultor, dibujante y pintor, fallecido el 11 de enero de 1966.

Hasta el 2 de septiembre la Kunsthaus de Zúrich, con el apoyo de la Fundación Giacometti, presenta 90 esculturas, 40 telas y 60 dibujos que descubren, sobre todo, el período surrealista del artista, cuando sus obras estaban impregnadas de una fuerte función simbólica.

"Queremos mostrar no sólo las esculturas que lo hicieron célebre después de la guerra, sino el vínculo entre los primeros trabajos cubistas y las obras de la vanguardia surrealista entre los años 20 y 30", explica Christian Klemm, curador de la fundación Giacometti.

Giacometti nació en 1901, en Stampa, pequeño pueblo de los Grisones, Suiza suroccidental, en un valle donde se habla un dialecto del suizo-italiano y no el romanche, idioma del cantón y cuarta lengua oficial suiza. El escultor es un ejemplo de una creación que transita entre la modesta aldea natal y la "aldea global".

"La vida de Giacometti transcurre entre el mundo arcaico de su pueblo alpino y París, centro de la creación mundana. Ese es su aspecto suizo", indica Tobia Bezzola, uno de los autores de la exposición.

Stampa y Ginebra son las etapas suizas de un itinerario que va desde el dibujo aprendido con su padre y la escuela profesional, hasta la formación artística en París, en la Academia de la Grande Chaumière, con Antoine Bourdel, alumno de Rodin, Las relaciones con Breton, Aragón, Dalí, Miró, Picasso abren un fecundo episodio surrealista que Giacometti acaba pronto con un polémico retorno al arte figurativo.

"Giacometti parte de una concepción artística del siglo XIX en busca de una visión plástica que madura en el siglo XX. La exposición pretende mostrar la unidad de esa trayectoria", añade Bezzola.

¿Quién podía imaginar que el creador de aquellas figuras filiformes y casi anoréxicas creció bajo el calor familiar y provincial de una auténtica dinastía suiza de artistas? 52 imágenes de Ernst Scheidegger, fotógrafo de Zúrich, amigo del artista, añaden a la reseña de la Kunsthaus el toque de la intimidad familiar y profesional de Giacometti.

Giovanni, su padre, fue pintor de frescos y vitrales. Diego, uno de sus hermanos -diseñador- fue su modelo y colaborador. Bruno, el otro hermano, aún vivo, ahijado del célebre pintor Ferdinand Hodler, es arquitecto. Augusto, el primo, fue pintor. El prestigio de la legendaria familia Giacometti atravesó fácilmente las fronteras.

Aunque el culto al artista no es frecuente en Suiza, casi todas las grandes ciudades del país han dedicado exhibiciones al escultor, inmortalizado incluso en las ilustraciones de los actuales billetes de 100 francos suizos.

Son raras también las capitales del mundo que no han acogido exposiciones del escultor suizo. El 10 de octubre próximo, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, ante el Gotha mundial del arte contemporáneo, repetirá la muestra de Zúrich, hasta enero de 2002.

En opinión de los responsables del MoMa la muestra será un acontecimiento porque Nueva York no ha visto a Giacometti desde hace una generación. Al abrir nuevos espacios a la representación plástica, la obra de Alberto Giacometti fue un reflejo de la irrefrenable e incierta búsqueda del hombre del sigo XX y, quizá, del XXI.

Jaime Ortega



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