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Jardines familiares, laboratorio social amenazado

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Jardines para aquellos que en su vivienda no lo tienen. Imagen de uno de estos espacios en Zúrich.

Jardines para aquellos que en su vivienda no lo tienen. Imagen de uno de estos espacios en Zúrich.

(Keystone)

Basilea y Berna recién han aceptado proyectos de viviendas que condenan a decenas de jardines familiares, sitios donde los citadinos se ocupan de sus verduras y construyen su “tejido social”, como explican investigadores de Ginebra.

En muchas ciudades suizas existen esos espacios verdes con una singular arquitectura de cabañitas de madera y jardincitos llenos de flores y arbustos.

Se trata de esos jardines familiares donde la gente -que vive normalmente en departamentos en la ciudad y sin jardín fuera de la puerta de su vivienda- cumple su deseo de tener un espacio propio donde cultivar plantas y verduras. Pero esos espacios también cumplen una función de encuentro, entre huertos con banderas de diversos países.

Estos llamados en otros tiempos “jardines obreros”, tienen gran éxito de Ginebra a Zúrich, pasando por Lausana y Basilea. Las listas de espera para obtener uno de estos espacios es larga.

Pero estas cabañitas están perdiendo valor en Suiza, como resume Arnaud Frauenfelder, sociólogo en la Escuela Superior de Trabajo Social de Ginebra, quien –junto con sus colegas Christophe Delay y Laure Scalambrin, publicó en febrero pasado una de esos raros estudios sobre el asunto: ‘Conjunción de útil y agradable, el jardín familiar y la cultura popular’.

A pesar del popular éxito de estos jardines, su existencia está un tanto amenazada, debido a que si bien pertenecen a las ciudades, esos terrenos son ocupados por manos privadas. Así que ante la penuria de tierra para construir viviendas, la industria de la construcción pone la mira a esos espacios.

Además del interés de los constructores de edificios habitacionales existen también otras inclinaciones para modificar el panorama en esos terrenos. Tal es el caso en Zúrich, donde una nueva pista de patinaje será establecida en una de las mayores superficies de jardines de la ciudad, de 132 hectáreas con 5500 de estos jardincitos. Una superficie equivalente a 185 canchas de fútbol (de 105 + 68 metros).

“Reservas de terreno”

“Los jardines familiares están bajo presión debido al crecimiento de la ciudad”, admite la consejera municipal ecologista de Zúrich, Ruth Genner, al frente de los trabajos públicos de la metrópoli suiza. “Hay algunos que queremos preservar en función del espacio verde, pero también son una reserva de terreno. En caso de interés superior, deben ceder su espacio”.

El asunto preocupa a todas las asociaciones de jardines familiares de suiza. “Es una de nuestras mayores preocupaciones. Por todas partes hay proyectos inmobiliarios que amenazan nuestros jardines”, explica Priska Moser, secretaria de la Federación  que las aglutina.

Como una pequeña propiedad

Pese a que rentan este pedacito de tierra, para estos citadinos esa parcela y su cabañita representa “algo que de algún modo les pertenece, un ideal de que están en un sitio que les es propio, a fin de cuentas, un ideal de pequeño propietario”, indican los sociólogos Arnaud Frauenfelder y Christophe Delay.

“El jardín familiar es un verdadero laboratorio de observación social, explican a swisisnfo.ch. En Ginebra, como en otros sitios, estos jardines los ocupa una población de ingreso modesto, como lo muestran los estudios. El punto en común entre ellos es el haber dejado sus raíces en el mundo rural, al mudarse a la ciudad. Cultivar su propio pedazo de tierra resulta un antídoto tras el éxodo rural que se ha producido desde finales del siglo XIX hasta ahora, aún cuando esto concierne hoy día a los extranjeros que llegan a nuestras ciudades”.

Las personas interrogadas por los investigadores subrayaron que su jardín es su “red social”. Allí comparten con la familia sus fines de semana. Entre ellos se ayudan, conviven y comparten los productos de sus huertos, de los cuales se muestran muy orgullosos.

Elemento integrativo

Y ni hablar de la función como “instrumento de integración” para los recién llegados, agrega, por su parte, Priska Moser. “Un extranjero que apenas ha llegado probablemente no se adherirá a un club para jugar a las cartas”. En un jardín tal vez esté solo las primeras semanas, pero después se reunirá con los demás.

Para Delay y Frauenfelder, las autoridades tienen la tendencia a ignorar parcialmente la cuestión social relacionada con los jardines familiares. No obstante, con el crecimiento de las ilegalidades y con el desempleo, estas cuestiones vuelven a ser actuales”.

Y si en Ginebra, aquellos que rentan son personas de más de 50 años, en Zúrich son muchos los jóvenes que rentan estos espacios, con todo y el alboroto que esto provoca, lo que ya ha generado reglas más estrictas para los locatarios de estos pedacitos de tierra en la ciudad.

Pedacito de campo en la ciudad

Algunas cifras:

Zúrich: 5500 jardines (1 por cada 69 habitantes) en una superficie total de 132 hectáreas.

Friburgo: 293 (1 por 120 habitantes)

Lausana: 549 parcelas cultivables (en una superficie de 11 hectáreas, repartidas en diez zonas.

Cantón de Ginebra: más de 2000 parcelas en 25 espacios en 16 comunas.

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Perfiles

Clase social. En Ginebra, de acuerdo a la investigación citada, “80% de los ocupantes de esos jardines son de ingreso modesto”. La mayoría son empleados (53%, obreros (35%) o con actividad lucrativa independiente (6%).

Origen. La Federación de Jardines Familiares de Ginebra tiene 55% de miembros con la nacionalidad suiza y 45%, extranjeros. La mayoría provienen de Italia (21%), seguidos de los portugueses (15%) y los españoles (6%).

Más hombres. Son cerca de las dos terceras partes de los locatarios, lo que hace indicar a los investigadores que estos jardines resultan un “espacio de recomposición masculina”.

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(Traducción: Patricia Islas), swissinfo.ch, Zúrich


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