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En países como India aún se recurre a métodos agrícolas ancestrales.

(Keystone)

Un informe científico presentado en Sudáfrica arroja un balance negativo sobre los métodos actuales de la producción agrícola.

El agrónomo suizo Hans Rudolf Herren, copresidente de la investigación, resume los cambios indispensables para alimentar al planeta, justo en momentos en los que los conflictos por el hambre se multiplican.

En momentos en que la explosión de los precios amenaza de hambruna a decenas de países pobres, el informe de 400 científicos del Grupo Internacional de Expertos en Conocimientos Agrícolas, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (IAASTD) concluye con una constatación rotunda: la producción alimenticia actual no es sostenible.

Este documento fue aprobado en Johannesburgo por el Banco Mundial y 60 países, incluida Suiza, aunque algunas multinacionales como Monsanto o Syngenta (con sede en Basilea) se han distanciado de él.

Sorpresa: este reclamo a favor de una agricultura respetuosa del ser humano y del medio ambiente ha tenido un consenso inesperado. Incluso Estados Unidos, Canadá y Australia se dicen satisfechos, aunque con algunas reservas. En su opinión, se puso poco peso al papel del mercado y a las biotecnologías.

"La buena noticia es que tenemos los conocimientos para resolver de forma sostenible el hambre y la pobreza, aún cuando ya seamos 9 mil millones de personas en la Tierra", sostiene Herren.

"Picoteamos nuestro capital-tierra"

¿Y la mala noticia? "Las crisis alimenticias aumentarán mientras continuemos bajo la tendencia actual", predice el agrónomo. Nuestros métodos agotan los suelos y consumen demasiado petróleo. El cambio climático acentúa las sequías y las inundaciones. Las políticas agrícolas, el comercio mundial liberalizado y los agrocarburantes desfavorecen la alimentación de los más pobres. Actualmente, la humanidad picotea su capital-tierra".

La paradoja: desde hace treinta años, el Banco Mundial incita a que los países pobres desarrollen cultivos para la exportación – para rembolsar su deuda – en detrimento de sus antiguas formas agrícolas.

Actualmente se observa que esos modos intensivos de siembra (algodón, café, soja, palma...) degradaron el medio ambiente y arruinaron a los pequeños productores. De nuevo el Banco Mundial preconiza el retorno a la agricultura de subsistencia.

El director del Programa de Naciones Unidas para el medio Ambiente, Achim Steiner, también autor del estudio, estima que el rumbo se perfila hacia un camino sin salida si de aquí a 30 años la agroindustria continúa "la maximización de la producción al más bajo costo. (...) Existe una ignorancia colectiva en la interacción entre la agricultura y los sistemas naturales, y esto debe cambiar".

La responsabilidad de la agroindustria

"Aumentar masivamente los rendimientos no es la solución. Esto demanda demasiada energía fósil y dinero. A nivel global, el problema principal no es la productividad, sino la distribución".

"Y la tecnología genética no ha hecho milagros hasta ahora. Igual que ocurre con la química, esas técnicas tratan los síntomas sólo de modo temporal, pero no resuelven las causas del problema alimenticio. El informe no las excluye, pero ellas formarán apenas una parte de las soluciones. ¡Las semillas "de alto rendimiento" no sirven de nada si los suelos, los mercados, la salud, el saber y las estructuras sociales no mejoran!"

Único bemol: A la agroquímica industrial no le gusta mucho participar en el asunto. Monsanto y Syngenta, BASF y su asociación 'Crop Life Internacional' abandonaron los trabajos de IAASTD. A través de un comunicado, Syngenta denuncia "la ausencia de visión realista" sobre el potencial de innovaciones tecnológicas. "Una lástima por ellos", lamenta el agrónomo suizo. Tenían todo por ganar a través de un diálogo con los medios más diversos. En este proceso no se rechaza a la industria. Forma parte de los esfuerzos que debemos hacer juntos para evitar la crisis".

Reconocimiento del enfoque suizo

¿Qué hacer? El informe propone 21 medidas clave para una agricultura más humana y en armonía con la naturaleza, la regeneración de los suelos, la ayuda a los campesinos, la difusión de métodos que sean a la vez productivos y ecológicos, el emplazamiento y la distribución de provisiones alimenticias cuando aparezca la hambruna, la lucha contra la especulación de los cereales, una producción menos ávida en el gasto de energía, etc.

"La liberación del mercado puede ser positiva, combinada con sistemas que protejan a los campesinos", afirma Herren. De hecho, el informe mantiene el principio suizo de multifuncionalidad agrícola: "Se trata de reconocer y remunerar sus servicios ecológicos: paisajes, agua, aire, polinización, control de parásitos a través de la biodiversidad, tradición cultural."

swissinfo, Daniel Wermus/Infosud
(Traducido por Patricia Islas Züttel)

Pionero de la agricultura ecológica

El agrónomo valesano Hans Rudolf Herren, 60 años, copreside la institución IAASTD junto con su colega keniana Judi Wakhungu.

El investigador suizo dedica sus esfuerzos a la lucha biológica contra los parásitos, una tarea que ha desempeñado durante 27 años en África.

Reconocido con el Premio Mundial de la Alimentación en 1995, ha formado a centenares de científicos africanos, en su puesto al frente del Instituto de Investigación de Insectos de Nairobi.

En el marco de su fundación BioVision, Herren ha aplicado desde hace muchos años métodos ecológicos en las labores de los campesinos kenianos.

Entre sus esfuerzos figuran la trampa para el mosquito tse-tse, los mosquiteros para evitar la malaria, el método PushPull para evitar los parásitos en los maizales y proteger los suelos de plantíos diversos, las jardineras ecológicas en Addis Abeba, el diario campesino 'The Organic Farmer', etc.

Desde 2005, Hans Rudolf Herren preside el Instituto Milenio, dedicado a establecer estrategias de desarrollo, con sede en Washington.

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