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Mijaíl Bakunin


Bakunin y los relojeros


Por Andrea Tognina


Suiza es la cuna del anarquismo. Las huellas del movimiento libertario acompañan desde hace un siglo y medio la historia del país. Entrevista con Marianne Enckell, del Centro Internacional de Investigación sobre el Anarquismo, de Lausana.

En 1872, la Federación del Jura –una organización obrera– convocó en Saint-Imier a los delegados de los grupos antiautoritarios que se oponían a la política centralista de la Primera Internacional. Karl Marx acababa de conseguir que Mijail Bakunin y otros anarquistas fueran expulsados de la Internacional.

Marianne Enckell

Desde 1963, es archivista y bibliotecaria en el Centro Internacional de Investigación sobre el Anarquismo (CIRA) de Lausana.

Ha publicado varios estudios sobre el tema, entre ellos un libro dedicado a la Federación del Jura y los orígenes del movimiento anarquista en Suiza, que va por la tercera edición.

El CIRA alberga hoy cerca de 20.000 libros, 4.000 revistas, 3.000 manifiestos, varios manuscritos y materiales audiovisuales sobre la historia y el pensamiento anarquistas.

La mayor parte de estos documentos está en alemán, francés, italiano e inglés, pero el centro conserva también escritos en muchas otras lenguas.

swissinfo.ch: ¿Qué significa el congreso de Saint-Imier en la historia del movimiento anarquista?

Marianne Enckell: Aquí comenzó el movimiento anarquista, incluso si el de 1872 no fue un congreso propiamente anarquista. Fue más bien un congreso antiautoritario, federalista, opuesto al poder central de la Asociación Internacional de los Trabajadores (la Primera Internacional).

Entre las múltiples decisiones que se tomaron entonces, la más destacada y emblemática es la afirmación de que el primer deber del proletariado reside en la distribución de todo poder político. El congreso sella además un pacto de solidaridad entre los grupos representados, basado en dos principios: la autonomía y el federalismo.

La idea es en que cada persona es autónoma y se adhiere a un grupo de forma voluntaria. Un grupo se une con otros de modo federalista, preservando su autonomía en todos los niveles. La federación sirve para desarrollar los contactos, para solidarizarse en caso de huelga o insurrección. Pero en este momento no se habla aún de insurrección final.

swissinfo.ch: ¿Qué papel desempeñó Mijail Bakunin?

M.E.: La idea de la anarquía existía ya desde hacía medio siglo, la había enunciado Pierre-Joseph Proudhon, pero no existían grupos anarquistas ni un movimiento anarquista. La clave para el nacimiento del movimiento anarquista fue el encuentro que sostuvieron Bakunin y los obreros de la industria relojera del valle de Saint-Imier.

Bakunin tiene a sus espaldas una larga experiencia revolucionaria, ha recorrido toda Europa, es liberado de la cárcel en Rusia, pero sigue vinculado al modelo revolucionario de la primera mitad del siglo XIX, a las hermandades secretas, a los pequeños grupos conspirativos.

En 1869, llega a Le Locle para pronunciar conferencias y se reúne con los obreros de la industria relojera que han comenzado a crear las primeras sociedades de resistencia autónomas. Los trabajadores quieren organizarse por su cuenta, formarse, obtener mejores condiciones laborales.

Surge un encuentro entre un teórico de la revolución y personas que comienzan a vivir experiencias concretas de organización. Se produce una seducción recíproca. Poco a poco, los obreros del Jura se aproximan a posiciones anarquistas y Bakunin empieza a interesarse más por las cuestiones prácticas del movimiento obrero.

swissinfo.ch: La Federación del Jura tiene una vida breve. Pero el movimiento anarquista sobrevive en Suiza…

M.E.: En la primera mitad del siglo XX, el centro del movimiento es Ginebra, donde Luigi Bertoni publica la revista bisemanal Il Risveglio/Le Reveil (El despertar). Antes de la gran guerra, en la Suiza francófona se instaura también el sindicalismo revolucionario, con la Fédération des Unions Ouvrières.

Después de la guerra nacen nuevos grupos sindicalistas de acción directa. En Ginebra, la Liga de Acción de la Construcción, liderada por Lucien Tronchet. Pero a partir de los años 1920, la lucha contra el fascismo se convierte en una de las principales preocupaciones de los anarquistas.

swissinfo.ch: En 1917, los bolcheviques se hacen con el poder en Rusia. ¿Cómo reaccionan los anarquistas?

M.E.: La Revolución Rusa ejerce indudablemente un poder de seducción sobre el movimiento anarquista. Pero muy pronto Luigi Bertoni alerta contra la nueva burocracia roja. Las noticias de Rusia llegan con retraso, muchas veces son contradictorias. Pero al conocerse la expulsión de los anarquistas de Rusia, las relaciones entre comunistas y anarquistas se vuelven muy tensas, sobre todo en Ginebra, donde los comunistas tienen bastante peso.

Esto no quita que en los años 1920 los comunistas, socialistas y anarquistas estén unidos en los sindicatos de acción directa y que durante la crisis de los años 1930, participen juntos en las obras autogestionadas.

swissinfo.ch: ¿Y durante la Guerra Civil Española?

M.E.: Lucien Tronchet, que dispone de muchos contactos útiles para cruzar clandestinamente la frontera, envía camiones con ayuda humanitaria a España y debajo de ella esconde armas. Los contactos españoles de Tronchet piden armas, pero no quieren hombres, y menos aún hombres que no están adiestrados para el combate. Por eso son pocos los anarquistas que parten rumbo a España. Pero hay otros voluntarios que luchan en las filas anarquistas y que dan fe de no solo de la experiencia de la guerra, sino también de los cambios sociales, de la  revolución.

swissinfo.ch: Durante la Segunda Guerra Mundial, se prohíben las actividades anarquistas en Suiza. ¿En qué condiciones se encuentra el movimiento anarquista después de 1945?

M.E.: En los primeros años de la posguerra, el movimiento está muy debilitado. Mueren Luigi Bertoni y el médico zuriqués Fritz Brupbacher, una referencia entre los anarquistas en la Suiza de habla alemana. La actividad anarquista queda reducida a poca cosa. El movimiento recobra aliento en 1968, como en otras partes del mundo, o quizás incluso antes, en los años 1960, sobre todo con el antifranquismo, con la lucha por la libertad en España.

Es un movimiento diferente del anterior, un movimiento de jóvenes, de estudiantes más que obreros, no un movimiento de masas. Hay ciclos generacionales, y el 1968 es un punto importante; luego vienen los años 1980 con el movimiento punk, y la década de 1990 con la insurrección zapatista en México, el inicio de los movimientos antiglobalización y la aparición de Internet.

swissinfo.ch: Hemos mencionado a muchos hombres. ¿Qué papel tuvieron las mujeres en el anarquismo?

M.E.: A lo largo del movimiento anarquista se habló prácticamente solo de dos mujeres emblemáticas, Louise Michel, combatiente de la Comuna de París, y Emma Goldmann, un hebrea rusa que emigró a Estados Unidos y que defendió la emancipación femenina. Pero hay otras menos conocidas.

Por ejemplo, Virginie Barbet, de Lyon (Francia), que escribe en la prensa, discute con Bakunin. Lucha por abolir la herencia y contra el servicio militar. Durante algún tiempo se refugia en Suiza. También está Margarethe Hardegger, sindicalista, defensora del control de la natalidad y del amor libre. O Nelly Roussel, francesa, que mantiene muchas conferencias en Suiza sobre la emancipación de la mujer. No son muchas, pero las hay. Y hoy las mujeres están muy presentes en el movimiento anarquista.

Anarquismo radical

El congreso internacional celebrado en Saint-Imier en agosto reunió a varias corrientes del anarquismo social. En vísperas de la reunión, uno de los organizadores, el sindicalista suizo Aristides Pedraza, reiteró: “Nuestro terreno no es el de la violencia”.

Existen aún individuos y pequeños grupos que, remitiéndose al anarquismo, defienden la legitimidad de la lucha armada, como Marco Camenisch en Suiza.

Al inicio de los años 1980, este militante ecologista radical fue condenado a diez años de prisión por dos atentados contra las plantas eléctricas del cantón de los Grisones. Poco después, se fugó de la cárcel de Regensdorf (Zúrich) y vivió en la clandestinidad hasta su detención en 1991 en Italia.

Tras purgar una pena de 12 años de prisión en Italia por atentar contra postes de alta tensión y herir a un carabinero, fue extraditado a Suiza en 2002, donde fue declarado culpable del asesinato de un agente aduanero en Brusio en 1989. Hace poco, después de cumplir dos tercios de la condena, le fue denegado el tercer grado.

  

La magistratura italiana investiga desde hace años a presuntos grupos anarcoinsurreccionalistas que suelen actuar bajo el nombre de Federación Anarquista Informal (FAI), considerados culpables de varios atentados en Italia y Suiza. En su último informe anual, la policía federal califica las células anarcoinsurreccionalistas como una amenaza para la seguridad de Suiza.


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch



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