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Campaña sanitaria La vacuna antigripal divide al personal médico

(Reuters)

Pese a los esfuerzos de las autoridades de sanidad, muchos profesionales de la salud rechazan vacunarse o vacunar a sus pacientes contra la gripe. Se trata, por tanto, de una cuestión de solidaridad, estiman los responsables sanitarios suizos.

¿Se debe uno vacunar o no contra la gripe? Recurrente, la cuestión vuelve una vez más este otoño a plantearse entre los profesionales de la salud y entre muchas personas que dudan en dar el paso. En Suiza, la campaña, realizada por la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) desde hace ya 9 años, se dirige básicamente a las personas que presentan mayor riesgo de complicaciones en caso de  contagio, como los mayores o los enfermos crónicos, y a aquellos que están en contacto regular con estos grupos vulnerables.

El número de personas en riesgo que  decidieron vacunarse para prevenir una gripe en invierno en la última década ha disminuido, según un estudio de la Universidad de Zúrich, realizado por mandato de la OFSP. En el periodo invernal 2006/2007, más de 60% de personas mayores de 65 años se vacunaron contra la gripe. La tasa descendió a 50% en el periodo 2010/2011.

Tampoco se cumplieron los objetivos de prevención establecidos para el personal de salud.

“Es muy difícil convencer al personal de atención sanitaria, ya sea en establecimientos para personas mayores o en hospitales, de que deben vacunarse por solidaridad”, explica Claire-Anne Siegrist, presidenta de la Comisión Federal de Vacunación. Los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG) realizaron un estudio en invierno pasado, en el que resulta evidente que la gripe aún se considera por gran parte del personal como “una enfermedad benigna que no requiere esfuerzos de prevención particulares”.

De los 152 casos de gripe invernal diagnosticados en pacientes ingresados en el HUG 79 desarrollaron los síntomas 72 horas después de su hospitalización, un plazo suficientemente largo para poder señalar que el virus lo pudieron haber contraído de un miembro del personal de cuidados, una visita u otro paciente. El 48% de los pacientes afectados presentaron complicaciones, fundamentalmente cardiacas y respiratorias, y en 8,5% alcanzaron un grado severo.

Oposición

En un sistema de medicina liberal, la campaña de vacunación se basa en la buena voluntad de los profesionales de salud para decidir vacunarse. Cerca de 80% de los médicos practicantes lo hacen y la mitad de los consultorios médicos participan habitualmente en la jornada nacional de vacunación”, indica Virginie Masserey, responsable de la sección Vacunas de la OFSP.

Algunos, no obstante, se resisten a vacunarse. Es el caso de Pascal Büchler, homeópata de Yverdon-les-Bains (cantón de Vaud),y miembro del Grupo Médico de Reflexión sobre las Vacunas. “No estoy contra las vacunas de forma dogmática. Sin embargo, se ha comprobado la ineficacia de la vacuna antigripal, especialmente en personas de edad avanzada, que representan el mayor grupo de riesgo”.

Un ginecólogo explica a su vez que rechaza categóricamente la sugerencia de las autoridades federales de salud de vacunar a las mujeres embarazadas. Su argumento: “No se descartan totalmente los riesgos de malformación del feto”.

Virginie Masserey dice comprender el escepticismo de ciertos profesionales: “La tasa de eficacia de la vacuna oscila entre el 70 y el 90% entre los adultos con buena salud, y es menor en el caso de personas con riesgo de complicaciones. Evidentemente, nos gustaría tener vacunas más eficaces”.

Para Claire-Anne Siegrist, es mejor una protección parcial, que ninguna. “Y es solo un argumento de más para vacunarse”.

Pascal Büchler, sin embargo, no solo cuestiona la eficacia de la vacuna, sino también califica de “alarmista” la campaña de la OFSP. Y su argumento se apoya en un vasto estudio dirigido por el epidemiólogo estadounidense Tom Jefferson, quien concluye que solo 5 a 7% de las personas que manifiestan síntomas gripales están realmente infectadas por el virus. “Si uno aplica esta constatación a Suiza, 75 personas mueren a causa de gripe, y no las 1.500 como nos quiere hacer creer la OFSP”.

Una hipótesis que rechaza con vigor Claire-Anne Siegrist: “El virus de la gripe es raramente investigado al determinar la causa de un deceso. A partir del momento en que los análisis se realizan de forma sistemática, como se hace en HUG, uno se da cuenta de las numerosas complicaciones que intervinieron tras una infección con el virus de la gripe”.

¿Intereses económicos?

El discurso sobre una supuesta connivencia entre la industria farmacéutica y las autoridades de salud pública, que no duda en mencionar Pascal Büchler, encuentra cada vez mayor eco entre la opinión pública.

“Los problemas en torno a la campaña contra la gripe A (H1N1) hace dos años acentuaron la desconfianza  de la población hacia la vacuna de la gripe invernal”, estima Yves Thomas, responsable del Centro Nacional de Influenza de Ginebra.

La OMS fue acusada entonces de haber dramatizado la situación y muchos Estados, incluido Suiza, debieron justificarse tras la compra de importantes reservas de vacunas que, al final, terminaron en la basura.

“Una vacuna cuesta alrededor de 10 francos, o incluso menos, si se compra en grandes cantidades. La industria farmacéutica no hace grandes beneficios con la venta de vacunas antigripales”, asegura Claire-Anne Siegrist.

Yves Thomas explica: “El proceso de fabricación de la vacuna es extremadamente arduo y complejo, ya que cada año deben hacerse adaptaciones al producto en función de las nuevas variantes de la gripe que circulan.”

Para los profesionales, una vacuna única u otros medios de administrarla, en lugar de la inyección anual, podría contribuir a aumentar la aceptación entre el público de este método preventivo contra la gripe estacional.

Pero se está aún muy lejos de ese objetivo: “Se requerirán al menos diez años hasta que se pueda hablar de una posible vacuna universal en el mercado”, estima Virginie Masserey. “Y para ello sería necesario añadir coadyuvantes, que exigen numerosos estudios para asegurar su calidad de inocuos”.

Vacunas

Suiza importa las vacunas contra la gripe.

Este año solicitó a proveedores europeos un lote de 1,3 millones de dosis.

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Lejos de EE.UU.

En materia de vacunación contra la gripe estacional, Suiza se sitúa en la media europea, tanto por la vacunación de grupos de riesgo como por la de la población en general. Países Bajos, Reino Unido, Francia, España e Italia son los mejores alumnos al respecto.

  

El objetivo de la OMS fijado en 2010 de que el 75% de la población mayor de 65 años debe estar vacunada contra la gripe estacional está lejos de ser alcanzado en Suiza, donde apenas se llega al 50%. Esa tasa está cerca de ser alcanzada por países como Canadá (70%) y EE.UU. (65%).

En lo que concierne a la vacunación antigripal de la población en general, Suiza no dispone de un sistema de colecta de datos como en EE.UU, donde la tasa actual es del 38%.

Según un sondeo de la Universidad de Zúrich, el 19,7% de la población suiza se vacunó contra la gripe en el periodo invernal 2010/11.

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Para quién es la vacuna

En Suiza la vacuna contra la gripe se recomienda a personas mayores o afectadas por enfermedades crónicas, a los pacientes que acuden a establecimientos de atención a la salud, a las mujeres que tengan más de 4 meses de embarazo y a los niños nacidos prematuramente. Para esas personas en riesgo, la vacuna es cubierta por el seguro médico obligatorio.

La Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) recomienda también la vacuna a todas las personas que tienen contacto con los grupos de riesgo, es decir, personal médico, de guarderías o asilos de ancianos.

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Traducción: Patricia Islas, swissinfo.ch


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