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Estragos de juegos en línea “Pasaba hasta 15 horas al día ante la computadora”

Una paciente de la primera y única clínica en Suiza para el tratamiento de las adicciones conductuales habla de su vida como adicta a los juegos en línea y de cómo la terapia ha sido para ella “una bendición”.

“Me levantaba de la cama lo antes posible, encendía mi portátil inmediatamente y me preparaba un café. Empezaba entonces a jugar hasta que se me cerraban los ojos de cansancio”, narra María*, de 53 años.

Durante más de cuatro años, la mujer permaneció encerrada en su casa con un solo objetivo: jugar en línea. “Pasaba de 12 a 15 horas ante la computadora. Jugué cualquier juego descargable de forma gratuita, especialmente los de cartas”.

María trabajó durante años en la industria de la restauración. También tuvo su propio restaurante, una actividad que la agotaba cada vez más. Fue después de un síndrome de desgaste profesional (‘burnout’) que la mujer comenzó a jugar intensamente en línea. “Me aislé completamente de todos y de todo. Escuchar el timbre del teléfono me ponía nerviosa. Comía mal, un par de tostadas con tomate, y no me cuidaba”.

Después de tres meses de juego, María advirtió que algo andaba mal. “Tuve una trombosis debido al mucho tiempo que pasaba sentada. No toqué el ordenador durante un día, pero al día siguiente empecé a jugar de nuevo como antes”. Un día escuchó en la televisión que la adicción a los juegos en línea es considerada una enfermedad. “Hablé con mi terapeuta, quien me canalizó a esta clínica”.

Cuando la encontramos en el refectorio de la clínica especializada de Basilea, María ya tiene dos meses de tratamiento a sus espaldas. El comienzo fue difícil, recuerda. “Tenía pesadillas, en mi cabeza seguía jugando”. Lo que más le pesaba era estar en medio de otras personas. Luego, gracias a las terapias de grupo y a los consejos individuales, fue recuperándose lentamente. “Después de tres semanas, pude volver a usar la computadora, pero bajo observación. Solamente miré mi correo, aunque me costó mucho no hacer clic en los iconos de los juegos”.

El hecho de tener una jornada estructurada ha sido de gran ayuda, dice. “El contacto y la confrontación con los demás también son muy útiles. Me doy cuenta de que esto es grave y que hay otras personas que sufren. Quedarme en esta clínica es una bendición para mí”.

La mujer no sabe cuánto tiempo permanecerá en el establecimiento. Es consciente de que cuando salga, no será fácil. Tiene miedo de volver a caer en la adicción. “Será importante que planifique bien el día. Mi asesora me ayudará a preparar el apartamento para que pueda invitar gente”.

Para quienes se encuentran en su situación, María tiene un mensaje claro: “Hablen de ello y busquen ayuda”.

*identidad conocida por la redacción  


Traducido del italiano por Marcela Águila Rubín

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