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Le film de Yann Arthus-Bertrand est sorti le 5 juin au cinéma, à la télévision et sur Internet.

«Home», le film de Yann Arthus-Bertrand, mise sur la prise de conscience et la responsabilisation du citoyen-consommateur. Typique de cette tendance à sur-responsabiliser qui évite les remises en cause plus radicales, juge l'universitaire suisse Romain Felli.

En pantalla desde principios de junio, la película ecologista del fotógrafo francés especializado en las tomas desde helicóptero, busca llegar al mayor número posible de público. Está libre de derechos y su objetivo es crear conciencia y responsabilidad.

Especialista de la historia y la filosofía de la ecología en la Universidad de Lausana, autor de una crítica del desarrollo sostenible, Romain Felli analiza este enfoque.

swissinfo.ch: ¿Yann Arthus-Bertrand, como Al Gore y otros, tienen razón en tratar de aumentar el grado de conciencia de los ciudadanos con respecto al medioambiente?

En si, sí. Difundir información sobre la crisis ecológica es una buena cosa. Mi impresión, no obstante, es que estas operaciones pretenden menos aumentar el grado de conocimiento que cuadrar el problema ecológico y las respuestas a este problema.

Hasta mediados de los años 80, el desarrollo económico fue visto como incompatible con la protección medioambiental. La crisis ecológica, las poluciones, la desforestación estuvieron consideradas como las resultantes de la expansión económica.

Después cambió la perspectiva, particularmente con el informe Brundtland (del nombre del exprimer ministro noruego Gro Harlem Brundtland, un informe de la ONU publicado en 1987 que define la política que desemboca en un desarrollo sostenible).

Desde ese cambio, el desarrollo económico es visto como la solución a la crisis ecológica. Las empresas son contempladas como los socios principales de la resolución de esa crisis, y ya no como su causa. Este género de operaciones (las películas de Arthus-Bertrand o de Al Gore) se inscriben en este movimiento muy general.

swissinfo.ch: Actúan, pues a partir de presupuestos...

R.P.: Sí, en el sentido en que todo el mundo tiene presupuestos ideológicos. Hoy, el mensaje es que los ciudadanos y los hombres políticos no toman las buenas decisiones porque no son informados de manera suficiente. Y que, entonces, hay que incrementar sus conocimientos.

En parte es verdad, aunque el conocimiento de la crisis ecológica es sin duda mayor de lo que se dice. Pero adoptando este enfoque, pasamos por alto otro problema: si hoy no hay resolución de esa crisis, no es únicamente por falta de información, sino porque ciertos actores no tienen interés.

swissinfo.ch: ¿En quién piensa?

R.P.: Si se da por sentado que el desarrollo económico es un factor de la crisis ecológica, esto quiere decir que ciertas prácticas deben ser revisadas. Habría que cuestionar por ejemplo la dependencia al petróleo. Pero cuestionar esta dependencia va en contra del interés de las compañías petroleras.

La película de Yann Arthus-Bertrand está totalmente financiada por las grandes empresas. El tipo de enfoque de soluciones que propone reposa sobre principios muy generales, es decir, la sobre-responsabilización de los consumidores. Es siempre el aspecto que se observa, el consumidor final, responsable de la crisis ecológica.

Pienso que el tipo de financiamiento que recibe la película de Yann Arthus-Bertrand no incita a subrayar que la crisis ecológica viene en principio del actual modelo de desarrollo económico.

swissinfo.ch: Pero, el consumidor final tiene un impacto verdadero en esta crisis, ¿no?

R.P.: Hay que ser realista y privilegiar a la vez la acción individual y la acción colectiva. Pero para mí, la acción individual esencialmente forma parte de la moralidad personal. Voy en bicicleta, clasifico mis residuos - esto corresponde a lo que creo y me parece justo.

Pero claramente, la moralidad individual es incapaz de responder a la crisis ecológica, que exige una acción colectiva que pasa por regulaciones públicas

swissinfo.ch: ¿Al observar la historia de la ecología, estima que el momento corresponde más bien en una ecología "blanda"?

R.P.: En los años 60-70-80, el movimiento ecologista se desarrolló desde abajo, con iniciativas que venían de los ciudadanos, consumidores, movimientos sociales, que pedían una transformación bastante radical.

A mediados de los años 80, pasamos a una ecología desde arriba, en la que se encuentran las organizaciones internacionales, los grandes Estados, las grandes empresas que desarrollan programas ecológicos. La cuestión no es tanto saber si es "blanda" o "dura" sino más bien: ¿en provecho de quién se hace?

Desde los años 80, esta ecología responde a los imperativos de las organizaciones internacionales, grandes Estados y grandes empresas. Sólo de manera muy minoritaria emana de movimientos sociales y ecologistas.

swissinfo.ch: ¿Pero, en términos de impacto para el entorno esta ecología desde lo alto es realmente menos eficaz? ¿No es lo cuenta al final?
R.P.: En lo esencial, la crisis ecológica aumenta más o menos sobre todos los indicadores existentes. Sobre la base por ejemplo indicadores de la Oficina Federal de la Estadística sobre las cuentas materiales de la nación, vemos que el consumo de recursos y de energía aumenta.

No hay separación entre crecimiento económico y consumo de recursos y energía, sino al contrario, un aumento permanente de ese consumo. Podemos discutir sobre la eficacia, pero para mí, la cuestión se resume en el hecho de que no hay, actualmente, resolución de la crisis ecológica.

Pierre-François Besson, swissinfo.ch
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

'HOME'

El documental de Yann Arthus-Bertrand, que denuncia los daños infligidos por el hombre al planeta y busca crear conciencia, salió el 5 de junio en 180 países, en el cine, la televisión e Internet.

'Home' ha sido traducida en una veintena de lenguas y será presentada por más de 80 cadenas de televisión en el mundo.

La película exigió dos años de rodaje en 54 países y 500 horas de pruebas, para las dos horas de la versión larga y los 90 minutos de la corta.

El empresario francés François Henri Pinault, dueño del grupo PPR, destinó 10 millones de euros para el rodaje y dos para la distribución.

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