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¿En dónde estoy? Servicios de localización no tan ‘gratuitos’

Las tecnologías aplicadas a la localización son cada vez más comunes y se han mudado a los teléfonos móviles y las redes sociales. Sin embargo, con frecuencia su complejidad e implicaciones son poco transparentes para los usuarios.

Mi último hallazgo ha sido una aplicación diseñada para registrar todos los viajes que realizo en bicicleta. Se basa en un sistema de mapas que se vincula a la conexión GPS de mi teléfono inteligente. Un servicio completamente gratuito que me enlaza a un sitio web que me permite maravillarme con los resultados de mi excelencia deportiva…

Pero para utilizarla debo registrarme antes en la base de datos del fabricante vía alguna red social, o con mi propio nombre de usuario. Un simple primer paso que ya exige compartir información de carácter personal con otros.

Una vez dado de alta –previo suministro de la información que me fue solicitada- puedo comenzar a utilizar el servicio. Una vez activado el GPS de mi teléfono, inicio la ruta. Y entonces, la primera pregunta que me surge es ¿realmente quiero que los demás sepan en dónde me encuentro?

Cada paso implica una decisión. Debo permitir que la información sea pública, o no; quiero que sea difundida a tiempo real, o solo al final de mi trayecto. También debo decidir quién podrá ver mis registros. O dicho de otra forma, las aplicaciones ligadas a la llamada geolocalización exigen a los usuarios decidir todo el tiempo cuánto valoran su privacidad.

Te observo

Los expertos lanzan una advertencia sobre los riesgos inherentes a estos servicios.

“Es muy posible que una persona que utiliza una aplicación de geolocalización en su teléfono inteligente no encuentre problema alguno al respecto, pero tal vez no se haya percatado de que su ubicación es registrada y memorizada todo el tiempo, y que puede ser utilizada para otros propósitos”, explica Nicolas Nova, profesor de etnografía de la Universidad de Arte y Diseño de Ginebra.

Las condiciones generales de cada aplicación deberían indicar que los datos pueden ser grabados, y también tendrían que pedir al usuario su consentimiento para ello.

El año pasado, investigadores de los Estados Unidos consiguieron demostrar que los teléfonos móviles de Apple contenían una base de datos oculta en sistemas de localización, y que la información recogida podía ser consultada por la empresa todo el tiempo. Los teléfonos Android, por su parte, también han estado canalizando información sobre la ubicación de sus usuarios a Google.

No se intimidan

En Suiza, ser sorprendido cometiendo el delito de utilizar información con respecto a la localización de una persona no desalentará forzosamente a los proveedores de los servicios relativos, opina el experto en legislación digital Sébastien Fanti.

“Teniendo en cuenta el valor de la información que (las empresas) pueden almacenar actualmente, existe un gran incentivo para que los proveedores pasen por encima de las regulaciones. Ya que si son sorprendidos, de todas maneras, no hay sanciones”, dijo a swissinfo.ch

Fanti afirma que los proveedores pueden intercambiar información entre ellos para llegar a conclusiones sobre los usuarios, lo que desde su perspectiva es absolutamente reprobable.

Detalles sobre la situación médica de las personas, su afiliación religiosa, sus preferencias sexuales e, incluso, sus adicciones (por ejemplo, registrando cada noche la entrada de una persona a un bar), son solo algunos ejemplos evidentes.

Una legislación de la Unión Europea al respecto está actualmente en análisis y podría imponer multas equivalentes al 2% la facturación de los proveedores de las aplicaciones como una medida para intimidarlos. De prosperar, estos principios podrían ser retomados quizás por Suiza en el futuro, adaptándolos a propias necesidades.

“La gente no está consciente de las implicaciones que tiene aceptar los ‘Términos y Condiciones Generales’. Los problemas vinculados a la geolocalización tendrían que ser mencionados explícitamente y de forma independiente”, dice Fanti.

Nova coincide y afirma que estas aplicaciones tendrían que solicitar al usuario su aprobación cada vez que quieran conocer su localización.  

“Algunas personas podrían considerar esto un poco molesto, pero se garantizaría el derecho individual a la privacidad. E incluso tendría que incluirse el derecho de la persona a mentir sobre su ubicación real”, cita.

A lo anterior debe sumarse el riesgo que la delincuencia utilice esta información para cometer delitos.

Sin embargo, en general, ser invisible para los servicios de localización es cada vez más difícil. Incluso cuando una persona decide deliberadamente no utilizar ninguna aplicación de este tipo, un reciente reporte elaborado por el helvético Centro de Evaluación de las Tecnologías confirmó que, como sucede con las cámaras de video vigilancia, estos sistemas pueden rastrear la ubicación de la gente siempre que se encuentre en un espacio público.

Tecnología vs privacidad

“A muchos usuarios no les gusta compartir información privada como su ubicación”, afirma Nova.

Pero los hechos suelen contradecir esta reticencia.

Una encuesta estadounidense publicada este año mostró que alrededor de 60% de los propietarios de teléfonos inteligentes utiliza servicios de localización pese a los temores de que sus datos sean compartidos, o los riesgos potenciales que esto podría traer a su seguridad.

Una dualidad que los investigadores llaman paradoja de la privacidad.

Una explicación para este comportamiento es quizás que los consumidores conceden un mayor valor a la tecnología y la innovación, que a su vida privada.

La policía en EEUU también utiliza los servicios de geolocalización de los teléfonos inteligentes para rastrear personas, convirtiéndolos en una nueva herramienta de vigilancia a pesar de que existe un vacío legal en este tema.

Este abuso sería mucho más improbable en Suiza, en donde la policía solo tiene permitido echar mano de la geolocalización en casos de delitos serios y con la autorización de un fiscal.

¿Cómo lidiar pues con las desventajas de estos servicios? La Administración Federal de Protección de Datos considera que cada individuo debe decidir si su ubicación es necesaria. Esto es, si lo que quiere es un servicio de horarios para los ferrocarriles, no necesita proveer esta información; para un sistema de navegación, sí.

Y en mi caso, ¿cómo voy a compartir mi ubicación geográfica mientras voy en bicicleta? Supongo que permitiré el acceso al proveedor mientras estime que el beneficio que me ofrece lo amerita. Pero, ¿estoy dispuesto a hacerlo con el resto del mundo? Me temo que me siento demasiado avergonzado de los resultados de mi entrenamiento como para compartir los detalles.

Tecnología de localización

La geolocalización satelital, que utiliza el Sistema de Posicionamiento Local -GPS por sus siglas en inglés- fue desarrollada originalmente para la navegación destinada al sector militar. Hoy, en cambio, se utiliza en un amplio rango de actividades.

Los sistemas de localización de los teléfonos utilizan las antenas móviles de éstos. La precisión de la localización depende de la densidad de las antenas transmisoras.

Las redes inalámbricas de área local (WLANs) son utilizadas para interconectar –entre sí- a  los ordenadores sin cables que se encuentran cerca, y también para enlazarlos a Internet.

Una estación WLAN permite el acceso inalámbrico a una red local.

La localización vía dirección IP: Cada dispositivo necesita una dirección IP para poder a acceder a Internet.

Con una dirección IP conocida, la ubicación geográfica de la terminal puede reducirse a una zona específica. Pero una localización precisa supone que el proveedor revele los datos de conexión.

Fuente: Señales geográficas en el ciberespacio. Tecnologías de la localización como un reto para una sociedad abierta. Centro de Evaluación de las Tecnologías.

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Recomendaciones

El Centro de Evaluación de  las Tecnologías hace las siguientes propuestas:

Medidas para permitir la protección de datos deben ser instrumentadas a nivel internacional.

En la medida en la que las organizaciones de servicios de rescate, sistemas de transporte y otras áreas del sector público están apoyándose en los sistemas de localización, el uso de estas tecnologías debería ser considerado en el programa suizo de Protección de Infraestructuras Críticas.

Los programas de software deberían recibir una certificación sobre su confiabilidad y transparencia con respecto a la adecuada protección de datos.

La legislación debería limitar el periodo de almacenamiento de los datos de geolocalización; y los usuarios tendrían que gozar del derecho a un “borrador digital” que eliminara los registros cuando lo consideren pertinente.

Deberían mejorarse los procesos para concienciar a los usuarios, particularmente en el caso de los jóvenes, sobre las oportunidades y riesgos de incluir en sus perfiles información sobre su paradero.

Fuente: Señales geográficas en el ciberespacio. Tecnologías de la localización como un reto para una sociedad abierta. Centro de Evaluación de las Tecnologías.

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Traducción, Andrea Ornelas, swissinfo.ch


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