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La industria suiza de maquinaria textil tiene un dilema con China

La mayoría de las grandes empresas suizas de maquinaria textil tienen fabricación local en China y desde Suiza exportan únicamente componentes de alta gama. © Keystone / Gaetan Bally

En medio de acusaciones de trabajo forzoso de uigures y otras minorías étnicas en la cadena de producción de ropa, el sector suizo de maquinaria textil se enfrenta a temas espinosos con relación a sus vínculos con China y su dependencia de ella.

Este contenido fue publicado el 12 abril 2021 - 11:00

En 2014 –el mismo año en que entró en vigor el acuerdo de libre comercio entre Suiza y China– un grupo de homólogos del sector, entre los que se encontraba un representante de la empresa suiza Uster Technologies, visitóEnlace externo desmotadoras de algodón y fábricas de hilados en la provincia de Xinjiang, al oeste de China. El viaje incluyó una visita con el entonces subcomandante del Cuerpo de Construcción y Producción de Xinjiang, también conocido como XPCC.

En los años siguientes, la industria suiza de maquinaria textil pudo beneficiarse de la expansión de la producción textil en Xinjiang. Y, según los datos aduaneros, en 2017 Suiza fue el mayor exportador a Xinjiang de accesorios de tejido de punto, como husos y piezas de repuesto.

Esto fue dos años antes de que se publicaran los llamados Cables de ChinaEnlace externo: documentos filtrados desde dentro del Partido Comunista Chino que revelaron detalles sobre una presunta campaña de represión patrocinada por el Estado contra los uigures y otras minorías étnicas en la región occidental del país, incluyendo el trabajo forzado en la cadena de suministro textil.

Las empresas suizas, como Rieter y Uster, que venden maquinaria textil a fábricas de China, incluida la región de Xinjiang, y que por lo general pasan desapercibidas, ahora se enfrentan a cuestiones difíciles sobre la fuerte dependencia que su industria tiene de China.

Nicho de mercado

Resulta difícil saber cuántas máquinas textiles suizas acaban en Xinjiang. Los datos aduanerosEnlace externo extraídos del Observatorio de la Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés) muestran que Xinjiang importa la mayor parte de su maquinaria de tres países: Alemania (26,8 millones de dólares, el 46,5%), Japón (23,4 millones, el 40,6%) e Italia (7,4 millones, el 12,8%).

Suiza, sin embargo, es uno de los principales exportadores de accesorios para máquinas tejedoras, como husos, maquinitas para lizos y mecanismos de parada automática utilizados en grandes máquinas de hilar, tejer o hacer punto.

Los datos de aduanas muestran que, en 2019, los accesorios de tejer fueron la segunda mayor exportación suiza a Xinjiang después de las impresoras industriales.

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Mientras que ese mismo año 2019 Alemania suministró a Xinjiang la gran mayoría de las exportaciones de accesorios para máquinas de tejer (casi el 91%, por un valor de 39,7 millones de dólares), unos años antes, en el momento de mayor expansión de la industria textil en Xinjiang, Suiza tuvo un papel especialmente importante. Así, en 2017, Suiza estaba por delante de Alemania, representando alrededor de la mitad de las exportaciones de accesorios de tejer a Xinjiang.

Filiales, fusiones y adquisiciones

Pero los datos de exportación solo muestran una parte del problema. Ernesto Maurer, presidente de la Asociación Suiza de Maquinaria Textil, en el folletoEnlace externo del 75º aniversario de la asociación señala que “a través de sus numerosas filiales internacionales, los fabricantes suizos de maquinaria textil controlan mucha más [cuota de mercado] de lo que revelan las estadísticas aduaneras nacionales”.

Y esto se debe a que la mayoría de las grandes empresas suizas de maquinaria textil tienen agentes de venta y filiales con producción local en China y desde Suiza solo exportan componentes de alta gama.

Inversores chinos han comprado algunas empresas en su totalidad y en Suiza solo mantienen oficinas o departamentos de investigación. En 2010, la compañía china Ningbo Cixing se hizo con la suiza Steiger. En 2012, otra firma china, Jinsheng, compró al grupo Oerlikon la marca Saurer, con 150 años de antigüedad. En su informe anual de 2017, Saurer indicó que el 37% de sus 4 400 empleados estaba en China, mientras que en Suiza solo se encontraba el 3%.  

Aquel mismo año, SaurerEnlace externo creó una filial de su propiedad, Saurer Xinjiang.

Vínculos con los proveedores

Las máquinas con origen en Suiza –dondequiera que se produzcan– se están utilizando en fábricas que han recibido sanciones de Estados Unidos por acusaciones de trabajos forzosos. En mayo de 2019, el The Wall Street JournalEnlace externo informó de que residentes en Xinjiang habían sido obligados a participar en programas de formación que enviaban trabajadores a las fábricas de la zona, algunas de las cuales tejían o hilaban textiles para grandes marcas.

El Gobierno chino ha negado estas acusaciones y ha defendido el programa como una campaña de formación masiva destinada a sacar a la etnia de la pobreza y luchar contra el terrorismo.  

Según el diario Le TempsEnlace externo, con sede en Lausana, en 2019 el grupo suizo Rieter vendió 66 máquinas Ring Spinning G32 a la empresa china Huafu Top Dyed Melange Yarn; máquinas que se utilizan para tejer algodón. El periódico informa de que la suiza Uster también vendió equipos a la empresa Huafu, que en 2020 desembarcó en la lista negra de Estados Unidos.

Otra empresa que figura en esa misma lista negra –Esquel Group, con sede en Hong Kong– tiene fábricas de algodón en Xinjiang que utilizan equipos producidos por Uster. En 2019 dos de las fábricasEnlace externo de Xinjiang –Changji Esquel Textile Co y Turpan Esquel Textile Co. Ltd– recibieron un sello de calidad de Uster.

Esquel, que opera en Xinjiang desde 1995, ha negado las acusacionesEnlace externo de trabajos forzosos y ha señalado que una auditoría realizada por terceros no ha encontrado pruebas de ello. En su página web la empresa afirma que su hilandería de Changji es una “fábrica avanzada de última generación y altamente automatizada” que solo necesita 45 técnicos, frente a los 150 empleados que requiere una hilandería tradicional. Parte de la maquinaria altamente automatizada es de la firma suiza Rieter, como se ve en este vídeoEnlace externo de la empresa.

El informe anual de 2019 de Saurer indica que su fábrica de Xinjiang participó en un plan del Gobierno local para aumentar el empleo entre las minorías étnicas, contratando en su nueva planta a 95 empleados de distintas minorías étnicas.

En respuesta a una solicitud de más detalles, la empresa explica que “los empleados de minorías étnicas en la planta en Urumqi se dedican a una variedad de puestos y van desde trabajadores de taller hasta graduados universitarios, trabajando en todos los campos industriales”.

Shelly Han, miembro de la Asociación para el Trabajo Justo (FLA, por sus siglas en inglés), una ONG creada en Estados Unidos para promover la protección de los derechos laborales tras los escándalos de los talleres clandestinos en la década de 1990, ha dicho a SWI swissinfo.ch que no cree que todas las fábricas de Xinjiang utilicen la mano de obra forzada. Aunque añade que no hay forma de demostrar lo contrario.

“Creemos que las empresas no pueden hacer una diligencia debida efectiva en Xinjiang por la extrema vigilancia [del Gobierno chino]. Esto significa que los auditores no tienen libertad de movimiento y los trabajadores no pueden hablar abiertamente”, cuenta Han.

En diciembre, la FLA dejó de abastecerse en Xinjiang porque la situación “desafía las normas convencionales de diligencia debida” y, por tanto, no podía descartar el trabajo forzado.

Cortar y correr

En este contexto, las empresas se enfrentan cada vez más a riesgos reputacionales derivados de cualquier vínculo comercial con Xinjiang o de las acusaciones de trabajo forzoso. Es poco probable que los problemas desaparezcan, ya que los últimos informesEnlace externo indican que se está trasladando a la fuerza a trabajadores de Xinjiang a otras provincias.    

Pero ¿puede responsabilizarse en la misma medida a una industria que vende una máquina que permanece en una fábrica durante años que a una marca que compra de continuo tejidos o camisetas de algodón fabricadas con supuestos trabajos forzados?

Dorothée Baumann-Pauly, del Centro de Empresas y Derechos Humanos de Ginebra, afirma que “las empresas que venden maquinaria a la región se enfrentan a algunas de las mismas cuestiones que las que venden tecnología de vigilancia. Hay que averiguar a quién se vende y para qué se utiliza, dice.

Shelly Han sostiene que las empresas de maquinaria deberían saber con quién están haciendo negocios. “Puede que directamente no contribuyan a la violación de los derechos humanos, pero están contribuyendo a un sistema que está creando esa violación de los derechos humanos. Y en el caso de Xinjiang, es un sistema”, afirma Han.

Y Angela Mattli, de la ONG suiza Sociedad para los Pueblos Amenazados, se pregunta hasta qué punto se toman las empresas en serio la situación.   

“Como empresa hay que tener unas líneas rojas. Hay que esperar cierta información de los socios comerciales en China. Y hay que tener en los contratos cláusulas de salida”, explica Angela Mattli de esta ONG, que ha iniciado un diálogo sobre la situación en Xinjiang con Swissmem, la asociación suiza que aglutina a la industria de la maquinaria.

Qué dicen las empresas

Todas las empresas suizas de maquinaria textil que han respondido a SWI swissinfo.ch expresan un mensaje similar de tolerancia cero ante la discriminación o el abuso de los derechos humanos.

En una declaración enviada por correo electrónico a SWI swissinfo.ch, Rieter escribe que “rechaza el trabajo forzado. Este principio está anclado en el Código de Conducta de Rieter”, y que en todas sus relaciones comerciales “se compromete a cumplir todas las leyes y reglamentos pertinentes”.

Saurer dice que se siente “muy orgullosa de garantizar el respeto a la dignidad personal, la privacidad y los derechos personales de nuestros empleados”.

Uster Technologies ha contestado a SWI swissinfo.ch que “solo trabajan con socios que tratan a sus empleados de forma justa y cumplen con la legislación aplicable”, lo cual incluye abstenerse de utilizar mano de obra forzada, y que “hasta ahora nunca hemos experimentado directamente ninguna circunstancia que indique que alguno de nuestros clientes estuviera actuando en contra de nuestro código de conducta”.

Sin embargo, las empresas no han comentado las acusaciones específicas sobre Xinjiang ni han dado detalles sobre cómo se aseguran de que los proveedores o clientes cumplan sus normas.

Florian Wettstein, profesor de ética empresarial en la Universidad de San Galo, que ha escrito sobre el silencio cómplice, ha señalado a SWI swissinfo.ch que la situación en China es diferente a la de otros países porque es un mercado muy importante. “Las empresas son extremadamente cuidadosas con lo que dicen”.

Una posición delicada

La situación de las empresas suizas es tal vez más frágil todavía. China es el tercer socio comercial de Suiza, y Suiza ha sido el primer país occidental en firmar un acuerdo de libre comercio con la superpotencia.

El sector se enfrenta a la dura competencia de la propia China. Las exportaciones totales de maquinaria textil suiza han disminuido en los últimos años, a medida que el sector de la maquinaria propia de China se vuelve más sofisticado y las empresas suizas establecen más producción local en China. La mayor parte de la maquinaria textil se produce en China y por empresas chinas.

“Los competidores extranjeros no están dormidos. Se están poniendo al día tecnológicamente”, señala Stefan Brupbacher, director de Swissmem, la organización que engloba a los fabricantes suizos de maquinaria. “Impedir que las empresas suizas vendan y atiendan a China como mercado daría a las compañías chinas y extranjeras una gran ventaja sobre las suizas en un mercado floreciente”. La producción china no solo sirve al mercado local, sino también a otros muchos mercados manufactureros.  

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Influencia política

Dada la delicada situación de la industria en la cuerda floja con China, es poco probable que las empresas hablen o cambien sus prácticas si no hay cierta presión o influencia política. Esto es especialmente cierto después de ver cómo el Gobierno y los consumidores chinos han tomado represalias contra H&M y Nike por expresar su preocupación por la situación en Xinjiang.

Rieter escribió que confía en las instituciones políticas que se ocupan de este asunto. Y un portavoz de Uster dijo que “no nos corresponde establecer o cambiar estas normas ni tomar partido en ningún discurso de los gobiernos”.

Suiza, por su parte, no ha adoptado una posición dura con China. Tanto el Parlamento como el Gobierno han rechazado recientemente una propuestaEnlace externo que pretendía prohibir la importación de productos fabricados con trabajos forzados.

Brupbacher, de Swissmem, cuestiona la eficacia de los boicots y las sanciones unilaterales. “La industria ayuda a fomentar una clase media. Lo hemos visto en China, donde la industria ha ayudado a sacar a millones de personas de la pobreza”.

El Ministerio de Economía suizo ha confirmado a SWI swissinfo.ch que ha estado en contacto con algunas empresas de maquinaria textil y que está “planeando un intercambio con varias empresas de la industria de maquinaria textil sobre la situación de los derechos humanos en Xinjiang”, pero que no se ha fijado una fecha todavía.

Traducción del inglés: Lupe Calvo

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