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Kabul a la espera de una 'nueva liberación'

(swissinfo.ch)

Inicia la segunda semana del contraataque estadounidense a Afganistán. EE UU rechazó la oferta talibán de juzgar a Osama Bin Laden en un país neutro. La situación afgana bajo la perspectiva del etnólogo suizo Pierre Centlivres, fundador del Instituto de Etnología de la Universidad de Neuchatel.

Los habitantes de Kabul han aprendido a desconfiar de sus liberadores. Los ancianos se acuerdan del mes de octubre de 1929, cuando las tribus pathaans del sur, llegaron con el objetivo de eliminar al usurpador tajik Habibulah II. Recibieron como sueldo del nuevo soberano (vencedor del precedente), el permiso de saquear la capital, ya que las cajas del Estado estaban vacías.

Cincuenta años después, en diciembre de 1979, el Ejercito Rojo entraba en Kabul, para socorrer al gobierno comunista de entonces, amenazado, según se decía, por los "bandidos reaccionarios y las marionetas del imperialismo norteamericano", es decir, la resistencia islámica. La intervención costó caro al país y a su capital. Centenares de miles de muertos y mutilados, millones de exiliados y las cárceles de Kabul, por un tiempo vacías, se llenaron de nuevo.

En 1992, 3 años después de la partida del Ejército Rojo, los movimientos de resistencia liberaron Kabul. Lamentablemente, el fin del régimen comunista fue de nuevo una prueba más para los habitantes de la capital. En verano inició la disputa de la ciudad entre las diversas facciones muyahidin. Kabul, que no fue tocada por los soviéticos, resultó entonces destruida en casi la mitad de su totalidad.

Tuve ocasión en pasar un mes en Kabul con mi esposa en el verano de 1996. B. Rabbani, precario presidente, era entonces el jefe. Grupos de muyahidin armados, barbudos y de largos cabellos, recorrían las calles. En la ciudad moderna, después de una relativa emancipación del régimen precedente, las mujeres reaprendieron a vestir el burqa.

En 1996 Kabul continuaba contando los impactos de las bombas que caían al azar en los barrios habitados: Lanzadas por los muyahidin contra el régimen comunista al principio, después, facción contra facción, en 1996 provenían de los talibán que estaban ya muy cerca. Según sus convicciones, y sobre todo, según su origen, los habitantes de Kabul temían o esperaban la llegada de estos nuevos actores de la escena afgana, estos rústicos pathaans (tribus que hablan pashtun).

En fin, en septiembre de 1996, los talibán procedieron a la "segunda liberación" de la capital. Una liberación tan dura como la precedente, que aportó el desempleo, la supresión brutal de los empleos femeninos y la imposición de obligaciones morales y de vestimenta.

La lucha por el control de la capital se ha realizado siempre a expensas de sus habitantes. Cada cambio de régimen, desde el inicio del interminable conflicto, ha conducido a una difícil y nueva situación, un acrecentamiento de la miseria y del sufrimiento.

Kabul es una capital castigada, que ha perdido, para colmo de su desgracia, lo esencial de su papel. El centro de poder, bajo los talibán, está, al menos hasta octubre de 2001, en Kandahar, en donde reside su jefe carismático, Mullah Omar.

Y ahora asistimos a una nueva fase crítica, bajo forma de ataques aéreos programados y repetidos, y al reinicio de los combates. Los habitantes de Kabul ¿sobrevivirán a su nueva liberación?

Pierre Centlivres


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