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La voz de las gradas

Los ultras de Martigny, Valais.

(swissinfo.ch)

Fans, hooligans, ultras... El simple aficionado no siempre distingue la diferencia. Y sin embargo, visto desde dentro, no caben todos en el mismo molde. El Museo de Etnografía de Ginebra (MEG) dedica una exposición al desarrollo del fenómeno "ultra".

"Actualmente es imposible entrar en un estadio con un vaso de cristal, un perro o una botella de plástico... el control es muy estricto", señala Christian Delécraz, director del Anexo de Conches del MEG.

Para la Eurocopa 2008 la "lista de objetos prohibidos" que ha publicado la UEFA es más larga que un día sin pan – o para no salirnos de contexto- más larga que un partido sin cerveza.

No sorprende que en esa lista figuren las armas, pero se enumera también una larga serie de objetos como "astas de bandera, escaleras, sillas, sillas plegables, botes, bolsas grandes, mochilas, maletas y bolsas de deporte", y se llega a prohibir "cualquier objeto de promoción comercial, política o religiosa, y en particular estandartes, signos, símbolos y documentos".

A pesar de quererlos convertir en lugar de clasificación y control, los estadios siguen siendo sin embargo un espacio de libertad de expresión. La gigantesca "mediatización" del fútbol y la "internetización" del mundo hacen de ellos una formidable tribuna para múltiples reivindicaciones.

Son muchos los "ultras" que, arracimados tras las porterías, denuncian el funcionamiento del fútbol y, de un modo más general, el de la sociedad.

El fenómeno "ultra"



El fenómeno o movimiento "ultra" nació en la Italia de finales de los años 60 bajo el efecto de afirmación de la juventud y no apareció en Suiza hasta la década de los ochenta. Al contrario de los hooligans que buscan sistemáticamente la violencia, los ultras sólo recurren a ella de manera ocasional, como por ejemplo cuando tienen la impresión de que su honor está en juego.

Sin embargo, y en contra de lo que podría suponerse a priori, muchos ultras son estudiantes o han seguido una formación universitaria. Estos grupos, compuestos mayoritariamente por jóvenes entre 16 y 25 años, están muy organizados y estructurados. Cada grupo posee un nombre, un símbolo, un territorio y una historia que defender. Se parecen bastante a una familia en la que la solidaridad es un valor esencial.

Situados detrás de las porterías, en las zonas de los estadios denominadas "fondos", estos aficionados se caracterizan por el modo extremo de animar a sus equipos. Coreografías, tambores, banderas y cantos lanzados por un jefe denominado "capo" son los principales instrumentos que utilizan para animar a sus jugadores y para afirmar su supremacía frente al grupo ultra del fondo contrario.

Para ellos, la animación de las gradas cuenta casi tanto como la actuación de los futbolistas sobre el terreno de juego. El apego de los ultras a su ciudad o a su región, a veces vivida de manera muy intensa, contribuye a la cohesión del grupo.

Animados por pasiones muy diversas y por ideas políticas a veces contrarias, estos aficionados se unen para defender causas comunes. "Los miembros de los grupos ultras se sienten a sí mismos como una contracultura y utilizan los estadios para denunciar el aburguesamiento del público, la política de desinformación de los medios de comunicación con respecto a ellos o la mercantilización del fútbol", escribe el analista Raffaele Poli en su obra "Fuera de juego, fútbol y sociedad".

El debate político



El compromiso político que subyace en estos grupos hizo su aparición en las gradas poco después de 1968, en Italia, paralelamente al nacimiento del fenómeno ultra. Los manifestantes pasaban de modo natural de la calle a los estadios, en una época en la que la política estaba muy presente en la vida cotidiana.

El término ultra designaba inicialmente a los extremistas políticos de izquierda, en los que se inspiraría la mayoría de los grupos de aficionados de los años 70. Los nombres con que fueron bautizados fueron también sacados de los movimientos radicales de la época. Así, por ejemplo, los "Nuclei Armate Bianconeri", ultras del Juventus de Turín, tomaron su nombre de los "Nuclei Armate Proletari", una organización de extrema izquierda.

De un lado la cruz gamada y el saludo fascista, del otro una foto de Stalin y la bandera de la Unión Soviética; así muestran sus afinidades políticas extremistas algunos grupos de seguidores ultras. Aunque a veces pueden reflejar una adhesión auténtica a las ideologías originales, en su mayoría son utilizadas para estimular la confrontación con los grupos rivales que no comparten los mismos ideales.

Los estadios se han convertido, en el transcurso de estos años, en un lugar ideal para afirmar reivindicaciones de todo tipo: llamamientos al pacifismo, demandas de soberanía territorial, rechazo racista o incluso reivindicaciones imperialistas...

swissinfo / MEG

INFORMACIONES PRÁCTICAS

Exposición "Fuera de juego", del 21 de mayo de 2008 al 26 de abril de 2009, en el Museo Etnográfico de Ginebra (MEG), Annexe de Conches, Chemin Calandrini 7, Conches.

Para llevar a cabo la exposición "Fuera de juego", el MEG ha recurrido a distintos expertos del Centro Internacional de Estudio del Deporte, en Neuchatel.

swissinfo figura entre las entidades colaboradoras de esta exposición. La actualidad del fútbol está representada por pantallas en las que puede leerse nuestro especial "Eurocopa 2008".

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CATÁLOGO

Además de la exposición, el MEG ha publicado "Fuera de juego – Fútbol y sociedad", un libro realizado bajo la dirección de Raffaele Poli.

Esta obra cuenta con un prólogo del etnólogo Christian Bromberger y contiene una entrevista del psicólogo y ex jugador internacional suizo Lucio Bizzini.

Sus 136 páginas contienen 120 ilustraciones a color de Eric Lafargue y Johnathan Watts y dibujos de Pierre-Alain Bertola.

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