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"Peregrinar es rezar con los pies"




Ital von Reding acaba de recorrer a pie el Camino de Santiago desde su domicilio en Zúrich hasta Finisterre, en la agreste Costa de la Muerte gallega. Tardó 84 días en llegar.

Más de 2.400 kilómetros andados con la mochila a cuestas... Pero las emociones vividas y compartidas con otros peregrinos en la Ruta Jacobea recompensaron con creces su esfuerzo.

El Camino de Santiago, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, vive un nuevo auge. Cada vez son más los peregrinos que emprenden la Ruta Jacobea a pie, en bicicleta o a caballo. En el año 2004 fueron unos 200.000, sin contar las personas que llegaron en coche, autocar, tren o avión a la Ciudad Santa en el noroeste de la Península Ibérica.

Y es que sólo están contabilizados los que recorren la distancia mínima (100 kilómetros a pie o 200 en bicicleta) para recibir la denominada Compostela, documento del Cabildo Catedralicio de Santiago que certifica la peregrinación. Lo cierto es que el número de turistas y peregrinos se multiplica en los Años Jacobeos, cuando la festividad de Santiago (25 de julio) cae en domingo. Más de nueve millones de personas visitaron la capital gallega en el Año Santo 1999.

Un proyecto largamente acariciado

La villa francesa de St-Jean-Pied-de-Port o la localidad de Roncesvalles, en el Pirineo navarro, son los principales puntos de partida, pero muchos peregrinos vienen de mucho más lejos. Ital von Reding cruzó buena parte de Suiza, Francia y España para culminar un proyecto largamente acariciado.

Recorrió 2.419 kilómetros a pie, desde la puerta de su casa en Zúrich hasta Finisterre (2.325 kilómetros hasta Santiago). Fueron exactamente 3 millones 632 mil 120 pasos para llegar a ese Cabo emblemático que conserva su nombre de la época en que se creía que allí, en ese extremo occidental de Europa, frente al mar tenebroso, se terminaba la Tierra.

"Hace ya casi 30 años que yo tenía la intención de hacer este viaje", explica este profesor de bachillerato, oriundo del cantón de Schwyz (Suiza central). Y así, fascinado por la riqueza de las raíces históricas, culturales y cristianas de la Ruta Jacobea, decidió realizar la hazaña.

Sin duda le movieron razones religiosas, pero fue también un reto personal y físico que se propuso para celebrar sus 50 primaveras... Las cumplió el pasado 1 de diciembre, en pleno Camino de Santiago.

Sueño reparador

El tramo suizo del Camino fue el más duro. El primer día recorrió 40 kilómetros, de Zúrich a Rapperswil (cantón San Gall), y el segundo, ya no aguantaba de dolor. Aquejado de un problema de menisco, no le quedó más remedio que recurrir a un médico en Einsiedeln (cantón Schwyz) que le inyectó cortisona.

Pese a este "momento de crisis", asegura que nunca sintió la tentación de abandonar la aventura. Al contrario: a partir de Ginebra, el trayecto le resultó "fácil", gracias al efecto analgésico de la cortisona y, luego, descubrió el milagro del "sueño reparador".

"Te acuestas con dolor, completamente cansado. A veces llegas mojado, con frío, te das una ducha, te tomas una cerveza o el vino del peregrino, cenas, te acuestas y a la mañana siguiente te levantas como recién nacido", señala.

"Yo hubiera podido continuar con este ritmo de 20 a 40 kilómetros diarios sin problema. Y es que desarrollas una autosuficiencia tan grande que te parece que puedes hacer cualquier camino. Eso te da mucha seguridad, mucha confianza en ti, en tu cuerpo, en la Creación".

Rezar con los pies

Se declara católico y practicante, aunque más cercano a la Teología de la Liberación que a la posición de la Iglesia Católica Romana a la que califica de "anticuada". "Yo soy católico desde el fondo y hasta siempre, pero el aparato de la Iglesia me da mucho que pensar, tengo muchos problemas con eso...".

Además, siente inclinación hacia el budismo del que dicen que, más que una religión, es una filosofía de vida. De hecho, realizar el Camino de Santiago fue como "un viaje meditativo".

"A mí la meditación me rejuvenece, me regenera, y ese contacto con la Naturaleza es de lo más bonito que yo he vivido en mi vida", sostiene.

Y es que como le dijo un campesino en el Camino: 'Peregrinar es rezar con los pies'... No hay manera más hermosa de sintetizar lo que Ital von Reding sintió a lo largo de la Ruta Jacobea.

Momentos emotivos

Son muchos los peregrinos que emprenden la aventura jacobea como una búsqueda interior, para marcar un punto y aparte en su vida, dejar atrás una experiencia dolorosa... un divorcio, la muerte de un ser querido...

"Yo diría que un 90% de la gente lo hace como una cura del alma, casi como una psicoterapia".

Quienes lo han hecho aseguran que el Camino de Santiago ha sido una de las experiencias más gratificantes en su vida y todos coinciden en que uno de los momentos más emocionantes es pisar la Plaza del Obradoiro, donde se halla la Catedral de Compostela.

"Muy emotivo también fue, no el anuncio de mi nombre en la Misa de los Peregrinos, al mediodía, sino encontrarme allí con compañeros de viaje y abrazarlos delante del altar", subraya.

Finisterre... la meta final

Después de presentar su credencial, una especie de diario de ruta que los peregrinos deben sellar día tras día en todas las localidades por las que pasan (sellos de iglesias, albergues...) para obtener la Compostela, Ital von Reding retomó el Camino rumbo a Finisterre, rumbo a la agreste Costa de la Muerte.

"Vislumbrar, por primera vez, el mar a lo lejos", al llegar al pueblo marinero de Cee, fue otra de las vivencias inolvidables del Camino. "A mí el mar siempre me pareció como un principio de vida... Terminar el Camino frente al mar, frente a la Costa da Morte (así se llama en gallego) fue también como concluir un ciclo de mi vida y abrir otro, una muerte y a la vez un renacimiento".

"No hay que olvidar que también hice el viaje para echar un hiato, para hacer una cesura en mi vida por mis 50 años". Finisterre – el antiguo fin de la Tierra – fue el "punto final del peregrinaje y el comienzo de otra cosa...". Tardó 84 días en llegar hasta allí...

"El camino es la meta", o como escribió el poeta Antonio Machado: 'Caminante, no hay camino, se hace camino al andar'... "Sí, es eso. Lo piensas y, sobre todo, lo vives", concluye "este peregrino solitario", como él se define. "Andando haces el Camino y andando te haces camino, conquistas el terreno y así formas tu vida. Es como un acto creativo..."

Continúa en 'Más sobre el tema': 'Nunca cargué más de diez kilos en la mochila'

Datos clave

La Ruta Jacobea en territorio helvético comienza en el Lago de Costanza y pasa por Einsiedeln, Interlaken, Friburgo, Lausana y Ginebra.

Ital von Reding inició el Camino de Santiago en Zúrich y desde allí se dirigió a la Suiza Central de donde es oriundo.

Recorrió 2.325 kilómetros a pie hasta Santiago y 2.419 hasta Finisterre. Su aventura jacobea duró 84 días.

Camino de Santiago

Los orígenes del Camino de Santiago se remontan a la Edad Media. A partir del descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago a principios del siglo IX, la ciudad gallega se convierte en el principal lugar de peregrinación de la cristiandad en la Europa medieval.

Hoy, la Ruta Jacobea vive un nuevo auge. En 2004, el Camino de Santiago fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En 1987, el Consejo de Europa lo declaró Itinerario Cultural Europeo y desde 1985 el casco antiguo de la capital de Galicia está inscrito en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

Millones de personas la han visitado. El número de turistas y peregrinos se multiplica cuando la festividad de Santiago (25 de julio) cae en domingo. El último Año Santo (o Año Jacobeo) fue el 2004. El próximo será el 2011.

swissinfo.ch



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