COVID-19: Ayuda suiza en Centroamérica

Hogar ‘Jardín de Los Abuelitos’, San Salvador, 1º de septiembre de 2020. Arcelia acaricia a su tía María a través del ‘Muro de los Abrazos’. El amor y la solidaridad son aún más valiosos en tiempos del coronavirus. Reuters / Jose Cabezas

Sumergido en dos realidades y actuando como puente entre dos continentes, el economista suizo Beat Schmid coordina proyectos en Centroamérica. “Los que van a pagar el mayor precio de esta crisis sanitaria mundial, serán, al final de todo, los países del Sur y particularmente la gente más pobre”, subraya.

Este contenido fue publicado el 10 septiembre 2020 - 09:58
Sergio Ferrari, swissinfo

Radicado en El Salvador desde hace muchos años, Schmid es el coordinador en esa región de la organización helvética Ayuda Médica para América Central (AMCA), cuya sede se encuentra en el cantón del Tesino. Con una experiencia de más de tres décadas en diversos países de América Latina y el Caribe, su mirada global facilita un análisis agudo de la situación de esa región, convertida en uno de los epicentros de la pandemia a nivel mundial.

A inicios de agosto, y en el marco de su mandato profesional, Beat Schmid pudo llegar a Suiza en un vuelo de repatriación de ciudadanos europeos. Luego de los reglamentarios diez días de cuarentena cumplidas en la sede de AMCA, en Giubiasco, multiplica su agenda de encuentros, reuniones y visitas en distintos cantones. Oportunidad para compartir con swissinfo.ch diversas reflexiones resultantes de sus vivencias in situ.

Solidaridad helvética

Luego de un primer momento de desorientación general, cuando la COVID-19 comenzó a golpear en Centroamérica, y a pesar de que AMCA no es una organización de ayuda de emergencia, “pudimos sostener desde Suiza dos proyectos que fueron muy apreciados”, explica Beat Schmid.

“En Nicaragua, junto con organizaciones locales, y con el apoyo de COSUDE [Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación], del cantón de Ginebra y de la organización hermana Médico Internacional, respondimos a una solicitud de las autoridades sanitarias nacionales de ese país”. AMCA aportó equipo y materiales de protección para el personal médico y enfermeras por un monto de más de 100 000 dólares. “Acompañamos y dimos seguimiento a la distribución de ese material en diversos hospitales. Fuimos testigos directos del impacto positivo de esa iniciativa solidaria”, puntualiza.

En El Salvador, donde es más difícil colaborar con las instancias oficiales -y se multiplican los casos de corrupción en la gestión de recursos estatales-, “apoyamos junto con el movimiento suizo de solidaridad (diversos comités, y el Secretariado para Central América / ZAS), la solicitud de una red nacional alternativa. Se trata de un grupo de activistas sociales, en distintos lugares del país, que con el sostén de un medio centenar de médicos comprometidos promueven medidas de autoprotección comunitaria y acompañan a personas enfermas en sus hogares y en los hospitales”.

En ese caso, el proyecto de algo más de 5 000 francos también consistió en la compra directa y distribución de desinfectante, barbijos, algunos medicamentos de base. “Las contrapartes no quisieron recibir el dinero en efectivo. Nos pidieron que las acompañáramos a comprar esos materiales”, explica el coordinador de AMCA.

Beat Schmid visita proyectos de AMCA en El Salvador. Cortesía de AMCA

“Muchos no pasaron la prueba”

“Percibo que los gobiernos centroamericanos -y muchos de América Latina- no aprobaron el examen político. No lograron, en el marco de esta crisis sanitaria de grandes dimensiones, promover una real unidad nacional, sobrepasar las diferencias políticas con la oposición y encontrar respuestas comunes y únicas”. La polarización político-ideológica es moneda corriente y no se pudo superar en una situación tan compleja y particular como la producida por la pandemia.

Muchos países, además, demostraron una gran fragilidad de sus sistemas de salud pública, producto de políticas neoliberales y del ajuste que se aplican casi masivamente en el continente en los últimos años, y que ha reducido al mínimo los programas de salud, privatizando una parte de la atención médica.

Cuba es una de las excepciones. A pesar de la crisis, multiplicó la solidaridad con sus brigadas médicas en más de 40 países y manejó la pandemia con gran capacidad, explica Beat Schmid, al hacer un rápido recorrido del panorama regional.  

Uruguay, aún en la transición gubernamental producto de las elecciones del 28 de noviembre del 2019, pudo controlar y reducir al mínimo, ejemplarmente, el impacto de la COVID-19. 

Nicaragua aplicó medidas sanitarias preventivas útiles que parecen haber dado resultado. Relativizó el modelo de confinamiento implementado en otros países, sabiendo que más de la mitad de su población -como en la región en general- forma parte de la economía informal y depende de un ingreso diario para sobrevivir. Se diferenció así de Guatemala, El Salvador y Honduras, que aplicaron cuarentenas severas durante semanas y que vieron colapsar sus sistemas sanitarios. En Nicaragua los hospitales dieron respuesta y la población no sufrió tanto la pérdida de ingresos derivadas de estrictos confinamientos.

México y Argentina, aun con un fuerte impacto de la COVID-19, aseguraron una política transparente de comunicación diaria sobre el impacto y las cifras de infectados y decesos, a pesar de la dificultad común, en todo el continente -y en el mundo-, de rastrear con exactitud los casos. “De Brasil prefiero ni hablar por el dolor que produce. Con su política de laisser-faire [dejar hacer, dejar pasar, máxima del liberalismo], definida por el gobierno, y que ha causado casi 130 000 muertes hasta inicios de la segunda semana de septiembre”, puntualiza.

La crisis global según Schmid


Los países ricos no pueden pensar que con muros en el Río Bravo o controles navales en el Mediterráneo van a poder controlar las migraciones futuras. 


Si bien la situación en el Sur era ya muy compleja antes de la pandemia, ahora se va a agravar mucho más.


El reflejo lógico de las poblaciones latinoamericanas, africanas etc. será de buscar alternativas allí donde piensan que existen.


Los impactos económicos que recién se empiezan a visualizar van a ser dramáticos: Millones de nuevos pobres. Hambruna creciente en muchas regiones. De ahí la importancia que el Norte redefina al alza los montos para la cooperación. 


La pandemia, la crisis social y climática mundial, son globales, y no van a valer ni fronteras ni controles migratorios. 


Es un momento de redefiniciones. No podemos quedarnos en una solidaridad nostálgica. Sino adaptarla a la nueva realidad planetaria que ya golpea a la puerta y que nos exige nuevas formas de acción.

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La gran pregunta se refiere al futuro, señala. Es decir: ¿cuál será el impacto de la pandemia en las economías, de por sí debilitadas, de la mayor parte de Latinoamérica? Diversas previsiones, incluso de organismos internacionales y de las Naciones Unidas, “anticipan una caída significativa de la producción en casi un 10% en 2020, un retroceso en las cifras económicas de una década antes, el aumento galopante del desempleo, y -a diferencia de Europa, donde se han movilizado fondos significativos para apoyar a los países más golpeados-, la falta  de colchones sociales. Millones de personas caerán en la pobreza y aun en situación de miseria”, enfatiza el coordinador de AMCA en Centroamérica.

Interpelar a la cooperación

Ante estas alarmantes señales, anticipa Beat Schmid, el principal impacto económico de la pandemia lo van a pagar, especialmente, los sectores pobres en los países en desarrollo, y en particular, las naciones latinoamericanas muy golpeadas sanitariamente.

En ese contexto, agrega, se va a profundizar la brecha entre el Norte y el Sur, entre Suiza (Europa) y América Latina. Viviendo la realidad diaria latinoamericana no se logra comprender cómo no se ha propuesto aquí una redefinición futura de la cooperación al desarrollo, interroga Schmid. “¿Qué hubiese costado incluir, por ejemplo, en todos los paquetes de emergencia votados en los países europeos una cláusula destinando un 07% de esos montos al Sur? Considerando tal medida no solo como un gesto de solidaridad sino también como una forma concreta de cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio definidos por las Naciones Unidas”, concluye.

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