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"El Consejo de Europa es profundamente suizo"

El Consejo de Europa, en Estrasburgo, es una plataforma de diálogo. swissinfo.ch

Fundado en 1949 para salvaguardar los derechos humanos, el Consejo de Europa es una institución moral, un lugar de diálogo para sus 47 países miembros. El profesor de Derecho Internacional, Daniel Thürer, destaca el carácter pluralista y federalista de la organización con sede en Estrasburgo – una especie de Suiza en miniatura.

Este contenido fue publicado el 02 mayo 2013 - 14:35
Gaby Ochsenbein, Estrasburgo, swissinfo.ch

Nacido en 1945 en San Gall, Daniel Thürer es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Zúrich. Desde hace diez años representa a Suiza en la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, en Estrasburgo.

A diferencia de la Unión Europea, el Consejo de Europa no decreta decisiones vinculantes, sino únicamente recomendaciones. La Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia, por ejemplo, emite recomendaciones para la protección de la etnia romaní, contra el antisemitismo, la islamofobia, el racismo en los medios, el deporte o el ciberespacio. No son vinculantes, lo cual no significa que no puedan tener un fuerte impacto político o psicológico, explica Thüler.

swissinfo.ch: Suiza es miembro del Consejo de Europa desde hace 50 años. ¿Qué hubiera ocurrido de no haberse adherido?

Daniel Thürer: Hubiera sido nefasto. Creo que Suiza tardó demasiado en adherirse. Lo hizo en 1963, o sea 14 años después de la creación del Consejo de Europa. Hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial, nos aferramos a nuestra mentalidad de aislamiento y neutralidad, a pesar de que el Consejo de Europa nada tiene que ver con los asuntos militares. En retrospectiva, fue una suerte que Suiza se adhiriera entonces.

Suiza y el Consejo de Europa

En 2013, Suiza conmemora el 50ª aniversario de su adhesión al Consejo de Europa, en el que ingresó el 6 de mayo 1963 como 17º Estado miembro.

El Consejo de Europa, con sede en Estrasburgo, cuenta con 47 países miembros que suman una población superior a los 800 millones de personas.

La presencia suiza en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa está asegurada por 6 parlamentarios y sus respectivos sustitutos.

En el Congreso de los Poderes Locales y Regionales cuenta con 6 alcaldes y seis representantes de gobiernos cantonales. Al igual que el resto de países, Suiza dispone de un juez en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

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swissinfo.ch: ¿Qué le ha aportado a Suiza durante esos 50 años ser miembro del Consejo de Europa?

D.T.: No debemos planteárnoslo desde un punto de vista meramente utilitario. Tendemos a pensar siempre en lo que nos ha aportado. Lo mismo ocurrió con la adhesión a la ONU.

Creo que en Europa se dan nuevas condiciones políticas, culturales, una nueva forma de existencia. Y me parece lo más natural que formemos parte de ella, sin cuestionarnos sobre ello.

Podríamos decir que, en realidad, el Consejo de Europa es profundamente suizo, en el sentido de que respeta más los principios del federalismo que la Unión Europea, que aspira a una fuerte unificación.

El Consejo de Europa es una entidad pluralista, multilingüe, en la que el pensamiento jurídico –al igual que en Suiza– desempeña un papel crucial.

Los suizos tienen peso en Estrasburgo, aunque solo sea por su multilingüismo. Hay muy pocos europeos que hablen y entiendan francés, alemán o italiano.

Daniel Thürer, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Zúrich. Ex-press


swissinfo.ch: ¿Significa que Suiza tiene un papel ejemplar?

D.T.: Dicho así puede resultar un poco arrogante. Digamos que Suiza es una especie de modelo. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo personalidades, entre ellas el escritor de Neuchâtel Denis de Rougemont, que afirmaban: il faut hélvetiser l’Europe (hay que helvetizar Europa).

No lo digo en un sentido moral. Pero la manera en la que Suiza se construyó, histórica y sociológicamente, se repite en Europa.

swissinfo.ch: Suiza está muy orgullosa de su democracia. Sin embargo, ha recibido alguna que otra reprimenda de Estrasburgo. Entonces tampoco es tan ejemplar…

D.T.: Suiza ha tenido que adaptar su legislación, principalmente después de su adhesión –por cierto, bastante tardía- a la Convención Europea de los Derechos Humanos (CEDH). En aquel momento, se trataba principalmente del sufragio femenino que no habían introducido aún todos los cantones, y de los artículos de excepción en materia confesional, como prohibir a los jesuitas.

Y más recientemente, se han sumado el artículo que prohíbe construir nuevos alminares y la iniciativa popular para expulsar a los delincuentes extranjeros; iniciativa, por cierto, que el Consejo de Europa ha criticado vehementemente.

Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI)

Fundada en 1993 en Viena, la ECRI inició sus trabajos en 1994. Su misión es luchar contra el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y la intolerancia. La ECRI vela por el respeto de los derechos humanos y formula recomendaciones destinadas a sus países miembros.

Cada país del Consejo de Europa envía a un experto independiente a la ECRI: desde 2004, Daniel Thürer, profesor de Derecho Internacional, Derecho Europeo y Derechos Constitucional en la Universidad de Zúrich, en el caso de Suiza. Thürer trabaja además para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el Tribunal Internacional Penal (TPI) en La Haya.

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swissinfo.ch: ¿Suiza tiene un peso mayor en el Consejo de Europa del que se suele conferir a un país pequeño?

D.T.: Este planteamiento refleja la mentalidad suiza de pensar siempre que somos un país pequeño y que no contamos. Si nos fijamos en el resto de Europa, vemos que Suiza no es un Estado pequeño, sino un país medio desde el punto de vista demográfico e incluso muy importante si consideramos su peso económico.

Suiza es un país que sí se tiene en cuenta. Por lo demás, es difícil medir su influencia real. Esto depende mucho de los órganos y de las personalidades que trabajan en ellos. Yo formo parte de la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia en calidad de miembro independiente, no represento a Suiza y tampoco recibo instrucciones de Berna.

He viajado mucho por encargo del Consejo de Europa y he podido comprobar que la percepción que se tiene de Suiza es buena. Gozamos de una gran credibilidad. Quizás debido a esa integridad, apertura y discreción que caracteriza a muchos suizos. Forma parte de nuestra tradición política. Sabemos escuchar. Sin duda un punto a nuestro favor que probablemente está relacionado con la democracia directa.

swissinfo.ch: Suiza no es miembro de la UE. ¿Quizás por ello su pertenencia al Consejo de Europa reviste un mayor significado?

D.T.: Creo que sí. Y no hay indicios de que Suiza se vaya a adherir a la UE en un futuro próximo, a pesar de que –como país y como sociedad- está profundamente arraigado en Europa. Precisamente por ello la pertenencia de Suiza a otras organizaciones europeas, como el Consejo de Europa o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), es sumamente importante.

Suiza puede además aportar su granito de arena a la integración europea. Creo que en las próximas décadas Europa tendrá que emprender muchos cambios estructurales y de ideales. No debemos cesar de insistir en que lo importante son los ciudadanos y los derechos políticos. Tenemos que resucitar el concepto de una Europa de los Estados, entendidos como entidades políticas y donde los ciudadanos desempeñan un papel importante.

Así ocurre en Suiza, donde los ciudadanos tienen asegurada una  participación directa en los procesos de decisión, una tradición que no existe en ningún otro país del mundo en esta forma. A mi modo de ver y tal como yo entiendo los derechos fundamentales, los derechos políticos y la ciudadanía activa también forman parte de los derechos humanos.

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