Navigation

La ONU sigue dividida sobre la política de drogas

Suiza tiene un programa de suministro controlado de heroína a toxicómanos graves. Keystone

Suiza, uno de los países que respaldan el modelo despenalizador, estuvo en el punto de mira en la Conferencia de Naciones Unidas, que concluyó este jueves en Viena.

Este contenido fue publicado el 17 abril 2003 - 20:49

El jefe de la delegación helvética traza un balance poco alentador de la reunión.

"No se nos ha criticado directamente en tanto que país, sino algunas de las medidas que Suiza, al igual que otras naciones, ha adoptado en su política de drogas", explica Thomas Zeltner, director de la Oficina Federal de la Salud Pública (OFSP).

Estados Unidos, los países escandinavos y africanos, partidarios de una política represiva, aceptan a duras penas que se distribuyan jeringuillas a los toxicómanos o se les pongan a disposición centros donde puedan inyectarse las dosis.

Y la incomprensión es total cuando se abordan temas como la distribución de heroína bajo prescripción médica.

"El objetivo de esas medidas, sin embargo, es reducir los riesgos. Además, muchos países europeos las respaldan en aras de la lucha contra el sida", subraya Thomas Zeltner.

Drogas duras y drogas blandas

Los partidarios de una política represiva tampoco están de acuerdo con los países, cuyas legislaciones intentan establecer una diferencia entre drogas duras y drogas blandas.

Es el caso de Suiza. De hecho, el próximo mes de mayo, la cámara baja del Parlamento helvético dará previsiblemente su visto bueno a la despenalización del consumo de cáñamo.

Y es probable que otros países sigan el ejemplo. Dicho sea que Holanda, Alemania, Gran Bretaña y Bélgica ya han adoptado el modelo despenalizador en materia de política de drogas.

"Son cada vez más los países - sobre todo en Europa occidental - que estiman necesario establecer una distinción no sólo entre las sustancias mismas, sino también entre los consumidores: habituales u ocasionales", señala Thomas Zeltner.

Pocos progresos

Estos argumentos no encuentran eco entre los partidarios de medidas represivas. En su opinión, "las políticas que contemplan una actitud tolerante frente al consumo" envían señales equívocas a los ciudadanos.

Pero, además, los participantes en la Conferencia de Viena tuvieron que reconocer que los ambiciosos objetivos fijados durante la Asamblea General extraordinaria de la ONU en 1998 están lejos de ser alcanzados.

En aquel entonces, se estableció un plazo de cinco años para "reducir de forma significativa" la producción y el consumo de drogas en el mundo.

Es verdad que los cultivos de coca en Colombia han disminuido un 30%. También ha mejorado la cooperación internacional en materia de lucha contra el blanqueo de dinero de origen ilícito. Por lo demás, el balance es poco alentador o "moderado", como señala con mucha diplomacia Thomas Zeltner.

Conservar los pies sobre la tierra

Respecto al segundo objetivo fijado hace cinco años - un mundo sin droga en el 2008 - incluso los defensores de medidas represivas han tenido que reconocer que es puramente utópico.

"Quizás se consiga algún día a lo largo de la historia de la humanidad, pero no será en el 2008", concluye Thomas Zeltner. "Creo que todos coincidimos en que hay que olvidar esa visión y ser mucho más realistas".

swissinfo, Marc-André Miserez
(Traducción: Belén Couceiro)

Este artículo ha sido importado automáticamente del antiguo sito web al nuevo. Si observa algún problema de visualización, le pedimos disculpas y le rogamos que nos lo indique a esta dirección: community-feedback@swissinfo.ch

Compartir este artículo