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Salvar la memoria del silencio de los baúles

Celia Vernaz muestra los retratos de los primeros valesanos que llegaron a San José. swissinfo.ch

Celia Vernaz tiene una decena de libros publicados que constituyen un testimonio irrepetible sobre la inmigración helvética a la Argentina.

Este contenido fue publicado el 26 julio 2005 - 16:43

La historia de una descendiente de valesanos que decidió 'revolver los baúles del pueblo’, después de leer una carta de su abuela suiza.

Celia Vernaz Bruchez habla pausado, con algo de la tonada entrerriana, pero no del todo. Historiadora, escritora y profesora jubilada, esta descendiente de suizos valesanos es referente obligado en las zonas de San José y Colón para quienes quieren conocer los orígenes de esos pueblos.

"Hoy podemos mirar nuestras raíces"

Investigadora insaciable a la hora de descubrir y revelar la vida de los colonos europeos que llegaron a las orillas del río Uruguay a partir de mediados del siglo XIX, Celia cuenta con una extensa obra escrita:

La Colonia San José y la inmigración europea; Papeles de un inmigrante; Figuras representativas de la Colonia San José; Historia de San José y Colón, y San José y el tiro: 1859- 1980, entre otros, son algunos de los libros que hoy sirven de testimonio a los amantes de la historia del país y de sus orígenes.

"Hoy podemos mirar nuestras raíces y penetrar en ellas para apreciar el árbol al que pertenece nuestra rama", dice la escritora a swissinfo, apenas comienza a relatar cómo empezó a interesarse en la historia de sus antepasados, primero, y de los inmigrantes, un poco más tarde.

"Yo alcancé a conocer en mi niñez a mucha gente que había venido de Europa, ya con sus ochenta o noventa años, y ellos me contaban con gran interés las cosas que habían pasado, sus recuerdos", señala.

La carta de la abuela

Celia cuenta que la gente del pueblo le pedía que escribiera esas historias para que no se pierdan, para que puedan ser transmitidas en el tiempo, pero el verdadero motivo que la impulsó a inmortalizarlas en sus libros, fue su propia historia familiar:

"Mi familia me contaba cosas, historias de los que habían quedado en Europa... Nosotros vivíamos en el campo, y mi padre siempre llevaba consigo una billetera en el bolsillo trasero del pantalón, donde fuese, aunque fuera a tropear, con los animales..."

"Me preguntaba qué tendría esa billetera y me daba mucha curiosidad. Finalmente, descubrí que en ella había una carta de mi abuela, donde decía que apenas tuvieran dinero que se lo manden, que ella quería venir también para acá".

"Desgraciadamente mi abuelo murió a los cinco años de llegar a esta tierra y no logró ir a buscarla. Esa carta me conmocionó. Mi abuela decía 'no hay noche que no derrame lágrimas y lágrimas, un mar de lágrimas, pensando en ustedes’, y esto tocó mi sentimiento de descendiente de inmigrante".

Historias mudas, en baúles

Así empezó la cruzada de la escritora por revelar la historia de sus raíces, de su sangre. Empezó buscando en su casa, revolviendo baúles, preguntando, y más tarde descubrió que muchos habitantes del pueblo guardaban en sus baúles documentos, cartas, pasaportes y un sinfín de objetos de sus antepasados:

"Eso permanecía mudo. Nadie hablaba de esos objetos, ni los leían. Eran como sagrados porque pertenecían a sus abuelos".

El espíritu suizo que sobrevive

Para Celia, lo que ha perdurado del espíritu suizo en esas tierras es la consolidación de la unidad familiar: "Ellos siempre lucharon por la unión de la familia, les gustaba juntar alrededor de la mesa a bisabuelos, abuelos, primos, hijos, nietos... Era común ver a veinte personas reunidas en las comidas"

"Otra de las cosas por las que luchaban y bregaban era por la educación. Desde un principio, como no había escuelas, el que sabía leer y escribir reunía en su casa a los hijos y a los vecinos para enseñarles a leer y escribir. Después se crearon las escuelas y tanto niños como niñas debían ir obligadamente a estudiar. Los mismos colonos decían 'no queremos que nuestros hijos sean ignorantes’".

Algo que también fue sorprendente y que constituyó un aporte de los inmigrantes, era el trabajo de la mujer. Cuando llegaron los primeros colonos, era inusual en el país que la mujer trabaje, y menos aún en el campo. Entonces llamaba la atención ver a las mujeres suizas cuidando los animales, o haciendo tareas que estaban sólo destinadas a los hombres.

Celia relata, con inocultable orgullo, que como los inmigrantes eran muy tenaces en el trabajo y la zona estaba volviéndose próspera, el mismo presidente Justo José de Urquiza, en 1859, mandó al padre Lorenzo Cot –un cura piamontés- a buscar en Europa nuevos inmigrantes del cantón suizo del Valais y de Saboya.

"Hasta 1965, diría que durante los primeros diez años, hubo una inmigración constante a la colonia, mayormente llamados a la zona por sus mismos parientes o amigos. Llegaban ya con tierra, con un lugar y trabajo".

Celia podría seguir horas contando cientos de anécdotas e historias, pero el invierno apura la noche y el frío invita a volver a casa. Entonces se va, sonriente, amable, y cada vez más segura de que está cumpliendo la misión que se impuso: salvar la memoria del silencio de los baúles.

swissinfo, Norma Domínguez, San José, Entre Ríos

Contexto

Algunos de los libros de la historiadora Celia Vernaz:
- Quién mató al Padre Cot?
- Alejo Peyret, administrador de la Colonia San José
- La Colonia San José y la inmigración europea
- Papeles de un inmigrante
- La Colonia San José, escritos
- Figuras representativas de la Colonia San José
- Historia de San José y Colón
- San José y el tiro: 1859- 1980
- Colón, documentos para su historia .
- Los franceses en la Colonia San José

Celia Vernaz participó en la producción y colaboró con el contenido de los cuadernos de la exposición "Nuestros abuelos los pioneros", del Museo Histórico Regional de San José

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