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Un mercado opaco


No es oro todo lo que reluce




Rescate de los mineros en Cabeza de Negro, Perú, país que exporta sobre todo oro a Suiza. (Keystone)

Rescate de los mineros en Cabeza de Negro, Perú, país que exporta sobre todo oro a Suiza.

(Keystone)

Suiza carece de minas, pero es la refinería de oro más importante del mundo. Un sector que no destaca por la transparencia y en el que las violaciones de los derechos humanos y la contaminación son moneda corriente.

El caso más reciente data de hace pocos meses. Una treintena de personas y cuatro sociedades son objeto de una investigación en Perú por extracción ilegal de minerales y blanqueo de dinero, delitos para los que se prevén hasta 15 años de cárcel.

En el plazo de varios años, se han vendido supuestamente cerca de 25 toneladas de oro por un valor de 900 millones de dólares, provenientes de minas ilegales de Madre de Dios, en la Amazonia peruana, donde se extrae el 20% del oro del país.

Según un investigador peruano, que cita el diario Le Matin, de Lausana, se sospecha que para financiar la extracción, esas sociedades utilizaron dinero procedente del narcotráfico. El metal precioso se habría vendido a dos sociedades suizas, la ginebrina MKS (Switzerland) SA, propietaria de la refinería Pamps (cantón del Tesino); y Metalor, con sede en Neuchâtel.

MKS, por boca de su portavoz, Frédéric Panizzutti, afirma haber realizado investigaciones adicionales en Suiza y Perú. Aún no se han hecho públicas las conclusiones, pero Panizzutti subraya que “no hay elementos que permitan establecer sospechas fundadas del origen ilícito de los valores en cuestión”. Y tampoco ha habido indicios que hubieran requerido una notificación de la Oficina de Comunicación en materia de Blanqueo de Dinero (MROS). “El oro peruano refinado por el grupo MKS y exportado legalmente proviene, además, de minas artesanales registradas ante las autoridades peruanas que cumplen las reglamentaciones gubernamentales sobre la rastreabilidad del oro”, precisa Panizzutti.

De las 1.629 notificaciones remitidas en 2011 a la MROS… solamente una concierne al comercio de metales preciosos. Debido a las sumas que están en juego -en 2011, Suiza importó 2.600 toneladas de oro por valor de 96.000 millones de francos-, cabe preguntarse si no hay un problema.

“El número de clientes y de transacciones en el sector de los metales preciosos es muy inferior al del sector bancario. Las refinerías trabajan principalmente con clientes institucionales y no privados, como los bancos. En 2003, el predecesor de la Autoridad Federal de Supervisión de los Mercados Financieros (FINMA) mencionaba que existían 14,5 millones de cuentas privadas en los bancos helvéticos, frente a probablemente menos de un millar en el sector de los metales preciosos”, anota Frédéric Panizzutti.

No obstante, se impone una precisión: “La ley contra el blanqueo de dinero (LRD) se aplica a los intermediarios financieros que negocian con oro. En cambio, una empresa de fundición que compra oro en bruto y produce lingotes no está sometida a esta ley. Hay que distinguir siempre entre producción y comercio”, puntualiza Tobias Lux, responsable de Comunicación de FINMA.

Suiza, encrucijada del oro

El país alpino tiene una larga tradición en materia de refinación de oro. En 2011, Suiza importó 2.600 toneladas de oro en bruto por un valor de 96.000 millones de francos.

Se estima que cerca de 2/3 del oro en el mundo transitan físicamente por suelo helvético.

En Suiza tienen sede cuatro de las refinerías de oro más grandes del mundo, tres de ellas en el cantón del Tesino.

Este liderazgo se debe, sobre todo, a la elevada seguridad y un sistema eficaz que ofrece el país tanto en el ámbito logístico como financiero. Además, las refinerías helvéticas han alcanzado niveles de calidad que todos los especialistas califican de excepcionales.

Rastreabilidad

Marc Guéniat, de la ONG Declaración de Berna, sostiene que la industria del oro y, en general, el sector de las materias primas, son mundos muy opacos. “Desde los primeros intermediarios, las transacciones suelen realizarse a través de una cascada de sociedades offshore, afincadas en jurisdicciones donde es imposible identificar a los beneficiarios reales”.

El caso peruano no es el primero en el que están implicadas empresas suizas. Recientemente, la refinería Metalor apareció citada en el informe del grupo de expertos de la ONU encargado de supervisar que se respete el embargo impuesto a Eritrea. Entre febrero de 2011 y julio de 2012, el grupo con sede en Neuchâtel importó una decena de toneladas de oro de ese país africano. Así lo sostiene Gilles Labarthe, periodista que ha publicado varias investigaciones sobre el comercio con metales preciosos y autor del libro L’or africain: Pillages, trafics et commerce international (El oro africano: Saqueos, tráfico y comercio internacional).

Anteriormente, precisa, las refinerías helvéticas se vieron asociadas con importaciones de oro de la República Democrática del Congo, país al que Labarthe viajó en 2010 como experto en cuestiones de blanqueo de dinero y transparencia en este sector por encargo de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento suizo.

Metalor rechaza las acusaciones y afirma que controla meticulosamente todas las ramas de producción, desde la mina hasta el comercio al por menor, para evitar que el metal no provenga de actividades criminales, de zonas de conflicto o donde las violaciones de los derechos humanos están al orden del día.

El ejemplo de los diamantes

En 1998, Naciones Unidas abordó por primera vez el problema de la financiación de los conflictos a través del tráfico de diamantes y decretó sanciones contra Angola para prohibir que otros países compraran estas piedras preciosas. En 2000, la ONU impuso sanciones a Liberia y, posteriormente, a Costa de Marfil y la República Democrática del Congo.

En 2000, los países productores de diamantes y los representantes de la industria se reunieron en Kimberley, Sudáfrica, para elaborar un sistema destinado a contrarrestar el mercado ilegal y asegurar a los compradores el origen lícito de las piedras.

En 2001 se constituyó el Consejo Mundial del Diamante, cuya misión reside, precisamente, en certificar la procedencia de los diamantes brutos. Un año después, tras la aprobación de la ONU, se creó el Sistema de Certificación del Proceso de Kimberley, que agrupa a industrias, Estados y ONG en el control de la procedencia de las piedras.

Una década después, la mayoría de las ONG juzgan que este instrumento es insuficiente, afirma Marc Guéniat, de la Declaración de Berna, “porque no se han sancionado los abusos”, especialmente en Zimbabue, Angola y República Democrática del Congo.

¿Puede servir de ejemplo el acuerdo de Kimberley para reglamentar mejor el mercado del oro? Según Guéniat, se trata de un desafío mucho más complicado, ya que “resulta mucho más difícil determinar el origen del oro que el de los diamantes”.

¿Oro responsable?

En los últimos años, se han multiplicado las iniciativas del sector para garantizar una cadena de abastecimiento limpia, por ejemplo el Conflict Free Gold, el Responsible Jewellery Council o el LBMA Responsible Golf Guidance. “Esta gu­ía, que entró en vigor este año, se basa en las directivas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y reglamenta el deber de diligencia para un abastecimiento responsable. Las compañías tienen que esclarecer la cadena de suministro y entender de dónde proviene el oro. Cada año nos sometemos a audiciones externas que verifican si respetamos todas estas reglas”, señala Frédéric Panizzutti, cuya empresa fue una de las impulsoras de  norma.

Estas medidas se hicieron imprescindibles también a causa de la creciente presión internacional. Estados Unidos, por ejemplo, adoptó en agosto pasado la ley Dodd-Frank sobre los minerales que proceden de zonas de conflicto. La Unión Europea seguirá próximamente el ejemplo.

Para Gilles Labarthe, las empresas han dado pasos en la buena dirección, aunque cabe cuestionarse si permitirán resolver realmente los problemas, ya que estas iniciativas son voluntarias y los abusos se sancionan raramente.

“Este tipo de acciones es lo mismo que dejar que un pirata de la calle decida de forma autónoma cuál es la velocidad autorizada y determine los controles viales”, señala, por su parte, Marc Guéniat. Hay miembros del Consejo de Joyería Responsable (CJR), agrega, que son conocidos por su actuación poco responsable. “Entre las empresas fundadoras está, por ejemplo, Newmont Mining, a la que concedimos en 2009 el premio de la vergüenza (el Premio Ojo Público) por un proyecto en Ghana”. La multinacional estadounidense es propietaria, entre otras, de Valcambi en Balerna (cantón Tesino), una de las cuatro refinerías de oro más grandes en Suiza.

La cuestión ética no se reduce solo al marco normativo, puntualiza Frédéric Panizzutti. “Se puede circular a 120 km/hora por la autopista. Pero esto no excluye que se opte por conducir un automóvil ecológico. Las medidas que aplican las empresas suizas en materia de rastreabilidad del oro son las más severas en el mundo y nuestro grupo defiende un modelo de comercio justo”.

Principales productores de oro (2011)

China: 355 toneladas

Australia: 270

Estados Unidos: 237

Rusia: 200

Sudáfrica: 190

Perú: 150

Canadá: 110

Ghana: 100

Indonesia: 100

Fuente: US Geological Survey

Estadísticas fragmentarias

Sobre la procedencia del oro que se refina en Suiza se corre un tupido velo. Desde 1981, los países de origen no figuran en las estadísticas helvéticas.

“Entre los años 1970 y 1980, Suiza fue blanco de críticas por importar oro de Sudáfrica, cuando regía un embargo internacional contra ese país. Además, en el contexto de la Guerra Fría había que camuflar las importaciones del metal amarillo de la Unión Soviética”, explica Gilles Labarthe. No obstante, precisa, Suiza no es la única, ya que otros países con una larga tradición de refinamiento, como Canadá, Gran Bretaña y Alemania, son todo menos transparentes.

Recientemente, el diputado socialista Cédric Wermuth retomó la causa y preguntó al Gobierno si estaba dispuesto a modificar esta práctica. El Consejo Federal respondió que las consideraciones técnicas no habían cambiado desde el último análisis de la cuestión. Sin embargo, “el contexto político, económico y social ha evolucionado y el Consejo Federal se propone reexaminar el asunto de la publicación de los intercambios de oro”, puntualizó.

Gilles Labarthe no duda de que estas estadísticas puedan ser útiles, pero estima que, en primer lugar, hay que resolver el problema en el marco de las instituciones internacionales. “La rastreabilidad debe abarcar toda la cadena, desde el lugar de producción hasta el destinatario final. En el caso de la República Democrática del Congo, el oro no llegaba directamente a Suiza, sino que pasaba por Dubái. Hoy, Togo exporta toneladas de oro. Oficialmente, sin embargo, no hay minas en el país.”


(Traducción: Belén Couceiro), swissinfo.ch



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