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La sociedad mexicana, ¿víctima colateral?

La opción de emplear la fuerza contra el narcotráfico derivó en una violencia generalizada. “Hay tantos actores armados que ya no se sabe de dónde viene la bala”, lamenta Stephan Suhner. Advierte que México va en la misma dirección que Colombia hace 20 años.

Este contenido fue publicado el 25 junio 2011 - 10:00
Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

Representante de ONG suizas con programas en ambos países, el experto manifiesta su confianza en que la reciente ‘Caravana por la Paz’ fortalecerá el reclamo de la sociedad mexicana.

“Propaz sigue con preocupación la escalada de la violencia en México. Una situación que se ha recrudecido en los últimos 5 años”, subraya el responsable de esa entidad, creada por diversas ONG helvéticas, y que desde hace una década está presente en el país, particularmente en los sureños estados de Chiapas y Oaxaca.

En entrevista con swissinfo.ch, Stephan Suhner destaca dos fenómenos que caracterizan el momento actual de México: la represión y criminalización del movimiento social y el elevado y difuso nivel de la violencia.

“La supuesta guerra contra el narcotráfico sirve para ejercer el control social”, acusa. Hay zonas en las que se pretende implementar megaproyectos y que son militarizadas con el pretexto de combatir en ellas a los cárteles de la droga. Empero, lamenta, lo que realmente se persigue es la resistencia social a esos proyectos de empresas trasnacionales.

Denuncia igualmente que hay tantos actores violentos ahora en México que resulta difícil identificarlos. “Antes, por ejemplo, en Guerreo -entidad suroccidental del país en donde se registran niveles de pobreza extrema y en donde surgió la guerrilla de Lucio Cabañas en los años 70-  se sabía porque moría alguien”.

Tantos frentes, tantos muertos…

Ahora, añade, “hay tantos grupos armados, tantos frentes, tanta vinculación entre luchas políticas y económicas, tantos muertos… que ya no se sabe de dónde viene la bala, ni por qué… o bueno, muchas veces sí: por el compromiso social de las víctimas”.

El dirigente de Propaz México y del Grupo de Trabajo Suiza Colombia, deplora que las autoridades de ambos países minimicen el efecto de las acciones armadas sobre la sociedad civil. El presidente Calderón, recuerda, se ha referido a los civiles muertos como "víctimas colaterales". 

De acuerdo con cifras oficiales, entre diciembre de 2006 y finales de 2010 murieron 34.612 personas en el contexto de la llamada “guerra contra la criminalidad organizada”, una guerra que a pesar del elevado número de bajas, y de las violaciones a los derechos humanos que ha generado, no permite ningún optimismo en cuanto a la idea de acabar con la delincuencia.

“México avanza a pasos muy rápidos a la situación que vivió Colombia hace 20 años”,  advierte nuestro entrevistado. Explica que además de difusa, la violencia se vuelve cotidiana y se utiliza de manera recurrente para solucionar cualquier tipo de litigio. “El precio de la vida está cayendo en México”, lamenta Suhner.

Empero, el especialista rechaza las versiones de que la población mexicana banalice ese fenómeno y se acostumbre a vivir en su contexto.

“Hay iniciativas de la sociedad civil para frenar al crimen”, subraya y cita como por ejemplo la estrategia de los pobladores de Charán (en el central estado mexicano de Michoacán) que se han organizado para frenar el paso de las mafias de taladores.

Caravana por la Paz

Se refiere también a la reciente Caravana por la Paz, en la que participaron cientos de personas y que recorrió el país de sur a norte -desde Chiapas, bastión del comandante Marcos, hasta Ciudad Juárez con sus tristemente célebres feminicidios- con un reclamo de cese a la violencia.

Como el poeta mexicano Javier Sicilia, al frente de la iniciativa ciudadana contra la violencia, muchos de los participantes han perdido a sus hijos. En las diferentes paradas de la marcha, los pobladores dieron testimonio de su dolor. “La Caravana del Consuelo”, la denominaron los medios de prensa.

“Esa fue una manifestación muy importante de que los mexicanos rechazan esa situación de violencia y que exigen que se adopten las medidas necesarias para cambiarla, que se acabe con la militarización”, destaca Stephan Suhner.

Entre otras reivindicaciones, la vuelta de los soldados a los cuarteles fue uno de los planteamientos que el poeta Sicilia hizo al presidente Calderón este jueves (23.06)  en un encuentro en la Ciudad de México. Luego de una polémica elección y a poco de su llegada al poder, el actual mandatario emprendió su guerra contra el narco, una medida considerada de búsqueda de legitimación.

“Usted –dijo Sicilia a Calderón- debe pedir perdón a los mexicanos por los 40 mil muertos causados por la lucha contra la delincuencia”.

“Coincido en que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas, pero no por haber actuado contra los criminales que están matando a las víctimas", refutó el presidente mexicano.

Violencia al alza

En el territorio mexicano se encuentran desplegados más de 60 000 soldados.

Ya durante los dos regímenes de Ernesto Zedillo (1994-2000) y Vicente Fox (2000-2006) el ejército efectuó tareas policíacas como bloqueo de calles y detenciones, pero con el actual presidente mexicano, Felipe Calderón, se reforzaron esas actividades.

En 17 de los 32 estados de la República Mexicana participan miembros del Ejército como fuerzas policiacas a nivel local.

Con la intervención de militares en el país aumentó el número de quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

En 2010 el organismo registró 1.415 denuncias en contra de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) por violaciones a los derechos humanos.

Según datos oficiales, entre diciembre de 2006 y fines de 2010 murieron 34.612 personas en el contexto de la llamada “guerra contra la criminalidad organizada” y la tendencia es ascendente.

La estrategia de militarización del gobierno mexicano llevó a que se multiplicaran los casos de tortura, aprehensión ilegal, ejecución extrajudicial y de desaparición forzada de personas por parte de militares y policías, así como de grupos armados.

Fuente: Coordinación alemana por los derechos humanos en México

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