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Hablar del suicidio para evitarlo

La mejor respuesta para alguien que sufre, es escucharlo. swissinfo.ch

Las Iglesias organizan el primer Congreso Nacional sobre el suicidio. Invitan al debate sobre un tema que aún es un enorme tabú.

Este contenido fue publicado el 06 mayo 2002 - 16:46

Psiquiatras, especialistas de ética e incluso capellanes se reúnen el miércoles y el jueves (07.05 y 08.05) en Berna en torno al Congreso interdisciplinario sobre el suicidio organizado por las Iglesias.

Esta movilización nacional -la primera en su género- es una respuesta a lo que se ha convertido en un verdadero problema de salud pública: cada año entre 1,200 y 1,500 personas ponen fin a su vida en Suiza.

"Las Iglesias están muy conmovidas por este fenómeno, explica Andreas Stauffer, portavoz de la Federación de Iglesias Protestantes de Suiza".

Por ejemplo, subraya que "nuestros capellanes están siempre en contacto con personas que han perdido a alguien cercano en forma violenta y hay que acompañarlas".

Un trabajo aún más complicado puesto que en nuestra sociedad el tema es tabú. Es difícil hablar de él, sea como forma de prevención o para ayudar a las personas afectadas por un deceso. Y las Iglesias no son, evidentemente, las únicas en enfrentarse a ese silencio.

Hablar de la muerte en las escuelas

"La principal respuesta que uno puede dar a un ser humano que sufre, es la de escucharlo". Ese consejo de François Ladame, responsable de las unidades para adolescentes y jóvenes adultos del Departamento de Psiquiatría de los Hospitales Universitarios Ginebrinos (HUG) puede parecer evidente; sin embargo, muchos de los jóvenes en dificultad, no pueden ni siquiera hablar de ellos con sus padres.

La escuela debería abordar también el asunto y efectuar tareas preventivas. Es el punto de vista de Florian Irminger, miembro de la asociación 'Stop Suicidio'. "No se trata necesariamente de abordar el suicidio desde la más joven edad, sino de hablar de la muerte, puesto que hay una pérdida total de puntos de referencia sobre ese concepto".

Una discusión aún más necesaria cuanto que, como lo subraya François Ladame, no incita a los jóvenes a suicidarse: "los que no representan ningún peligro recibirán información que podrá ayudarles en la continuación de su vida. Los otros se sentirán reconfortados al saber que es posible establecer un diálogo".

Pero el silencio domina. Y los allegados de las personas consideradas en riesgo, sufren también. Padres de familia, amigos, colegas, profesores o inclusive médicos generalistas se encuentran muy frecuentemente solos e impotentes frente a la angustia del otro. De ahí la necesidad de instrumentar lo que Françoise Ladame llama "cadenas de solidaridad".

Ayuda psicológica prácticamente ausente

Otro signo del tabú que rodea a este asunto: una familia que enfrenta un suicidio no encuentra prácticamente más que a la policía. Los familiares tendrán evidentemente, necesidad de un apoyo mucho más importante. Y no son los únicos en esa situación.

En realidad, un gesto suicida tiene repercusiones. En la familia, en el sentido amplio del término, pero también en la escuela. En efecto, es imposible saber a dónde se van a detener los efectos de ese gesto definitivo. Para Françoise Ladame, una sola cosa es segura: "hay que introducir medidas para ayudar a aquellos que reciben esos golpes".

Concretamente, debería organizarse una ayuda psicológica inmediatamente. Ahora, un apoyo semejante está previsto en casos de desastre, de catástrofe, pero prácticamente nunca luego de un suicidio.

Ninguna estructura nacional

Y, sin embargo, el silencio alrededor del suicidio se derrumba. Todos los especialistas concuerdan en que se han hecho enormes progresos en los últimos años. Como prueba de ello, este primer Congreso Nacional organizado por la Iglesias.

Otro ejemplo: En Ginebra, se puso en funcionamiento una estructura, hace cinco años, para luchar contra el suicidio de los adolescentes. Después de ello, subraya Florian Irminger, el número de suicidios registrados en el cantón ha descendido claramente.

Pero eso no es suficiente. Más que el tabú social, los profesionales señalan con el dedo la inacción de las instancias oficiales, en particular a nivel federal. Así, la iniciativa ginebrina fue posible gracias a la colaboración entre una institución privada, el hospital Cantonal y el Consejo de Estado.

Por lo pronto, no existe estructura nacional alguna de lucha contra el suicidio. Sólo se creó un grupo de trabajo hace algunos meses que debería terminar sus trabajos a finales de año e iniciar la constitución de un comité.

Pero Françoise Ladame es categórica: "es indispensable una muy firme voluntad política para apoyar una iniciativa en el plan nacional".

Caroline Zuercher

Línea de ayuda 24 horas del Centro de Estudios y de Prevención del Suicidio en Ginebra: (022/382 42 42)

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