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La corrupción bloquea el desarrollo de Bolivia

Walter Bopp (izda) con José Luis Paredes, alcalde de El Alto. Embajada suiza Bolivia

Para atacar este flagelo, el encargado de negocios de Suiza en Bolivia, Walter Bopp, estima necesario reformar el poder judicial.

Este contenido fue publicado el 03 septiembre 2002 - 10:02

Bolivia, uno de los países prioritarios de la cooperación suiza, figura entre los más corruptos de América Latina.

A pesar de los solemnes compromisos proclamados por los gobiernos que llegaron al Palacio Quemado en los últimos tres lustros, la corrupción mantiene su carta de vigencia y sigue sumiendo en la pobreza a más del 60% de los 8,5 millones de habitantes que tiene Bolivia.

Sus tentáculos llegaron incluso a salpicar al Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), principal socio de la actual coalición gobernante que encabeza el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), desde el pasado 6 de agosto.

Pese a esos antecedentes, el encargado de negocios de la Embajada suiza en Bolivia, Walter Bopp, cree que el nuevo gobierno luchará contra el mal de la corrupción mediante un poder especial concedido al vicepresidente de la República, el periodista y sociólogo Carlos D. Mesa.

Sin embargo, estima que será difícil atacar este flagelo, sin la participación de la sociedad civil, al tiempo de señalar que en Suiza son los ciudadanos los principales actores del control anticorrupción, y que la justicia actúa con celeridad si se detecta un acto ilegal.

En Bolivia, uno de los poderes cuestionados es el Judicial, a causa de la endémica retardación de justicia y la falta de acciones para encarcelar a los corruptos, cuadro en el que interviene el poder económico de ex autoridades y ex parlamentarios acusados de corrupción. A juicio de Walter Bopp, ese Poder debe ser reformado.

Industrializar la coca

Bolivia sigue siendo el tercer productor mundial de hoja de coca, después de Perú y Colombia, pese a la aplicación del Plan Dignidad desde 1997 que busca sacar al país del circuito de la droga.

Consultado sobre la posibilidad de industrializar la hoja de coca con fines medicinales u otros que no tengan que ver con la cocaína, Walter Bopp sostiene que, primero, se debe cumplir con lo establecido por la Convención de Viena, de la que Bolivia es signatario.

En su opinión, sería conveniente analizar hasta qué punto es posible hacerlo, tomando en cuenta el alto precio que adquiere la hoja de coca desviada para fabricar la droga, y las perspectivas que ofrecería otro tipo de industrialización. Bopp sugiere la sustitución de las plantaciones de hoja de coca por las de otros productos alternativos con mercado.

Para ello se necesita crear primero una verdadera infraestructura agrícola en la región del Chapare, de manera que se permita el traslado de otros productos a mercados seguros, con el apoyo de los países industrializados.

Mientras no se logre solucionar el problema de los productores de la hoja de coca con la sustitución de otros productos rentables, seguirán los conflictos entre el gobierno y este sector de la población boliviana, predice el diplomático suizo.

Ayuda al desarrollo

La cooperación helvética lleva más de tres décadas trabajando en Bolivia. El año pasado Suiza asignó 17.900 millones de francos a proyectos de desarrollo en el país andino.

Berna destina actualmente el 0,34% del Producto Interior Bruto (PNB), pero "se va a aumentar el porcentaje", señala Bopp. El gobierno prevé elevarlo al 0,4% del PNB de aquí al 2010. Los países escandinavos y Holanda son los únicos que cumplen el objetivo fijado por la ONU: 0,7% del PNB.

En cuanto al comportamiento del nuevo gobierno encabezado por Sánchez de Lozada, Bopp estima que, a menos de un mes de su mandato, todavía es difícil predecir su reacción ante el sorprendente cambio operado en las elecciones del 30 de junio, cuyos resultados acrecientan la representación parlamentaria de los pueblos indígenas.

Aún es incierto el protagonismo real que puedan tener el Movimiento al Socialismo (MAS) del líder cocalero Evo Morales y el Movimiento Indígena Pachacuti del dirigente campesino, de línea radical, Felipe Quispe.

Sin embargo, el diplomático helvético manifiesta sus esperanzas de un buen manejo del gobierno, sobre todo para beneficio de la lucha contra la pobreza, con la inclusión activa de la representación indígena en la toma de decisiones que les atañen.

Félix Espinoza, La Paz

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