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"La tortura es resistente y tiende a volver"

Tim Hetherington/Magnum

Durante la dictadura militar argentina la sufrió en carne propia y ha dedicado su vida a luchar contra este flagelo. Juan Méndez, relator especial de la ONU, recibe a swissinfo.ch con motivo del Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de la Tortura.

Este contenido fue publicado el 26 junio 2012 - 11:00
Rodrigo Carrizo Couto, Ginebra, swissinfo.ch

La entrevista tiene lugar en el Palacio Wilson, sede de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, en Ginebra.

swissinfo.ch: ¿Cómo ve la situación en Siria?

Juan E. Méndez: Es tan grave que vemos desde ejecuciones extrajudiciales o desapariciones hasta tortura sistemática. La represión es tan brutal que puede considerarse tortura. Pese a nuestros intentos, el Gobierno sirio no nos da respuestas. Todo lo que los relatores podamos intentar hacer queda bloqueado, pues el Consejo de Seguridad muestra una total indecisión respecto al tema sirio.

swissinfo.ch: ¿Ha cambiado su mandato tras la primavera árabe?

J.E.M: Libia me preocupa mucho, porque hay gran cantidad de milicias que no están subordinadas al Estado y que presuntamente practican de forma regular la tortura en prisiones clandestinas. Creo que la comunidad internacional debe ser firme con el Gobierno libio y pedirle que haga algo. En cuanto a Egipto, he pedido que me inviten y sigo sin respuesta. La tendencia en cuanto a derechos humanos parece mejorar, pero es un momento incierto. La fuerza de las masas egipcias ahora debe canalizarse a través de las instituciones del Estado de derecho.

swissinfo.ch: ¿Nota mejoras en la región para poner fin a la práctica endémica de torturas?

J.E.M.: Los cambios son lentos pero seguros en Túnez. El nuevo Gobierno surgido de la revolución tiene buenas intenciones, pero no puede eliminar la tortura con una orden. De hecho, se sigue practicando aunque no de forma tan grave como antes. A los cuerpos de seguridad les cuesta adaptarse a la nueva realidad. Ahora es necesario procesar y castigar a los responsables de los crímenes del antiguo régimen y compensar a las víctimas, aunque hayan pasado 20 años. Las torturas practicadas en Túnez bajo Ben Ali fueron atroces. Llegan casi a superar todo lo que hayamos visto.

swissinfo.ch: ¿Qué aspira conseguir dentro de los términos de su mandato?

J.E.M.: Queremos para estos países que se cumpla la norma universal. Todas las detenciones tienen que ser registradas. Todos los centros de detención tienen que ser conocidos y estar sujetos a inspecciones periódicas. Son medidas de puro sentido común.

swissinfo.ch: Antes hablaba usted del tiempo.

J.E.M.: La tortura es resistente y tiende a volver. Lo observamos en América Latina. En cuanto las fuerzas de seguridad sienten que la sociedad civil no les vigila, vuelven a sus viejos hábitos, porque dan los resultados más rápidos.

swissinfo.ch: ¿Esto ocurre en América Latina?

J.E.M.: Lo que digo es que en democracia no se ha podido erradicar del todo la tortura. Los cuerpos policiales siguen estando autogobernados y actuando bajo un mal entendido espíritu de cuerpo. O sea, si un policía tortura, los demás lo encubren en vez de denunciarlo.

swissinfo.ch: ¿Y las cárceles latinoamericanas?

J.E.M: Es un problema serio. En los países más democráticos de América las condiciones aún son espantosas. La gente está tan atemorizada por la criminalidad que prefiere cerrar los ojos ante esta realidad y que no le hablen del tema.

swissinfo.ch: ¿De ahí las revueltas en las cárceles sudamericanas?

J.E.M.: Claro. Incluso en Argentina las condiciones de algunas prisiones son de hacinamiento masivo, de violencia interna fomentada por los propios guardias, que dan poder a grupos predatorios de una violencia extrema.

swissinfo.ch: ¿Es decir?

J.E.M.: Un ejemplo tremendo son las cárceles de Venezuela. Allí el Gobierno no practica la tortura por voluntad declarada. Pero las cárceles venezolanas son un desastre tan pavoroso que hasta nos denuncian que los guardias gestionan luchas de gladiadores, en las que los internos pelean a muerte en medio de apuestas por dinero.

swissinfo.ch: ¿El aislamiento es algo común en las prisiones?

J.E.M.: No poseo estadísticas detalladas, pero puedo asegurarle que el aislamiento y el confinamiento solitario se usan cada vez más en todo el mundo, como medida de castigo y también para gente con problemas mentales o menores de edad.    

swissinfo.ch: ¿Qué países le preocupan más?

J.E.M.: Los focos de mayor preocupación son los que no me van a invitar, o me invitan y luego cancelan, como Bahréin. Hay casos de países a los que hace 18 años venimos pidiendo una autorización, sin respuesta.

swissinfo.ch: ¿Qué consigue en estas visitas?

J.E.M.: Dependo de la invitación, porque sin ella no puedo entrar. Pero una vez dentro, tengo autonomía y acceso a todos los centros de detención. Y solo yo puedo decidir cuándo y a cuál voy. El Estado anfitrión advierte que el relator especial está en el país y que si llega se le debe proporcionar acceso a todo. Ninguna puerta puede quedar cerrada. También puedo hablar sin supervisión con cualquier detenido. Otro factor esencial es que podemos hablar con cualquier miembro de la sociedad civil, cuando y donde nosotros queramos, sin que nadie tema persecución o represalias.

swissinfo.ch: Solemos asociar la tortura con el mundo en desarrollo. ¿Existen casos en los países desarrollados de Occidente?

J.E.M.: Desde que se declaró la guerra al terrorismo tras el 11 de septiembre de 2001, vimos un resurgir de la tortura en lugares como Estados Unidos. Y unas torturas muy serias, como el water boarding (ahogamiento simulado). La gente lo toma a la ligera, pero provocar la asfixia es algo gravísimo. Y no olvidemos que en esta guerra, se aplica la tortura psicológica, en la que no se toca un pelo a nadie, pero que deja secuelas. Pasar 23 horas al día en una celda de cuatro metros cuadrados es una tortura real. Debemos luchar tanto contra la tortura física como la mental.

swissinfo.ch: Supongo que se refiere a Guantánamo y la era Bush. ¿Algo ha cambiado desde entonces?

J.E.M.: Al día siguiente de asumir la presidencia, Obama dictó órdenes para prohibir todo tipo de tortura y aplicabar los códigos de justicia militar. Es llamativo notar que en los últimos tres años no ha habido nuevas denuncias de tortura provenientes de los Estados Unidos. Todos los casos que son conocidos del CDH son del Gobierno anterior.

swissinfo.ch: O sea que Estados Unidos cumple con lo que se espera de ellos…

J.E.M.: No del todo, porque el Estado no puede limitarse a prohibir la tortura, sino que debe perseguir, procesar y castigar los casos anteriores a su propio Gobierno. Lamentablemente, la administración Obama se muestra muy firme en impedir cualquier tipo de investigación sobre la práctica de torturas durante la presidencia de Bush. Recibimos como respuesta un completo silencio en Washington. Bajo el pretexto de la seguridad y el secreto de Estado, Obama impide la investigación de casos muy concretos. Estados Unidos sigue, aún ahora, violando sus obligaciones internacionales.

swissinfo.ch: Usted sufrió la tortura en carne propia.

J.E.M.: Fui torturado durante la dictadura militar argentina (NDA: 1976-1983) por haber sido abogado defensor de presos políticos. Vivir la experiencia de la tortura hizo que decidiera dedicar toda mi vida profesional a esta cuestión.

swissinfo.ch: ¿No le afecta escuchar continuamente historias trágicas de tortura?

J.E.M.: A pesar de llevar años oyendo testimonios de víctimas, hay historias que me afectan más que otras. Me puedo imaginar el dolor y el sufrimiento ajenos. Pero creo que lo más grave, y que a menudo se olvida, es el dolor y sufrimiento de los familiares. Pienso en el caso de un matrimonio de Kirguistán, cuyo hijo fue sometido a tortura. Seis meses después de ser liberado, y a pesar de todos los esfuerzos, murió a consecuencia de las torturas sufridas. Una situación así destroza a toda la familia, no solo a la víctima propiamente dicha.

¿Qué es tortura?

Un dolor o sufrimiento infligido deliberadamente por un agente estatal con fines de interrogación o castigo. Es la definición más aceptada, señala Juan E. Méndez a swissinfo.ch.

“El dolor infligido tiene que ser de una cierta gravedad. Por debajo de un umbral de sufrimiento entramos en la categoría de tratos inhumanos y degradantes que no llegan a los niveles de tortura”, precisa el relator de la ONU.

“Para que hablemos de tortura en sentido estricto tiene que haber una voluntad expresa de causar sufrimiento agudo y dolor. Los tratos degradantes pueden ser involuntarios, fruto de condiciones objetivas como ser las condiciones infrahumanas de detención”.

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Juan E. Méndez

Nació en Mar del Plata, Argentina, en 1944. Se graduó como abogado en 1970 y asumió la defensa de presos políticos.

Fue arrestado y sometido a tortura durante 18 meses por la junta militar que gobernó el país entre 1976 y 1983. Fue liberado gracias a la presión de Amnistía Internacional, que intercedió en su favor y logró expatriarlo a Estados Unidos.

En este país siguió volcado en la defensa de los derechos de los trabajadores emigrantes y los derechos civiles. Durante quince años trabajó para la ONG Human Rights Watch. Fue profesor de Derecho y director del Centro para Derechos Civiles y Humanos en la Universidad de Notre Dame (Indiana).

El ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, le nombró asesor especial para la prevención del genocidio, cargo que ocupó entre 2004 y 2007.

Es profesor invitado en la American University (Washington) y ha impartido cursos en las de Johns Hopkins, Oxford o Georgetown. Ha ganado numerosos premios, distinciones y honores en Europa y América.

En noviembre de 2010 fue designado relator especial de la ONU sobre tortura.

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Relator especial

El relator especial de la ONU sobre tortura es parte de un mecanismo creado por el Consejo de Derechos Humanos (CDH) para tratar temas especiales.

Utiliza tres metodologías de trabajo. La primera consiste en denuncias del público. La segunda, en visitar los países, para lo cual dependen de una invitación del país interesado. Una vez allí, hablan con autoridades, representantes de la sociedad civil y, muy en particular, con las víctimas.

La tercera metodología es tomar un tema relativo al mandato –casos en los que existan vacíos en las legislaciones vigentes–, desarrollarlo a través de consultas con especialistas e investigaciones, y proponer nuevos estándares universales.

Juan E. Méndez ha realizado sendos informes sobre aislamiento y confinamiento solitario, y otro sobre comisiones de investigación en casos de torturas secretas.

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