Encuesta sobre calidad de vida Basilea, una ciudad ideal para vivir

Relajarse a orillas del Rin es parte del atractivo de la ciudad.

Relajarse a orillas del Rin es parte del atractivo de la ciudad.

(Keystone)

Dos extranjeras que viven en Basilea nos explican por qué creen que esta ciudad merece estar en la clasificación de los mejores lugares del mundo para vivir junto con Zúrich, Sídney y Vancouver.

Basilea ocupa el décimo puesto, junto con Sídney, en la encuesta anual de calidad de vida de MercerEnlace externo para expatriados. Es la primera vez que esta ciudad, en la frontera con Alemania y Francia, ha sido incluida en la encuesta.

Basilea, la tercera ciudad más grande de Suiza después de Zúrich y Ginebra, con alrededor de 200 000 habitantes –el 35,7% extranjeros–, es el centro de la industria farmacéutica y alberga además 40 museos.

Jacqueline Huwyler, de 24 años, es mitad suiza y se crió en Nueva Jersey, Estados Unidos. Llegó en agosto de 2016 y hace un doctorado en Arqueología Egipcia en la Universidad de BasileaEnlace externo.

Jacqueline Huwyler

Jacqueline Huwyler

(courtesy)

“Ya había estado un par de veces antes en Basilea, visitando a mi familia. Y siempre había sentido que la calidad de vida aquí es muy alta. La gente parece tener una vida feliz y agradable. Y al mudarme he comprobado que es así. Además, estar aquí tenía más sentido para mis estudios.  

¿Que si experimenté choque cultural? No de manera especial. Podría ser porque he vivido antes en distintos lugares. En Basilea he tenido la impresión de llegar a una ciudad muy abierta y acogedora, sobre todo para un ciudadano suizo que viene de vuelta. Mis clases y la vida en general no están tan reguladas como esperaba. En Estados Unidos todo el mundo habla de la puntualidad suiza, de que tienes que llegar siempre a tiempo, de que nunca debes llegar tarde, de que todo tiene que estar perfecto... Pero, en realidad, lo que esperaba de mis estudios y del trabajo no se aleja de lo que ya he experimentado con anterioridad.

Mi padre nunca me enseñó el alemán que se habla en Suiza. En cambio, he aprendido alemán por mi cuenta. Es difícil, pero no imposible. No quería estar aquí sin hablar ni una palabra de alemán, incluso si mucha gente –sobre todo los más jóvenes– habla algo de inglés. Por suerte, la gente se muestra abierta y trata de ayudarme cuando intento expresarme en alemán.

Algo que me ha impactado de verdad es el precio de las cosas. El año pasado viví en Virginia, donde empecé otro doctorado, y la matrícula era muy cara. Vivir, en cambio, muy barato. Aquí es todo lo contrario: mi matrícula supone muy poco –unos cientos de francos el semestre–, pero la vida cuesta mucho más.

Disfruto estando sentada a orillas del Rin, especialmente en verano. Hay parrillas para hacer barbacoas y se puede consumir alcohol en lugares públicos. Puedes beber en la calle siempre que no estés totalmente borracho. También nado en el Rin. Algunas personas piensan que esto es una locura, pero entre la gente de mi edad es una manera muy popular de divertirse. Basilea ha recuperado y limpiado el agua por completo y uno se puede bañar.   

Desde niña mi sueño ha sido ser profesora de Arqueología egipcia, por eso voy allá donde mi carrera me lleva. Después de mi doctorado me gustaría quedarme en Basilea, si es posible. Leiden, en Holanda, es otra opción. Si no es en Suiza, tengo la intención vivir en Europa Occidental.                                         

Además de en los precios, hay una gran diferencia en el modo de abordar el trabajo. En Estados Unidos existe la sensación de que hay que trabajar sin parar. Con un poco de suerte puedes gozar de unas vacaciones cortas y además sentirte culpable por tomártelas. A veces tienes a los jefes en contra si pides vacaciones. Aquí es muy diferente. Cuando era pequeña escuchaba historias de mis tíos que estaban de vacaciones y tenían una vida al margen de su trabajo. Cuando me mudé a Basilea, con muchos de mis amigos, familiares y compañeros, me di cuenta de que esto era así. Esta es una razón de peso en la calidad de vida y un factor importante en mi decisión de quedarme aquí”.

Kathy Hartmann-CampbellEnlace externo, 62 años, de Connecticut, Estados Unidos. Formadora de comunicación y ‘coach’, trabaja como voluntaria para ayudar a los extranjeros a integrarse en Suiza. Conoció a su marido suizo mientras viajaba por Europa y lleva 35 años en Basilea.

Kathy Hartmann-Campbell

Kathy Hartmann-Campbell

(Cortesía)

“Cuando llegué por primera vez, en 1982, sufrí un verdadero choque cultural. Hasta el punto de que terminé haciendo psicoterapia, lo cual cambió mi vida de un modo positivo. Pensé ‘esto es algo que puedo transmitir a los demás’ y acabé formándome como psicoterapeuta, que es lo que me ha llevado a dedicarme como voluntaria a la integración de la población extranjera y la comprensión intercultural.

Siempre he considerado Basilea como un pueblo cosmopolita. Tiene una cultura de nivel mundial y el tamaño de un pueblo. Puedes ir a todas partes en bicicleta y tienes la sensación de ver caras conocidas. Esto no le gusta a todo el mundo, pero para mí es uno de los grandes atractivos de Basilea.  

La calidad de vida es excelente. Y me encanta que Basilea esté unida a Sídney. No tenemos playa, pero podemos bañarnos en el Rin. Hace 35 años mi marido y yo éramos de los pocos que nadaban en el río. Ahora, en cambio, parece que todo el mundo se da cita a orillas del Rin. La comunidad internacional ha crecido y se ha tornado más diversa gracias a farmacéuticas como Novartis, Roche, Syngenta y compañías biotecnológicas más pequeñas.                                                 

Para algunos la tranquilidad de la ciudad es un problema, aunque siempre se puede ir de fiesta y a bailar. Solo hay que encontrar dónde. La gente también critica las reglas. Pero siempre digo que la cultura, como las monedas, tiene su cara y su cruz, y ambas siempre van juntas. Las reglas también hacen que Basilea sea una ciudad muy organizada y segura, y un lugar maravilloso para criar a los hijos.                                    

El problema que quizá se menciona más a menudo es cómo establecer contacto con la gente local. Por eso he dedicado Basel ConnectEnlace externo a promover la integración a través del contacto directo de la gente de fuera y la gente del lugar. Movilizar a la gente de aquí cuesta más porque ya tienen sus propias relaciones y no necesitan nuevos contactos. Quienes más vienen a nuestros eventos son personas que han tenido experiencia internacional o que se han trasladado a Basilea desde otro lugar en Suiza.

Todavía recuerdo cómo describía Basilea la guía americana cuando llegué a Europa por primera vez: "Basilea es una ciudad industrial gris ubicada entre el Rin y la frontera alemana y francesa. No merece la pena salir de la estación". Que Basilea sea todavía un lugar sin descubrir está bien, porque sería una pena que perdiera su ambiente de pueblo, aunque ahora haya más cruceros y autobuses turísticos”.

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Traducción del inglés: Lupe Calvo, swissinfo.ch

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