Remanso familiar Música, una aliada de los bebés prematuros


Por
Jeannie Wurz


Friederike Haslbeck utiliza el monocordio para relajar a los bebés prematuros (Hospital Universitario de Berna).

Friederike Haslbeck utiliza el monocordio para relajar a los bebés prematuros (Hospital Universitario de Berna).

(Bern University Hospital )

Friederike Haslbeck les canta a los bebés. Pero no a todos. Como terapeuta musical se especializa en ayudar a relajar a los recién nacidos prematuros y a sus padres, lo que permite al tiempo crear lazos entre los integrantes de las nacientes familias. Asimismo, como investigadora intenta descubrir si la música ayuda realmente a desarrollar el cerebro de los bebés que nacen antes de tiempo.

En el Hospital Universitario de Berna, la unidad de cuidados intensivos neonatales es un lugar abierto y bien aireado. Los destellos del sol cobijan parcialmente la habitación en la que nos encontramos. Un grupo de enfermeras supervisa detalladamente lo que acontece en este cuarto pletórico de incubadoras. Una de sus labores es documentar con minucia la información que muestran múltiples pantallas sobre la evolución fisiológica de los pequeños. Alrededor de las cunas de alta tecnología, muchos velan por sus vástagos.

 "Edad gestacional"

Es el término utilizado para describir en qué punto de la gestación se encuentra una mujer. Un embarazo normal puede variar entre las 38 y las 42 semanas. Los bebés que nacen prematuramente, a partir de las 24 semanas de gestación, deben ser tratados en una unidad de cuidados intensivos neonatales.

La fertilización in vitro ha incrementado el número de nacimientos múltiples y la cantidad de niños que nacen precozmente. La tecnología destinada a atender a estos bebés prematuros ha tenido que evolucionar también. Hoy, incluso los pequeños nacidos un trimestre antes de lo debido (es decir, a partir de la semana 24 de gestación) tienen buenas probabilidades de supervivencia.

Friederike Haslbeck trabaja con bebés prematuros de Berna y Zúrich, se ocupa de unos seis u ocho cada día. Su terapia musical inicia cuando los bebés tienen entre una y dos semanas de nacidos.

Terapia musical

"La voz humana es el instrumento más importante de todos”, dice Haslbeck, "cuando trabajo con un bebé prematuro -en la incubadora o en las camas especiales donde duermen- solo utilizo mi voz. Hay estudios que confirman que los bebés prefieren la voz humana que los instrumentos".

Pero el trabajo de Haslbeck va más allá. Incluye a los padres, a quienes pide realizar la terapia conocida como 'madre canguro'.

"En estos casos me gusta llevar un monocordio que acompaña mi canto.  Es un instrumento muy especial porque genera una gran cantidad de vibraciones y posee un sonido único", explica.

La terapia 'madre canguro' consiste en que uno de los padres se arrellane en un sillón reclinable y coloque a su bebé sobre su pecho desnudo, consiguiendo con ello un contacto piel con piel. Haslbeck se ocupa de que una parte del monocordio toque el codo del padre (o de la madre en cuestión) permitiendo con ello que la vibración del instrumento sea transmitida hasta el bebé.

"Es un proceso que el bebé prematuro necesita vivir. Pensemos que, en teoría, aún tendría que estar en el vientre materno y ahí escucharía todo el tiempo sonidos profundos como los de la digestión, los de la circulación sanguínea o los latidos del corazón", precisa.

Algunos estudios han demostrado también que la música ayuda a estabilizar fisiológicamente a los bebés nacidos de forma prematura, dice Haslbeck y a añade que este efecto positivo se refleja a menudo en el monitor que da seguimiento a los signos vitales del bebé. El ritmo cardíaco se ralentiza, la oxigenación de la sangre se incrementa y todo esto es positivo. Además, el bebé respira de forma más regular y profunda, a un ritmo acompasado.

Haslbeck refiere que también se han observado movimientos bajo los párpados de los bebés cuando tienen los ojos cerrados, un mayor crecimiento de las cejas, pequeñas sonrisas o el inicio de reflejos como el de sacar la lengua para empezar a succionar. A veces “también emiten pequeños sonidos como 'oh' o 'ah' con su boca, lo que es un signo de que se sienten cómodos”.

Menos estrés

El ruido, la preocupación y la incertidumbre son fuente constante de tensión en la unidad de cuidados intensivos neonatales. "Por ello, si deseo apoyar el proceso de unión entre el bebé y la madre, o entre el bebé y su padre, lo primero que debo hacer es relajarlos a ambos para que el recién nacido pueda hacer lo mismo”, explica Haslbeck.

Y el monocordio ayuda mucho en este objetivo. "No es necesario decir a los padres: 'Relájense'. Tampoco hace falta realizar ejercicios de respiración con ellos. Solo basta con empezar a tocar y todo sucede espontáneamente”.

Claramente, un nacimiento prematuro provoca angustia. Los padres desconocen lo que sucederá con su hijo recién nacido y se enfrentan además a lo que Haslbeck describe como "una gran falta de privacidad e intimidad".

Anna y Remco, padres de Casper, coinciden en ello. Su bebé nació en Berna en octubre, dos meses antes de lo previsto, pesando apenas 1,6 kilogramos.

"Hay un espacio muy pequeño entre la incubadora y la cortina de separación. Cuando uno quiere realizar la terapia ‘madre canguro’, el espacio es tan reducido que simplemente, no hay momentos de privacidad”, dice Anna.

Remco suscribe lo que dice su esposa. “Hay una cortina y es posible cerrarla, pero no existe privacidad auditiva. Todo se oye. Todo mundo te escucha".

Una condición que no siempre es desventajosa. Antes de que Casper tuviera sus propias sesiones de terapia musical, a los jóvenes padres les tocó escuchar a Friederike Haslbeck trabajando con otros recién nacidos.

"Toda la sala se llenaba con esa música mágica. Y vaya que hace diferencia escucharla, incluso en este ambiente clínico. Es como estar nadando en una piscina de agua fría y de pronto pasar a una de agua caliente. Uno se dice: '¡Gua! No me había dado cuenta que todo este tiempo había estado en una piscina tan fría’".

Primeros hallazgos

Los primeros estudios para evaluar el efecto de la música sobre los bebés prematuros se realizaron en los años 70. Su objetivo era descartar que la música pudiera ser perjudicial. En la década de los 90, el estadounidense Jayne Standley, pionero en la materia, comenzó a entrenar a terapeutas musicales especializados en el trabajo con bebés.

Desde el año 2013, un total de seis hospitales suizos proporcionan terapia musical a recién nacidos prematuros, pero ninguno de ellos está ubicado en la región francófona suiza.

Matthias Nelle, director de la División de Neonatología del Hospital Infantil de la Universidad de Berna, asegura que desde hace varios años este nosocomio intenta aplicar un enfoque holístico en la atención de los bebés prematuros. "Ofrecemos masajes y estímulos olfativos, y ponemos un énfasis particular en la luz y los colores. Y la terapia musical se añadió para desarrollar el sentido del oído de forma individualizada en los bebés más pequeños”, refiere.

En el Hospital Universitario de Zúrich, Haslbeck lidera un estudio de investigación que evalúa si la terapia musical en bebés prematuros impacta su desarrollo cerebral. Para ello utiliza imágenes de resonancia magnética, y los investigadores están comparando el desarrollo del cerebro de los bebés -con y sin terapia musical- cuando alcanzan la que tendría que ser su semana número 40 de gestación.

"Nuestra hipótesis es que los bebés que escuchan música tendrán mayor masa y mejor funcionamiento cerebral, así como más conexiones (neuronales)”, puntualiza.

En 2016 y 2017, un total de 60 bebés prematuros serán analizados. El estudio tendrá una duración total de cinco años. "No sabemos qué resultados tendremos, pero sabemos que la música es una de las pocas cosas capaces de estimular amplias y diversas áreas del cerebro de forma simultánea", anota Haslbeck.

"Esto no se trata de hacer música, sino de dar serenidad al bebé, de interactuar con él. Somos seres sociales. No somos ordenadores".

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Traducido del inglés por Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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