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Un 'justo' suizo “Necesitamos héroes como Carl Lutz en cada guerra”



El diplomático Carl Lutz, salvador de miles de judíos, en el patio de la destruida legación británica en Budapest. 1945.

El diplomático Carl Lutz, salvador de miles de judíos, en el patio de la destruida legación británica en Budapest. 1945.

(IHRA)

“Nada predestinaba a mi padre a ser un héroe. Pero él no podía tolerar que los judíos fueran asesinados”. Con esta frase se inició la entrevista que swissinfo.ch le hizo a Agnes Hirschi, hija adoptiva de Carl Lutz y sobreviviente del Holocausto judío, durante la exposición ‘Carl Lutz y la Casa de Cristal. Homenaje a un héroe suizo poco conocido’.

Este héroe ‘poco conocido’ fue el vicecónsul suizo en Budapest desde 1942 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y durante ese tiempo trabajó implacablemente durante muchos meses para evitar la muerte planeada de personas inocentes. 

Carl Lutz, un "justo" suizo,  en 1959.

(RDB)

“Inició su trabajo en Budapest como jefe del departamento de intereses extranjeros de la legación suiza. No lo enviaron a rescatar judíos. Hasta la primavera de 1944 Hungría tenía la fama de ser un lugar seguro para ellos, a pesar de la legislación antisemita. Alrededor de 800 mil judíos que vivían en Hungría lo hacían en una paz relativa. Pero esto cambió completamente el 19 de marzo de 1944, en el momento de la invasión alemana cuando pusieron de primer ministro al general Dome Sztojay”, explicó Hirschi, y detalló con angustia:

“Su situación se volvió desesperada. Perdieron todos sus derechos, estaban marcados con la estrella amarilla que tenían que llevar encima. Sus bienes y viviendas fueron confiscados, ya no podían utilizar el transporte público… En Hungría comenzó la deportación de todos los judíos del país: entre mediados de mayo y el 9 de julio de 1944, 437 000 judíos húngaros fueron deportados y asesinados en Auschwitz”.

“En esta situación crítica mi padre dio un paso muy audaz. Él tenía todavía el permiso para que 8 000 judíos húngaros emigraran a Palestina. Esta cantidad estaba cubierta por lo que se llamaban ‘Certificados Palestinos’. Y gracias a sus habilidades diplomáticas, logró persuadir a los funcionarios húngaros y nazis-alemanes, entre ellos a Adolf Eichmann, a tolerar, al menos en parte, su protección formal de los judíos húngaros. Así es que mi padre empezó a emitir estos salvoconductos suizos que implicaban que quienes poseían este documento quedaban automáticamente bajo la protección de la legación suiza hasta que fuera posible emigrar a Palestina”.

Lutz fue mucho más allá porque esos 8 000 salvoconductos no eran suficientes, ya que él quería salvar la mayor cantidad de vidas judías que le fueran posibles. ¿Cómo lo hizo?

“Fue muy hábil: interpretó que esas unidades de Eichmann no eran para personas o individuos, sino para familias. Así que empezó a emitir decenas de miles de salvoconductos iguales que ya no estaban respaldados por los certificados palestinos. Entonces, para esconder este artilugio, tuvo mucho cuidado de repetir los números: eran del 1 al 7 800. Nunca superaba ese número: cada mil nombres se agrupaban en un pasaporte colectivo suizo. Y la mayoría de los que solicitaban estos pasaportes eran familias que tenían varios hijos”, relató su hija, orgullosa, y destacó:

“Mi padre pensaba que las leyes de la vida son más fuertes que las normas de los hombres y así es como actuaba. No podía tolerar que los judíos fueran asesinados. Este procedimiento le dio la posibilidad de salvar decenas de miles de judíos. Él estableció también 72 casas seguras bajo la protección suiza para los que tenían estos pasaportes. Hubo muchas situaciones peligrosas, pero aun arriesgando su vida y su carrera eligió quedarse en Budapest hasta el final de la Guerra. Día y noche estaba preparado para proteger a los tenedores de estos salvoconductos suizos”

Sobre la muestra que la Embajada de Suiza en Buenos Aires organizó con motivo de la Presidencia suiza 2017 de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), con el apoyo de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Internacional de los Derechos Humanos Fondation René Cassin (Estrasburgo, Francia), Hirschi aseguró:

 “Hoy estoy muy feliz y me parece extraordinario que se haya traducido al idioma español esta exposición producida por la fundación Carl Lutz en Budapest. No lo hubiera podido ni soñar”.

“Me encanta que Suiza tenga la presidencia en la IHRA porque es muy importante y yo también estoy allí en un grupo de consejo. Quieren publicar un libro con memorias de la gente que fue salvada por Carl Lutz, y nos gustaría que la institución nos apoye. Ya hablé con 20 personas que fueron salvadas por mi padre, y hay historias muy interesantes”.

“Esto es doloroso, pero consuela saber que se mantiene viva la memoria. Es bueno ver que la juventud se da cuenta de lo terrible que fueron aquellos tiempos para que nunca más pase. La guerra fue terrible y varias veces estuve al borde de morir. Vivimos dos meses encerrados en el sótano, y cada vez más y más gente venía a nosotros a buscar abrigo. La comida comenzó a escasear y por momentos no teníamos luz. Fue muy triste para mí”.

Para esta sobreviviente, las tragedias de Siria, Ruanda, Nigeria, Birmania y en otros países del mundo, son otros holocaustos:

“Es muy difícil la situación en esos conflictos. Mi padre pudo hacer esas cosas sin burocracia, y fue muy importante como lo hizo. Necesitamos héroes como Carl Lutz en cada guerra porque si no, es muy difícil”, concluyó.

Carl Lutz

“Lutz nació el 30 de marzo de 1895 en un pequeño pueblo de Suiza, Walzenhausen, en una familia metodista de 10 hijos. Era un cristiano muy ético”

“A los 18 años emigró a Estados Unidos, donde descubrió la fotografía y se compró una cámara Leica. Gracias a eso es que hoy contamos con tanto registro fotográfico de aquellos años en Budapest”

Fuente: Agnes Hirschi

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