Prohibir la mendicidad afecta a las personas más débiles

Yves Leresche Yves Leresche

La mayoría de los cantones suizos condenan la mendicidad. Vaud es uno de los últimos en aplicar esta controvertida disposición. Un año y medio después de aprobar la medida, las autoridades están satisfechas, pero las personas directamente afectadas se encuentran en una situación de extrema precariedad.

Este contenido fue publicado el 10 junio 2020 - 10:39
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El 1 de noviembre de 2018, se prohibió la mendicidad en todo el cantón de Vaud. Una medida que ha alterado el día a día de cientos de personas en situación precaria y ha modificado el trabajo de la policía en la calle. En 2013, la ciudad de Lausana ya había adoptado un reglamento que vetaba los actos de mendicidad en una multitud de lugares públicos, así como llamar la atención de los transeúntes para pedirles dinero.  

Antes, la mendicidad estaba regulada. Ahora la ley es claramente represiva. El trabajo del policía en la calle no ha cambiado en su totalidad, pero con las viejas reglas había más flexibilidad y diálogo. Las decisiones a tomar hoy en día son más claras”, indica Christian Pannatier, jefe de la División de proximidad, colaboración y multiculturalismo de la policía municipal de Lausana.  

Cuando los agentes observan una infracción durante sus rondas, informan a la persona sobre la ley en vigor y denuncian el caso a la Prefectura, que fija la cuantía de la sanción y les envía la multa.

La prohibición ha tenido un gran impacto en la visibilidad, hay una gran cantidad de mendigos que la población ya no ve. Y ha tenido un efecto positivo entre los comerciantes: nos llaman mucho menos por actos de mendicidad, explica Pannatier.  

Miedo a la policía  

Antes del 1 de noviembre de 2018, los agentes de policía informaron a los mendigos de que iba a entrar en vigor la nueva ley. Y el mismo día, todas las personas que estaban sentadas en la calle prácticamente desaparecieron. No me lo esperaba, recuerda Christian Pannatier.  

Entre las personas que practicaban la mendicidad en Lausana había marginados, toxicómanos y, sobre todo, muchos gitanos llegados de Rumanía. De la noche a la mañana la mayoría desapareció. Tenían miedo, pánico. De la policía, y de ser encarcelados, cuenta Anne-Catherine Reymond, presidenta de Sant’Egidio Suiza.

Durante muchos años, esta comunidad cristiana ha trabajado con las asociaciones Opre Rrom y Point d'Appui para escolarizar a los niños cuyos padres pedían limosna. Pero vetarla ha tenido un efecto desastroso en todo este trabajo de acompañamiento, lamenta Anne-Catherine Reymond. Se ha mantenido en contacto con algunas familias y ha seguido su evolución: la mayoría se han ido a Francia o Alemania y deben desplazarse regularmente porque los echan.   

Esta prohibición ha golpeado a las personas más débiles, ha obligado a desplazarse a quienes están más enfermos y menos formados. Se ha empujado a la gente más lejos y más abajo. Su situación está lejos de mejorar, todavía están en zonas de supervivencia, dice Véra Tchérémissinoff, presidenta de Opre Rrom.

Constantes desplazamientos  

La mendicidad en Lausana es menos visible hoy en día, aunque no ha desaparecido. La gente es más discreta: se dirigen directamente a los transeúntes para pedirles unas monedas y se mueven mucho. Entre la multitud que se agolpa en la estación, apenas podemos distinguir a Mindra y a Bogdan. Alrededor de un buen té caliente, esta pareja nos cuenta cómo su vida se ha vuelto más dura todavía con la prohibición de mendigar. Llegaron a Suiza buscando trabajo en la agricultura. Mindra saca de su bolso un currículum vitae que entrega a los posibles empleadores. Nadie les ha llamado hasta ahora. No juegan a su favor su nivel de francés ni el hecho de no saber ni leer ni escribir. 

Entre 2013 y 2018, la pareja sobrevivió mendigando en Lausana. Con la entrada en vigor de la nueva ley, huyeron a Grenoble, Francia. Terminamos en un gran hogar con mucha gente de otros orígenes, pero no era bueno para las mujeres. Allí no me sentía segura, cuenta Mindra. Así que volvieron a Suiza y para poder comer y pagar el albergue de Lausana, que les cuesta 10 francos la noche, cada día van a varios cantones a pedir limosna. A veces Bogdan duerme en la calle, incluso en pleno invierno. Y la pareja ha tenido que entregar su perro a una familia de acogida, porque los centros no aceptan animales.  

La mendicidad muy reprimida en Suiza

15 de los 26 cantones de Suiza tienen vetada la mendicidad en todo su territorio: Vaud, Ginebra, Neuchâtel, Friburgo, Glaris, Schaffhausen, Zug, Grisones, Zúrich, Turgovia, Basilea-Ciudad, Obwalden, San Galo, Argovia y Tesino. Algunos castigan la mendicidad en general; otros, únicamente la mendicidad intrusiva.

Además, en sus reglamentos policiales muchas comunas han prohibido la mendicidad, Porrentruy (Jura), Martigny (Valais) o Lyss (Berna), por ejemplo.

Según Jean-Pierre Tabin, otros países occidentales (como Francia, Bélgica, Alemania o Quebec) tienen un enfoque bastante similar al de Suiza. Muchas ciudades o municipios condenan la mendicidad, a veces solo en ciertos lugares o durante la temporada turística. 

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Desde la prohibición, ha sido un desastre. Todos los días voy a Vevey, Montreux, Sion y Neuchâtel para sacar algo de dinero. Cambio de tren a menudo, para evitar los controles”, narra Mindra, cuya jornada ha sido particularmente difícil.

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En el Valais Mindra ha sido denunciada por transeúntes, y detenida y retenida por la policía, durante tres horas. Incluso ha tenido que desnudarse para demostrar que no llevaba dinero escondido. Hoy hemos comido solo una mandarina y no tenemos dinero suficiente para la casa. Así es la vida, concluye Mindra.

Encontrar un empleo

La mayoría de los mendigos que vivían en el cantón de Vaud han emigrado a Europa en busca de trabajo y a veces se han visto obligados a poner la mano para sobrevivir. Durante años, Opre Rrom ha tratado de ayudarles a encontrar un trabajo en Suiza. Varias personas han conseguido encontrar empleos temporales y tres o cuatro han logrado contratos indefinidos.

No es fácil, porque la mayoría de estas personas son analfabetas y Suiza establece niveles de exigencia muy elevados: se les pide formación y certificados, explica Véra Tchérémissinoff. Y cita el ejemplo de tres mujeres que han sido rechazadas de un curso de formación en limpieza porque no eran capaces de leer las indicaciones de los productos.

Adaptamos su currículum vitae para destacar su experiencia y sus conocimientos, porque son personas que han trabajado en su país, a menudo en la agricultura, añade Véra Tchérémissinoff. Como este joven que siempre ha cuidado caballos y ha encontrado empleo en un picadero con éxito.

Podríamos ser solidarios con un problema europeo global, pero para ello necesitaríamos determinación y no temer a las próximas elecciones. Debemos atacar las causas de la pobreza, no la pobreza en sí, afirma Anne-Catherine Reymond, denunciando la falta de coraje de las autoridades.

La mendicidad pasa a ser un delito

Un año después de la entrada en vigor de la nueva ley, el Gobierno de la ciudad de Lausana realizó una evaluación muy satisfactoria, considerando que la prohibición había tenido un efecto inmediato y muy eficaz. Para Jean-Pierre Tabin, profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de la Suiza Occidental en Lausana,si el objetivo político era ahuyentar a los mendigos sin abordar el problema, lo ha conseguido bastante bien. Tabin codirigió un estudio que, en 2010, el Estado de Vaud encargó para evaluar si en Lausana había niños mendigando. Los investigadores, después de numerosas observaciones, concluyeron que no era así.

Jean-Pierre Tabin continuó su investigación con el inicio de las prohibiciones relativas a la mendicidad. Dado que el hecho de ser pobre y tener que pedir limosna se ha convertido en un delito, dado que no tener vivienda y tener que dormir a la intemperie es un delito, se criminaliza la pobreza.

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Convertir la mendicidad en un acto ilícito tiene toda una serie de consecuencias, dice el investigador. Primero, un asunto social se convierte en un asunto de orden público del que se ocupa la policía; después los mendigos reciben multas que no pueden pagar; más tarde, recordatorios, enjuiciamientos y finalmente, días de prisión.  Si no son suizos, así se convierten en extranjeros delincuentes y pueden quedar sujetos a la ley que permite su expulsión.

Pendientes del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Contra la prohibición de mendigar en el cantón de Vaud se ha presentado un recurso, pero el Tribunal cantonal y después el Tribunal Federal han confirmado la validez de la ley con el objetivo de preservar el orden público, la seguridad y la tranquilidad y evitar la existencia de redes mafiosas. Un colectivo de mendigos y personalidades recurrieron contra esta decisión ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Las investigaciones realizadas en Suiza y otros países europeos han demostrado que los mendigos no forman parte de ninguna red mafiosa. Eso no existe, es una fantasía. Sin embargo, lo que existe es la solidaridad familiar, manifiesta Jean-Pierre Tabin.

Sin embargo, para justificar la prohibición de la mendicidad, las autoridades políticas y judiciales se basan en la existencia de redes y en la explotación de los niños a pesar de que los estudios demuestran lo contrario. Es un discurso que no tiene ninguna base y que vemos claramente que está estereotipado. Pero un estereotipo no se cambia con un argumento, porque no es un razonamiento racional, sino una creencia, dice Tabin.

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