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Un intercambio artístico y humano

Etienne Frey, bailarín y coreógrafo suizo de reconocida trayectoria internacional. P. J. Buffe

Más allá de la dirección coreográfica, la preparación de su obra en México ha sido una experiencia humana muy fuerte para Etienne Frey quien experimentó un intercambio enriquecedor.

Este contenido fue publicado el 22 julio 2005 - 10:43

La presencia del artista suizo ha permitido también abrir a los bailarines mexicanos una ventana a nuevos horizontes.

Artista de alto vuelo que trabajó bajo la dirección de Balanchine y Béjart, Etienne Frey piensa que "la danza es un arte que permite tratar de desprenderse de la materia y de ir hacia el aire, porque todo va hacia la elevación; y mi técnica es de la caer en el suelo para elevarse mejor; en diversas técnicas, es algo que todavía no está en esa instantaneidad".

En México, Etienne Frey se enfrentó a una técnica que, a su juicio, permite a la vez una libertad, pero representa también un tipo de encarcelamiento. Por lo tanto, "hay que permitir a los bailarines poder experimentar hacia lo más lejos posible".

Un verdadero intercambio

En cierto modo, la misión del coreógrafo suizo fue que alguien permita a estos bailarines sacar, a la vez, partido de su técnica de manera completa y pasar de intérprete a creador, adueñándose de su técnica para convertirse en un ser danzante y no sólo el instrumento de una técnica.

Y gracias a una complicidad y armonía del alma y del cuerpo, volverse ¡conquistador! De algún modo ese fue el tema de la obra que montó en México.

Lo fue porque era el encuentro del coreógrafo con los bailarines que tenían un enorme deseo de enriquecer sus conocimientos. Etienne Frey considera que logró su meta con muchos de ellos.

Esa apreciación confirma Rogelio Landa, uno de los principales bailarines de la Compañía BTE: "Con él he aprendido muchísimo a nivel de intérprete, como bailarín, y a nivel técnico también". Entre otras cosas, le ayudó a despertar muchas partes de su cuerpo que volvió a revivir.

Apostar por el movimiento

Etienne Frey logró tal resultado porque apostó por "el sentido del movimiento propio de cada uno, más allá de una técnica, de una compañía o de una escuela".

Y lo importante para el coreógrafo suizo reside en este encuentro: "Estoy yo con mi práctica, mi lenguaje y mi experiencia, y del otro lado están los bailarines y lo que me pueden aportar con sus movimientos propios y con su capacidad de ser interlocutor".

Rogelio Landa reconoce que le ha costado mucho, porque bajo la conducción del artista suizo el trabajo es totalmente diferente al que está acostumbrado a hacer.

Pero siente que "esta experiencia me ha dado algo muy bueno, ahora para bailarlo y después para continuar desenvolviéndome como bailarín".

Le gustó mucho que Etienne Frey, siendo el coreógrafo, "siempre estuvo muy abierto; y eso es muy bueno para uno bailarín, porque te deja desarrollar y crecer más, te deja respirar algo nuevo que puedes aportar también a las danzas de la compañía".

La danza es el patito feo

Para los bailarines de BTE, esta experiencia ha sido todavía más importante si se toma en cuenta el estado de la danza en México.

Aunque Rogelio Landa reconoce el buen nivel interpretativo de la danza en su país, considera que "no hay un apoyo fuerte o suficiente para los bailarines, lo que no es gratificante, no te motiva y no te deja crecer; te limita mucho porque no hay un nivel educativo-cultural... Hacen falta muchos factores en México para que la danza crezca y sea fuerte".

Todavía más severo es el director del BTE. En declaraciones a una revista mexicana, Michel Descombey señala que la danza en México sigue siendo "el patito feo".

A su juicio, "los intelectuales mexicanos son en su mayoría analfabetos del cuerpo. No conocen a la danza como forma de expresión y de comunicación. Y eso los intelectuales... los políticos están mucho peor."

swissinfo – Patrick John Buffe - Ciudad de México

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